Acercan las elecciones que tienen lugar hoy la hora de la verdad? En un momento en el que parecería que la así llamada ventana de oportunidad se cierra nuevamente y el conflicto palestino-israelí, otra vez exacerbado, se encuentra al borde de una nueva ola de violencia, resultado de la arrasadora victoria de Hamas en las elecciones palestinas, los israelíes se aprestan a votar en unas elecciones que podrían ser cruciales.
La realidad israelí se tomó unas vacaciones que terminarán una vez finalizado el escrutinio de votos. La campaña electoral ha sido una pirotecnia de publicidad y propaganda similar a la de elecciones anteriores, en la que no faltaron las promesas (que probablemente sean olvidadas el día después). Tampoco faltaron garantías "para un futuro próspero". Quien más lejos ha ido ha sido el líder espiritual de un partido religioso que ha prometido el paraíso a quienes voten por ¡sus candidatos!
Los últimos sondeos auguran la victoria de Kadima. El bloque de derecha ganaría 35 de los 120 escaños de la Knesset. Con los partidos religiosos ortodoxos, aliados tradicionales de la derecha, podrían obtener un máximo de 50 diputados. La izquierda también lograría 35 diputados. Los partidos árabes, que apoyan generalmente a la izquierda, obtendrían 10 diputados, si no se produce una esperada abstención entre los árabes israelíes, que podría llegar a cerca del 50%. Dos de los tres partidos árabes podrían no obtener el mínimo de votos necesarios para ser representados en la Knesset.
En los últimos días se ha incrementado el número de indecisos (cerca del 20%, lo que significa alrededor de 25 escaños), como consecuencia, según los analistas israelíes, del bombardeo de mensajes amenazadores emitidos por la derecha advirtiendo ante el peligro representado por el Gobierno de Hamas, apoyado por un país que pretende la destrucción de Israel, como Irán. Según los expertos, debe esperarse una participación de poco más del 66%-67% de los votantes, lo que obraría en favor de los pequeños partidos, dado que se reduce el número de votos necesario para poder estar representados en la Knesset, al poder superar el mínimo necesario del 2% de los votantes. Más de treinta partidos buscan escaños en la Knesset.
El israelí deberá votar por una de tres opciones o escuelas de pensamiento, si se quiere: a la derecha se encuentra el Likud, el mismo Likud de siempre, encabezado por Netanyahu, inflamando tensiones. Netanyahu no sólo se opone a nuevas evacuaciones israelíes en los territories ocupados, sino que preconiza una política dura, sin cuartel, frente al Gobierno palestino.
La izquierda, con el laborismo a la cabeza, propone el regreso a la mesa de negociaciones, lo que considera preferible a nuevas desconexiones. Lamentablemente para la izquierda, el fracaso de los acuerdos de Oslo y la anarquía palestina han creado una atmósfera de gran pesimismo entre los israelíes. En la izquierda tenemos también al partido socialista Meretz, que propone el retorno a la línea verde, la línea de armisticio anterior a la ocupación israelí de los territorios palestinos ocupados en 1967 y la división de Jerusalén en dos capitales.
La tercera vía está representada por el nuevo partido de centro, Kadima, que dio comienzo a un reajuste del panorama político israelí. Creado por Sharon, cuya desaparición en el cenit de su popularidad cambió dramáticamente el escenario político israelí, se encuentra hoy a su cabeza Ehud Olmert, que prefiere la búsqueda de una solución unilateral, en la consideración de que "no hay con quién negociar", sobre todo a partir del momento en que los palestinos encumbraron a Hamas, una organización considerada terrorista por Israel (así como por Estados Unidos y la UE). Este partido, según todos los sondeos, es el que tiene las mayores posibilidades de formar el próximo gobierno. El Likud y el laborismo perdieron en su favor a muchos de sus tradicionales votantes, cuyos vínculos partidarios se evaporaron. Pero muchos israelíes se preguntan si Kadima proseguirá la política de desconexiones y/ o se comprometerá a ejecutar el plan del Cuarteto de Madrid, la hoja de ruta, y si aceptará dialogar con Hamas. Sus posturas en lo económico, social e incluso político son aún imprecisas. De ahí que el principal interrogante en vísperas de las elecciones es qué coalición integrará Kadima. No le faltan opciones, pero si actúa cumpliendo sus compromisos electorales, lo más probable es que incorpore a su gobierno al Partido Laborista, partido cuya plataforma electoral es la más cercana a la de Kadima. Si Kadima quiere la paz, escribe el escritor A. B. Yehoshua, tendrá al laborismo de su parte. Pero eso será posible sólo con un Partido Laborista fuerte a su lado.
"La buena nueva sobre las elecciones -escribe The Washington Post- es que se han constituido en un claro referendo sobre si Israel debe retirarse unilateralmente del 90% de Cisjordania y evacuar a miles de colonos israelíes". Estas elecciones constituyen efectivamente un verdadero plebiscito sobre el trazado de las fronteras definitivas, es decir, la continuación o no de la ocupación de territorios palestinos, con todas sus consecuencias. Olmert impuso la agenda electoral al presentar su plan de futuras desconexiones hasta trazar las fronteras definitivas de Israel antes del 2010.
El balance parlamentario que surja de las urnas deberá dar al futuro gobierno la autoridad necesaria para ejecutar una política que verdaderamente sirva a los intereses de los israelíes, cosa que no ha sucedido en las últimas elecciones, como consecuencia del impacto psicológico del conflicto con los palestinos, sobre todo del terrorismo en las calles de Israel. El dilema que enfrentamos nuevamente los israelíes es si votar con la cabeza o con el corazón. Ha llegado la hora de la verdad, la de la definición de qué clase de paz con los palestinos se quiere. La respuesta la tendremos mañana.
SAMUEL HADAS, analista diplomático. Primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede.

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