Hay muchas esperanzas puestas en la tregua de ETA, y por ello también en la unidad de los dos grandes partidos políticos, PSOE y PP, para afrontar juntos y de común acuerdo el gran desafío del final de la violencia terrorista. Y cabe esperar que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, se pongan de acuerdo y comparezcan juntos ante la opinión pública para transmitir a todos los españoles un mensaje positivo y de unidad.
El que, amén de consolidar el liderazgo y la iniciativa que en este proceso corresponde al Gobierno, permitirá ofrecer a los españoles una imagen de plena responsabilidad y de moderación del presidente del PP en línea con su discurso de futuro en la Convención de este partido. A sabiendas tanto Zapatero como Rajoy de que éste será un proceso largo y muy complicado que exigirá sacrificios de todos y que debe estar pilotado por las dos grandes formaciones políticas españolas, aunque el protagonismo corresponde sin duda al Gobierno y a su presidente.
Algo que deja en un segundo plano al lehendakari Ibarrtexe, al que Zapatero le acaba de decir que no es el momento de convocar las dos mesas de negociación como pretendía el jefe del Gobierno vasco para asumir su cuota de protagonismo en todo esto, donde no tiene mucho que decir ni que aportar. Por ello, quizás, la sorprendente eficacia de la policía autónoma vasca a la hora de capturar, ¡precisamente ahora!, a dos etarras, lo que se entiende como un mensaje de Ibarretxe para subrayar que él también tiene algo que decir o que aportar en el proceso. Aunque todo apunta que Ibarretxe es un cadáver de la política desde que fracasó su famoso plan.
Un proceso de paz sobre el que ya planean toda clase de cábalas sobre calendarios de elecciones generales o autonómicas, aunque parece claro que nadie convocará dichos comicios si antes no está legalizada Batasuna, porque dicha legalización es una pieza crucial de los pactos previos hallados entre ETA y el Gobierno, y de los que tendrá que dar cumplida información Zapatero a Rajoy.
Y estaría muy bien que además de esos datos el presidente incorporara a la mesa de las negociaciones con ETA a un representante o persona de confianza del PP, porque ello sería la garantía de la unidad y también la oportunidad para que los dos grandes partidos compartan los riesgos y el éxito de la negociación si llega a buen término.
Lo que va a obligar al PP a rectificar ciertos comportamientos, y de ahí quizás el relevo de Acebes en la portavocía del partido a favor del secretario de Comunicación, Gabriel Elorriaga, lo que supone un duro varapalo al ala derecha y ultraconservadora del PP, donde los Acebes, Zaplana y algunos otros defienden la estrategia de la confrontación con el Gobierno y el PSOE, en lugar de la moderación. No en vano ambos dirigentes son los que, durante los dos pasados años, han tenido al PP presos del fantasma de los atentados del 11M, que tanto ha beneficiado a los socialistas. De ahí que Rajoy haya aprovechado la ocasión para hacer algunos cambios internos en el PP, como los que en su día proponían otros dirigentes del partido como Piqué.
Veremos cómo acaba la reunión de la Moncloa, pero esperemos que bien por el interés de todos. Porque el final de ETA es una oportunidad para toda España. Porque Zapatero —al igual que González y Aznar— tiene derecho a explorar la oportunidad. Y porque si Rajoy no acepta ayudar a Zapatero, el presidente se vería obligado a convocar elecciones generales en los próximos meses para solicitar el masivo apoyo popular. Por todo eso y porque al PP le hace falta y le interesa un giro al centro, Rajoy debe apoyar a Zapatero con decisión y sin ambigüedad.

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