La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

29 Marzo 2006

De forma cada vez más asidua, de Quim Monzó en La Vanguardia

Hoy se cumple una semana desde que ETA anunció que el viernes 24 empezaba una tregua permanente y, en el País Vasco, los ciudadanos corrientes y molientes y los medios de comunicación - no digamos ya los empresarios- están eufóricos por las posibilidades turísticas que la nueva situación ofrece. Empleados de hoteles, restauradores, barberos, croupiers...No hay ninguno que no te hable del asunto. Todos coinciden en la predicción: la cantidad de visitantes que a partir de ahora viajarán al País Vasco aumentará de forma espectacular y la zona más beneficiada será Guipúzcoa. Buena prueba de ello ha sido este primer fin de semana de tregua. En los hoteles y en las pensiones de San Sebastián no quedaba ni una cama libre.

Hasta ahora, parte del turismo potencial prefería buscar otros destinos. "Poco a poco, los que eran recelosos a venir, los que tenían miedo, se acercarán", explicaba estos días Roberto Uriarte, director del Hotel de Londres y de Inglaterra. Si iban a ir con niños, porque iban a ir con niños. Y, si no iban a ir con niños, "porque nunca se sabe".

Pero a pesar del miedo había turistas. Madrileños, catalanes, aragoneses, asturianos, franceses, americanos, italianos... El caso es que los había, y el equilibrio entre visitantes e indígenas se decantaba a favor de éstos. Paseabas por San Sebastián y los forasteros no descompensaban el paisaje humano. El problema será si, ahora, contentos por poder sacar finamente el vientre turístico de penas, las inversiones se multiplican de la forma descomunal que anuncian los diarios y se lanzan a construir hoteles y más hoteles, y a modernizar y a clonar el centro de la ciudad para que sea como todos los centros de ciudades que cuentan en el mundo de los turoperadores. Si se les va la mano, San Sebastián puede acabar tan prostituida como Barcelona o Praga, ciudades que los rebaños con cámaras colgando del cuello han desgraciado ante el beneplácito de autoridades y empresarios, que vienen a ser, si no lo mismo exactamente, sí dos caras de la misma moneda. Si San Sebastián no consigue controlar la marea y la marea acaba engulléndolo, también ahí se habrá roto el equilibrio y será un parque temático más, una de tantas ciudades que fueron preciosas hasta que decidieron vender su alma a las hordas bárbaras.

En San Sebastián hubo siempre visitantes, pero dosificados de forma sabia. Las imágenes de aristócratas tomando el sol con sombrilla en la Concha no son las que estos días aparecen en los periódicos donostiarras, entre titulares triunfalistas: calles de la ciudad atiborradas de humanos que apenas pueden avanzar. Lo preocupante es que ciertos detalles demuestran que eso es precisamente lo que las autoridades buscan. El domingo, El Diario Vasco publicaba una gran foto de la calle Fermín Calbeton, llena hasta los topes. En el pie se leía: "Decenas de personas, muchos turistas, pasean por una calle de la Parte Vieja donostiarra. Es la imagen que todos los responsables de turismo de Guipúzcoa quieren que se repita de forma cada vez más asidua". ¿Ésa - exactamente ésa- es la imagen de San Sebastián que anhelan? De ahí a la lloretización hay un paso, que ciudades mucho mayores ya han dado. Si yo fuese donostiarra pensaría que buena parte de mis conciudadanos corre grave riesgo de perder la cabeza.

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