No hay propiamente ninguna forma de sociedad que no se base más o menos en los prejuicios, mediante los cuales se admite a unos determinados tipos y comportamientos humanos y se excluye a otros. La política no es una excepción.

Los errores que comete Esquerra Republicana aumentan su proyección por lo sorprendentes e inesperados. Esta misma semana Esquerra va a presentar una ley de objeción fiscal sobre cuestiones de gastos de defensa, una forma un tanto ingenua para demostrar el pacifismo que comparten la militancia y los votantes del partido de Carod-Rovira.

Las cartas enviadas por Xavier Vendrell no engañan a nadie. Pero el secretario de organización de Esquerra es también secretario general del conseller primer. Tiene poder en el partido y en el Govern. Y cabe preguntarse si para mantener saneadas las cuentas del partido se puede prometer un cargo en la Generalitat a cambio de una comisión que no retira el interesado, sino que le viene descontada desde el partido, adonde va el sueldo directamente.

Supongo que saldrán más detalles sobre este supuesto escándalo destapado, según parece, cuando una de las cartas fue cursada a un director general socialista. Estas aportaciones obligatorias al partido no creo que sean ilegales. Es más, pienso que son una forma transparente de financiar un partido siempre y cuando los cargos designados con criterios políticos no lo fueran para obtener una comisión para el partido.

Hay un prejuicio en contra de cualquier gesto políticamente incorrecto que venga de los republicanos. Ellos sabrán. Los 209 cargos de confianza de Esquerra en la Generalitat se me antojan excesivos, como seguramente lo serán los del resto del tripartito y también lo eran los de los muchos gobiernos convergentes de Pujol.

El debate de este fin de semana ha sido contundente pero divertido. Se han dicho cosas bastante gruesas. Joan Puigcercós habló de "sepulcros blanqueados" y desde el mismo tripartito se ha pedido la dimisión de un cargo de confianza del tripartito. Es bastante insólito.

He hojeado los dos volúmenes de Yes, minister. The diaries of a cabinet minister by the right honorable James Hacker (MP), editados en los años ochenta y que resumen la famosa y premiada serie de la BBC, y he tenido la duda de si en la Generalitat no hay todavía una estructura interna que es la que manda de verdad al margen de los gobiernos de turno, o bien si el Gobierno presidido por Pasqual

Maragall escenifica en directo la serie Sí, ministre,tantas veces repuesta por la televisión nacional catalana. No lo sé.

El ruido causado por las cartas cursadas por Vendrell no puede desviar la atención del problema que tienen todos los partidos y que nos afecta a todos los ciudadanos. Se trata de la financiación de los partidos políticos, que no está resuelta en prácticamente ninguna parte de Europa.

Da la impresión de que los de Esquerra van con el lirio en la mano y son nuevos e inexperimentados. Sería interesante conocer de dónde proceden los donativos anónimos que hacen funcionar la maquinaria del Partido Popular, de CiU y también de los socialistas de aquí y de allí. Una cosa está clara. Los partidos gastan más de lo que ingresan. Este desfase suele resolverse con opacidad y no con transparencia, señor Vendrell. No me importa decir una vez más que es urgente la reforma de la financiación de los partidos políticos. No me harán caso pero da igual.