La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

27 Marzo 2006

Presentación del TERCER ENCUENTRO REPUBLICANO, a celebrar en Llueves (Cangas de Onís) el próximo 20 de Mayo, realizada por Francisco Prendes Quirós, Vicepresidente del Ateneo Republicano de Asturias, en la tertulia republicana del Ateneo de Madrid

EL PRIMER RECUERDO DEDICADO AL OSO que mató a Favila, respetables señoras y señores, reunió una mañana de sábado del mayo florido de 2003, precisamente la mañana que una joven ovetense contraía matrimonio, aquí, en Madrid, con el señor Príncipe de las Asturias, en paraje hermosísimo de la media montaña asturiana, en el lugar de Llueves, sobre la capital-villa de Cangas de Onís, donde cuenta la tradición que D. Pelayo, el triunfador de Covadonga, estableciera su primera corte, a numeroso grupo de republicanos asturianos, con presencia de correligionarios gallegos, cántabros y vascones.

Con la ceremonia del OSO, ciudadanas y ciudadanos, entre divertida fábula y provocadora caricatura, quisimos hacer terapia de libertad; con el histórico juego del OSO, pretendimos darnos una vía de escape, o válvula de “seguridad” mental, frente a la presión social y mediática que la boda del señor Príncipe de nuestras Asturias ejercía sobre la ciudadanía toda; pretendimos, en definitiva, poner en solfa la comedia nupcial que vivía el reino de España; obnubilada, buena parte de su ciudadanía, por la solemne escenificación del himeneo reproductor, consustancial a la institución monárquica no electiva que tiene en la cómoda, y gozosa (casi siempre), “sucesión hereditaria” por orden de progenitura, la justificación de su propia existencia...

El español, señoras y señores ateneístas, viene riéndose de todo, y de casi todos desde hace ya muchos años. Desde los “picaros” del siglo del oro, a “La Codorniz” del siglo pasado, o al “Jueves” de hoy, por poner sólo tres ejemplos. Las fiestas, desfiles y chirigotas del tiempo de carnaval son, también, destacada muestra de nuestra potencia de alegre burla. Pues bien, en tan significativo escaparate y desfile en el que abundan los disfraces de curas y obispos, de monjas y guardias civiles, de marcianos y toreros, de astronautas y romanos, llama la atención la casi ausencia de caricatura y chunga de las cada vez más numerosas y “onerosas” personas, que de la “realeza” nativa o sobrevenida por castas nupcias, han hecho modo y medio, de “real” y fastuosa vida.

En la montaña Astur, una mañana allí nublada, aquí, al parecer, lluviosa, cuando la joven connatural de nuestra tierra, estaba “convirtiéndose” públicamente, televisión mediante, gracias a la magia de la bendición nupcial, en legítima esposa, icono mediático y carga presupuestaria, y por la misma bendición roucal, con el acto “debido” y el transcurso del necesario tiempo, en candidata a madre de rey y hasta regente del reino, si los hados quisieran cuadrar en ella el círculo vicioso de las posibles contingencias “coronarias” que a la nación pueden ofrecérsele; decía, que aquel puñado de republicanos reunidos en el alto vergel astur, por donde antaño, más o menos 65 millones de años, desfilaron los gigantescos y feroces dinosaurios; lugar de paso después, de los grandes y pesados OSOS, “Ursus arctos”, astures, que fueron dueños y señores de sus montañas, optamos, frente a la participación pantallizada en ajena boda..., por “enredar” con la historia, y reavivar el recuerdo de la vieja hazaña del OSO cazador de Favila. Y preferimos salir a cazar libertades por los riscos, que dejarnos cazar en el llano por las zalemas, las trampas, las pamplinas, los brillos, y los síes cortesanos.

Fue el nuestro, estimados amigos y amigas, gesto de pacífica protesta; provocador, si quieren, y hasta tiernamente rebelde; y manifestación pública, ¿cómo no?, que a la vista de todos lo proclamamos, de ciudadano, radical y republicano “desacuerdo”, “desafecto” y “despego” hacia la forma de gobierno y causa monárquica, que sella, fija y pretende dar esplendor a la desigualdad y al privilegio; y de la sola razón de nacimiento y progenitura en una familia, hace vía única, -en perjuicio de la soberana voluntad popular, y de la igualdad de los españoles establecida en el art. 14 de la vigente Constitución-, para acceder de forma vitalicia e irresponsable a la primera magistratura del Estado, con toda la cabalgata de secuelas, hijuelas y cortejos que al cetro, al armiño y a la corona, acompañan.

Fue, también, aquél, respetado auditorio, gesto evocador de un hombre de los que antiguamente se decían de una sola pieza, pues cuando en Llueves estábamos “descubriéndonos” respetuosamente en recuerdo de la hazaña del OSO sin nombre que mató al rey Favila, lo estábamos haciendo con el mismo ceremonial y propósito, y en el mismo entorno, en el que ciento cuarenta y cinco años atrás lo habían ejecutado D. NICOLAS ESTÁVANEZ MURPHY, teniente del Regimiento de Reserva de Cangas de Onís y los jóvenes oficiales subalternos, recién salidos de la Academia, que le asistían en la ceremonia.

Sobre los veinte años tendrían entonces DON NICOLAS y sus compañeros, y a esa feliz edad, de ilusión y juego retornamos nosotros, los allí presentes, como si en lugar de vivir en el tiempo gobernando por el iracundo D. José María Aznar y los suyos, mal gobernaran todavía los reinos de España el duque de Valencia, el marques de Pidal y D. Cándido Nocedal…

La ceremonia de “respetuoso saludo” al OSO regicida, justo es repetirlo con detalle, no fue de nuestra invención. Nosotros no hicimos más que recuperar el juego olvidado que D. NICOLAS, -aquel ciudadano íntegro, cabal y honrado, que renunciando a la paga que le correspondía como ex ministro, que lo fue de la Guerra con Pi i Margall, prefirió vivir y morir pobre en París, que pensionado en el Madrid sin honra de los borbones restaurados-, dejó perpetuado en el delicioso testimonio de sus Memorias, en las que puede leerse:

“SUPONIENDO QUE EN CANGAS HABRÍA DE ESTAR EXENTO DE OBLIGACIONES, LLEVABA EL PROPÓSITO DE ESTUDIAR MUCHO.

HABÍA CONTADO, SIN LA HUÉSPEDA, ESTO ES, SIN MIS NUEVOS COMPAÑEROS, QUE ERAN UNA LEGIÓN DE ATOLONDRADOS. ENCARGUÉ BASTANTES LIBROS A OVIEDO, PERO CREO QUE TODOS SE QUEDARON VÍRGENES.

LOS CAPITANES ERAN YA MADUROS, Y SE CONTENTABAN CON QUE LOS DEJÁRAMOS HABLAR DE ARBALÁN Y DE MENDIGORRÍA, DE LUCHANA Y DE MORELLA, O MURMURAR UN TANTICO DE O’DONNELL Y DE NARVÁEZ; PERO LOS SUBALTERNOS ERAN JÓVENES Y NUESTRA EXISTENCIA FUE DEMASIADO MOVIDA. YA ERAN EXPEDICIONES A RIBADESELLA O AL INFIESTO, YA CABALGATAS A ONÍS O A COVADONGA, YA PARTIDAS DE CAZA...Y AUN DE PESCA. UNICAMENTE EL CAPITÁN ALCALÁ SE PASABA LA VIDA HERBORIZANDO, NO PORQUE LA BOTÁNICA LA IMPORTARA MUCHO, SINO PORQUE LE GUSTABA COMER BERROS.

NUESTRO JEFE ERA D. JUAN VAZQUEZ DE MELLA, UN VETERANO MUY AMABLE, MUY DIGNO Y POR AÑADIDURA LIBERAL, BASTANTE MÁS LIBERAL QUE SU HIJO EL ORADOR CARLISTA, QUIEN POR ENTONCES NO HABÍA NACIDO NI PENSABA EN ESO; COMO QUE ASISTÍ MESES DESPUÉS A LA BODA DE SUS PADRES ¡SI SERÉ VIEJO!.

LOS SUBALTERNOS, -continúa D. Nicolás-, PUBLICÁBAMOS UN PERIODIQUITO, MANUSCRITO, POR SUPUESTO, DEL QUE CIRCULABAN COPIAS, NO DIRÉ POR TODO EL MUNDO, PERO SÍ POR CANGAS Y LUGARES ADYACENTES. SE TITULABA “EL ORANGUTÁN” Y ERA INOCENTEMENTE SUBVERSIVO. SE SUSPENDIÓ POR CONSEJO DEL COMANDANTE MELLA, PUES ÉSTE, AUNQUE PROGRESISTA NO ENCONTRÓ BIEN QUE HICIÉRAMOS EN VERSO Y PROSA LA APOLOGÍA DEL OSO QUE DEVORÓ A FAVILA, REY DE CANGAS. SUSPENDIDO EL PERIÓDICO, SOLÍAMOS IR EN PEREGRINACIÓN A VILLANUEVA, EL SITIO MISMO EN QUE FAVILA MURIÓ, Y ALLÍ NOS DESCUBRÍAMOS RESPETUOSAMENTE EN HONOR DEL OSO REGICIDA”.

De aquellos decimonónicos honores al OSO desconocido, provienen los nuestros; de aquella peregrinación, procede nuestra “Osada” romería, a la que hoy, y para la mañana del sábado 20 del próximo mayo, tengo el gran placer, en nombre del ATENEO REPUBLICANO DE ASTURIAS, de invitar a todos ustedes. Pero quede bien claro, que nuestro destino no es la Villanueva a la que se refiere D. Nicolás en sus Memorias, y que señala como “el sitio mismo en que Favila murió”; lugar que él hizo punto de reunión de los subalternos del regimiento de Cangas, sino que nuestro destino está en el algo más remoto lugar de Llueves, cercano sí, a la parroquia de Villanueva, en la que, conviene decir, que existe un viejo monasterio benedictino, hoy parador de Turismo, que comenzó a alzarse en los tiempos del rey Alfonso el Católico, cuñado de Favila, en recuerdo, dicen, del rey muerto, y que en dos de los capitales del pórtico de su iglesia, la tradición señala que están esculpidas las escenas de la despida de Favila de su esposa Froiluba, y su posterior lucha con el OSO, -como también se recuerda la “mala hazaña” de la fallida caza, con otros motivos de la historia astur, en los capiteles del claustro de la catedral de Oviedo-, porque es en Llueves y no en Villanueva, donde, según la tradición más constante, se dio el episodio de la rebelión y triunfo del OSO sobre su rey y señor.

“PRECURSOR DE LENINE Y TROSTKY: MESA, PAN, Y SALUD COMPAÑERO”, saludó en agosto de 1.930 Alfonso Camín, el gran vate republicano gijonés, al OSO pardo que mató al rey Favila.

Nadie, pues, tema de peregrinar con el Ateneo Republicano a “Meca” equivocada, que muchos son los cuidados y sanos empeños que ponemos en seguir en todo el camino recto, y acertar en lo posible; pero, también digo, nadie que pueda, deje, por supuesto, de visitar el que fue gran cenobio benedictino de S. Pedro de Villanueva, cabe el caudaloso Sella, próximo a la pequeña malatería, cuyos restos aún se distinguen, para ver en piedra de capitel la hazaña del Oso, del que Camín, admirado, dijo:

“TU NO FUISTE UN COMPADRE DEL CIRCO QUE BAILASTE AL COMPÁS DEL PANDERO”.

Que nadie tenga la duda de que por separarnos del lugar señalado por Estévanez, en Llueves estuviéramos nosotros recordando al OSO “en lugar indebido”, bailando, en definitiva, al compás del pandero con nuestra fiesta, y no en el lugar mismo, “in situ ipso”, en el que en singular combate el plantígrado rampante “comió” a su rey, D. Favila.

La tradición antigua y consolidada, respetable, paciente y republicano auditorio, avala el que Llueves “fue el lugar”, “fuit locus”. Tengo la satisfacción de invocar en defensa de esta posición, que nosotros compartimos, la opinión, reiterada en dos ocasiones, de nuestro venerado convecino, el señor D. Gaspar Melchor Baltasar María de Jovellanos y Ramírez, el mismo Jovellanos que Vds. conocen de siempre, que en el sentido que vengo diciendo, lo recoge en dos citas de sus célebres diarios.

Cuando un gijonés, para afirmar o combatir alguna proposición, o aclarar definitivamente una cuestión debatida, invoca, a favor o en contra, el respetado nombre de nuestro primer vecino, es como cuando el Papa de Roma invoca el nombre de Dios, a un tiempo uno y trino. No hay autoridad comparable, no hay sabiduría superior; no hay ejemplo mayor, no hay mayor caudal de amor a la patria y al pueblo, que los que Jovellanos, con sus estudios y trabajos, nos legó a los asturianos todos y, en particular, a los gijoneses, por riquísima herencia.

Jovellanos, en su Itinerario Tercero, De Gijón a Covadonga y Regreso. Primera Expedición de Minas, lo anotó así, siendo el 27 de setiembre de 1790 (hace el prócer la vuelta de Covadonga a Gijón, al comienzo del otoño, cuando más hermoso y rico ramaje y colorido luce el viejo bosque astur):

“COMO A MEDIA LEGUA DE CANGAS A LA DERECHA, Y ALLENDE DEL RÍO, MEDIANDO LOS PRADOS DE “ARCHIBIL”, UN MONTEZUELO Y DETRÁS EL LUGAR DE LLUEVES Y EL MONTE DE OLICIO, DONDE LA TRADICIÓN SUPONE MUERTO A FAVILA: SEÑALAN LOS NATURALES EL SITIO EN UNA ESPECIE DE CUEVA, DONDE HAY UNA CRUZ DE MADERA, CONSERVADA Y RENOVADA DE UNOS EN OTROS CON LA TRADICIÓN”.

Cinco años más tarde, 1.795, en el diario sexto, “Excursión a Covadonga”, con el calor del tórrido julio, vuelve a viajar D. Gaspar al lugar de la cueva santa, la Covadonga, y al anotar en su diario su paso, el día 24, por Villamayor y Cangas hacia el histórico enclave, escribe:

“VISTA DEL MONTE DE LLUEVES, DONDE DICEN QUE MURIÓ FAVILA: HAY UNA CRUZ EN EL LUGAR SEÑALADO POR LA TRADICIÓN; LA CRUZ, SE RENUEVA POR LOS VECINOS, QUE PRETENDEN DERIVARSE DESDE SU ORIGEN; ESTÁ AL OTRO LADO DEL RÍO O CASI FRENTE”.

Si con una referencia jovellana, hubiera ya dogma firme y suficiente; dos, pacientes amigos, hacen inatacable la especie de que en Llueves fue el mortal encuentro, cabe una cueva allí existente. Pero si la autoridad moral de nuestro primer ciudadano, guía y mentor de su patria, y con él nuestra palabra, no alcanzara a convencer a los nacidos más acá de la Venta del Jamón, que es como decir la frontera natural que separa a los hijos del prócer gijonés, acunados a la orilla del océano Cantábrico, de los hijos del monje Fromistano, que hoy pueblan el Oviedo, rancio y cuesto; cuna, a mayor abundamiento, de la señora princesa, “consorte”, o “con suerte”, heredera presunta de trono, corona y armiño, más de actualidad por su dichoso cordón hibernado que llegó a estarlo nunca la trágica María Antonieta por sus collares de brillantes y perlas, os daré, si vuestra paciencia me lo autoriza, otro cita de autoridad:

Cuando los señores duques de Montpensier, D. Antonio María de Orleans y Dª. María Luisa Fernanda de Borbón, visitaron nuestra tierra astur con el fin de embarcarse en Gijón rumbo a Londres, allá cuando corría el año de 1.857, hicieron, al menos que yo sepa, tres cosas:

Participar en la procesión del Corpus en Oviedo, en la que la duquesa rompió un tacón de su zapato, y no pudo completar el recorrido; repetir la procesional ceremonia, en la Octava de Gijón, donde republicana lluvia forzó, al poco de salir el cortejo del templo parroquial, su rápido regreso al altar de procedencia, con el natural desarreglo y empapadura de las reales prendas y personas, y, por fin, el viaje a Covadonga, donde el duque dejó mandado perpetuar el recuerdo de dos sucesos históricos:

El uno, muy al pie del lugar de la Cueva, en el campo conocido como RE-PELAO, rey Pelayo,

(Donde los guerreros victoriosos) “CLASES Y RAZAS, NIVELADAS POR EL INFORTUNIO, DOBLARON LA RODILLA Y EN ACTO DE JURAMENTO, -según el sabio anticuario D. José Mª. Quadrado-, TENDIERON LA DIESTRA EN TORNO DEL PAVES QUE A PELAYO SUSTENTABA; Y ESTE UNIVERSAL Y VOLUNTARIO HOMENAJE Á QUE TODOS CONCURRÍAN, ROMANOS, GODOS, INDÍGENAS, INAUGURABA LA CREACIÓN DE UN PODER NACIONAL, SIN EXCLUSIVIMOS NI VIOLENCIA, BROTADO NATURALMENTE DEL SUELO Y NO IMPORTADO YA POR LA CONQUISTA: HASTA ENTONCES LA ESPAÑA NO HABÍA TENIDO SINO DUEÑOS, EN ADELANTE IBA A TENER MONARCAS”.

Ahí tenéis, brevemente expuesta, la leyenda de la instauración de la monarquía astur, que se quiere origen, cuna y asiento de la de España, en el lugar de Covadonga y en la figura fabulosa del rey Pelayo, vencedor del agareno, como primer rey surgido del suelo patrio, y de tal polvo, elevado al trono, “sobre el pavés” de sus guerreros..., actuando los valientes triunfadores a modo de “incensado” cuerpo electoral.

En la pirámide de granito rematada por sencilla cruz de hierro, que el duque mandó erigir en aquel Campo, puede leerse la siguiente inscripción,

“EN ESTE CAMPO DE RE-PELAO

DESPUÉS DE LA VICTORIA DE COVADONGA ANUNCIADA POR LA APARICION DE LA SANTA CRUZ

FUE PROCLAMADO REY D. PELAYO”.

El otro suceso, perpetuado en el real viaje a Covadonga, muy rústico, como corresponde al remoto “lugar” de Llueves, del que venimos hablando, fue la cruz que mandó grabar sobre la peña que da entrada a la supuesta cueva, casa y refugio del fiero OSO, entre cuyos brazos (de la cruz, no del Oso), aún hoy puede leerse lo siguiente, no sin cierta dosis de adivinación, de la que todos cuantos acuden al remoto y pintoresco lugar van siempre sobradamente provistos,

“UN OSO MA

TO AL REI Fª
AN D 739”

Así quedó perpetuado, en “peña” viva, el pronto fin de la dinastía de D. Pelayo, por la muerte violenta de su hijo y sucesor, el rey Favila. La ambición del Orleáns por el trono de España no tuvo límite. Conspiró, participó y financió la Revolución contra su cuñada, la reina Isabel II, y para anunciarle el fin de su dinastía quiso dejar imperecedero recuerdo de la muerte del segundo rey astur, el hijo de Pelayo,

“NO EN GLORIOSA LID CON LOS AGARENOS, -vuelvo a citar al señor Quadrado-, COMO SU DIGNIDAD Y HONRA DEMANDABAN, SINO EN EL FONDO DE LAS SELVAS BAJO LAS GARRAS DE UN OSO, MIENTRAS SE ENTREGABA TEMERARIAMENTE A LOS PELIGROSOS AZARES DE LA MONTERÍA”.

De “OSO salvador de España en un trance difícil de su historia”, calificó al OSO de nuestros respetos, el Sr. Sánchez Albornoz en uno de sus últimos trabajos. Otros dos desconocidos OSOS hubo en las paginas de nuestra historia, uno en 1.873, y el segundo y por ahora último en 1.931, que salvaron la España en sendos trances también difíciles. A la espera estamos de la llegada del cuarto OSO, que nos saque de este trance trágico-patético que hoy, por las culpas y las cobardías de casi todos, vivimos.

La mala fama del rey muerto, viene de lejos; no son pocos los que sostienen que sólo su muerte y la edificación de la capilla de la Santa Cruz, son los títulos por los que se recuerda el corto reinado de Favila. En el poema de Fernán González, se le mal recuerda

“FINO EL REY PELAYO, CRISTO LE AYA PERDON

REIGNO SU FIJO VAVILA, QUE FUE MUY MAL

VARON

QUISO DIOS QUE MANDASE POCO LA SU REGION...”

El propio D. Miguel de Cervantes, en su D. Quijote, de cuyo IV centenario, ferias, fiestas, celebraciones y recuerdos, hemos salido los españoles sin daño aparente, recuerda también la escena fatal en el capítulo XXXIV de la segunda parte de su inmortal obra

“YO ME ACUERDO, dice el buen Sancho, DE HABER OÍDO CANTAR UN ROMANCE ANTIGUO QUE DICE

DE LOS OSOS SEAS COMIDO

COMO FAVILA EL NOMBRADO

-ESE FUE UN REY GODO, -dijo D. Quijote-, QUE YENDO A CAZA DE MONTERÍA LE COMIÓ UN OSO”

En sus más que sabias notas, amplía, D. Diego Clemencín, información sobre osos y reyes.

“NO FUE (Favila) LA ÚNICA PERSONA REAL DE ESPAÑA A QUIEN COSTO LA VIDA LA AFICIÓN A LA CAZA: LO MISMO LE SUCEDIÓ AL INFANTE DE LEON D. SANCHO FERNÁNDEZ, TÍO DEL REY S. FERNANDO, A QUIEN UN OSO QUITÓ LA VIDA EL AÑO 1220 EN SIERRA MORENA”

Desde entonces, y, quizá, más que por deporte cinegético, por ruin venganza sobre el buen y paciente OSO, amigo de la miel, su caza ha venido siendo dedicación casi exclusiva de reyes, nobles, magnates y clérigos acarlistados, asistidos, que la del oso es caza muy difícil y costosa, por gentes curtidas del pueblo, que en aquellas monterías, buenas ganancias y grande fama, alcanzaron.

Todavía se recuerdan por los altos puertos secos de las Asturias, cuando de los fieros osos casi ni queda el recuerdo, no llegan a doscientos los ejemplares exagera nuestra administración autonómica, los nombres de los cazadores que alcanzaron la “fama” mayor, acompañando con su valor, en muchos casos, las hazañas del cazador más ilustre del Principado, que fue D. José Bernaldo de Quirós, marqués de Camposagrado, que en la historia quedó, como “D. Pepito Quirós”, a quien además de por sus cacerías se le recuerda en mi tierra por su famoso Manifiesto del Hambre, datado en junio de 1.854, cuando, por una serie de años seguidos con cosechas desgraciadas, ocurrió hambre terrible, y a tan gran mal, para desesperación del pueblo todo, vino a sumarse la plaga del anticipo forzoso de 160 millones de reales que el gobierno del conde de S. Luis pedía a la nación.

El marqués de Camposagrado, para muchos el rey chico de Asturias, alzó su voz en defensa del elemento popular, y haciendo dramática exposición de la extrema necesidad en que se encontraba el labrador asturiano, comenzó su valiente queja con una orgullosa declaración

“AMANTE DE MI PAÍS Y AMIGO DE LA CLASE LABRADORA A CUYA VISTA HE CRECIDO, NO PUEDO MIRAR CON INDIFERENCIA SU SUERTE Y DEJAR QUE PASEN DESAPERCIBIDOS HECHOS QUE CONSIDERO CONVENIENTE Y AUN NECESARIO PUBLICAR. IIMPOSIBILITADO DE HACERLO EN LOS PERIODICOS DE ESTA CAPITAL (Oviedo) ME VEO EN LA NECESIDAD DE ESTAMPARLOS EN ESTA HOJA.”

24.000 reales de multa, le costó al marqués, impresión no incluida, su enérgica hoja proclama. Diez años después, por la boda de su heredero, también José, y María, “Pepe Quirós”, con la hija mayor de D. Fernando Muñoz, medio hermano de la reina Isabel, María Cristina Muñoz y Borbón, emparentaría D. Pepito con la real casa; pero el honor de la suya, y de su persona, quedó salvo con aquella proclama, que no sólo de cacerías vivió el marqués, honrado y liberal, al que sus compatriotas amaron sinceramente.

Con el marqués, -uno de cuyos trofeos, enorme OSO gris, permaneció durante años y hasta los sucesos revolucionarios del 34 conservado en el Gabinete de Historia Natural de la Universidad de Oviedo-, quedaron en el recuerdo popular, como míticos cazadores de osos,

FRANCISCO HORTAL, fallecido a los ochenta años, que mató 70.

PEDRO ARIAS, fallecido en 1.871, a los setenta y un años, que mató 40.

Otro ARIAS posterior, ELADIO ARIAS, conocido por su ministerio sacerdotal, como el cura de Torce, que llegó a matar 58 por tierras de Teverga.

MANUEL ALVAREZ, de Somiedo (a) “El cazador”, que mató 48 desde 1.789 a 1.826, el primero a los trece años.

Y, por fin, IGNACIO RODRÍGUEZ, de Teverga, que fue el mayor “matador” de osos: 99 abatió a lo lago de su también casi centenaria vida. Y permítanme que no siga alargando la relación, porque nombres de matadores sobran... en nuestra historia

Y en las páginas amarillas de los reyes pasados, los encontraréis a todos ellos con el ordinal de su nombre, y el número de las piezas cazadas; y sin necesidad de viajar al proceloso ayer, repasad el currículo del actual titular de los privilegios “coronarios”, sin que a pesar del número de ursus muertos, le rompan los tímpanos las palabras que de la boca misma del OSO a la hora de matar a Fabila, recogió el viejo Camín, el poeta astur

“NO ES OCIO, NI MATARNOS A NOS TU DESTINO”.

Como ya casi no quedan OSOS en las oseras astures, acosados los pobres por los desmontes de las grandes infraestructuras, y los venenos y trampas que les tienden cazadores furtivos, campesinos perjudicados, y hasta la propia administración que para seguir sus andanzas, y contar su número, les ha mal acostumbrado a alimentarse, -como contenta a los prejubilados de nuestras industrias con buenos euros-, de carroña de potros, burros y conejos, que les va dejando, más el premio de pienso de perros, quedando los pobres, convertidos, de fieros, capaces de espantar a los arrojados trabajadores que construyeron el ferrocarril primero de Pajares, en “mendigos” de sobras, tal como ocurre a algunos humanos, que de fieros republicanos han venido a prestamistas de siglas para gozar de las sobras del convite institucional monárquico. Decía, que por escasez de Osos nacionales, el monarca actual corre mundo acosando y disparando, sin riesgo ni valor, con la comodidad relajada de las actuales monterías, que desde la invención de la pólvora y la perfección de las escopetas, los cazadores “arrojan, -como se decía antaño-, la muerte a gran distancia”, despojando de sus peligros y nobles lances, la tradicional y antaño arriesgadísima, cacería del OSO, animal, por otra parte, de natural solitario y frugal, que si no es molestado no ataca al hombre.

“Cenobita de la naturaleza”, por la austeridad de sus costumbres y alimentación, llamó al OSO astur, otro cazador famoso D. Pedro Pidal, -hijo del notable cacique ultramontano D. Alejandro, que durante decenios fue el dueño del destino de las tierras, los osos y los hombres de Asturias. Tal y como, “cenobitas” de la política, lo fueron también, los viejos republicanos, que vivieron y murieron, austeros, trabajadores y honrados...

Los inocentes y pacíficos OSOS, que podrían representar ayer, y quizá todavía hoy, las sencillas y bondadosas costumbres del pueblo llano, anduvieron durante siglos libremente por “sus” campos astures, marchando airosos sobre las planta entera de los pies, sosteniéndose fácilmente sobre los traseros, y subiendo si dificultad, como nuestro himno manda, a los árboles corpulentos, añosos y torcidos de nuestra tierra para coger la flor, siendo, además, excelentes nadadores.

Tienen especial gusto los osos, corpulentos y macizos, de 1,30 de alto y 300 kilos de peso, cuando por la primavera salen de sus cuevas, en pastar la nueva hierba y el arándano, al que tienen marcada afición, y más adelantada la estación, comen fruta de todas clases, el ayuco, las bellotas, las castañas, las avellanas silvestres, la pera menuda del espino. Son también muy aficionados a la miel, que chupan de los panales, “sin evitarlo, el castigo y dolor que sufren en el interior de las orejas, en los párpados y el hocico, por el agudo aguijón de las trabajadoras abejas”, que intentan impedirles su banquete preferido. Cuando topan hormigueros, esparcen la tierra que los cubre y comen con avidez los huevos.

La carne del oso, que ningún hambriento se apreste a la montería por saciarse, es blanda, oscura, del color del hígado, algo dulce y de poca aceptación, aunque no deja de haber quien escribió “CARNE PARA ALGUNOS EXQUISITA, SOBRE TODO LOS PERNILES QUE PONEN EN SALAZON Y CUANDO CURADOS SON CECINA MUY SABROSA”.

Lo que ciertamente es muy estimada es la piel, que, bien curtida y hábilmente sacadas la cabeza y las uñas de las extremidades, forma una excelente alfombra y adorno de las casas, o se aprovecha para prendas de abrigo... de ahí procede el dicho, y aún el hecho, de repartirse la piel del OSO antes de cazarlo, como desde años han venido haciendo sedicentes de todo pelaje...

El OSO rampante y dominador de reyes, que el notable pintor gijonés Díaz de Orosia nos ha regalado para símbolo de nuestra fiesta, es el resumen de todas las cosas importantes de que venimos fabulando.

El OSO, de Orosia, vence al rey, y hace huir a sus lanceros… imaginad la escena: el pueblo, representado por el OSO vencedor, queda dueño y señor de Llueves, colocando así sobre la “peña”, base y fundamento de su territorio, no una cruz, símbolo de muerte, sino el pendón tricolor, signo de victoria y esperanza.

En el monte de Olicio, en el lugar de Llueves, cabe la cueva misma del OSO, a poca imaginación que tengamos, y a poco que removamos el terreno podremos encontrar, como el Oso encuentra los huevos del hormiguero, la raíz profunda de nuestros sentimientos republicanos; allí, a poco que nos esforcemos, podremos sembrar, para que pronto maduren, en tan fértil tierra, las semillas de nuestras mejores convicciones; allí, a poco, que unamos nuestras voces, podremos lograr que el eco de las montañas lleve de uno a otro confín de las Españas, los principios básicos de nuestro ideario, que piden, no solamente la superación de toda desigualdad y privilegio, sino el asentar en el corazón de todos los ciudadanos, y primero en el de los propios republicanos, el respeto y el sincero amor a los principios democráticos, afirmando la soberanía civil y laica del Estado; inculcado la exigencia de sentido ético y social en todos los órdenes de la convivencia y, por fin, demandando a todos la mayor pureza en la conducta pública, que no son otra cosa, tales principios que buscar la igualdad, la libertad, la participación y la decencia en la vida pública...

Razonar la supremacía del sistema republicano sobre el monárquico; defender la necesidad de que la República suponga, no sólo el relevo y la responsabilidad de las personas en la primera magistratura, sino que, además, traiga nuevas leyes de partido y electorales, reivindicando para el pueblo, y no para las oligarquías de los partidos, el autentico poder soberano, son acuciantes cuestiones, que si no podemos imponer en estos momentos, si tenemos que proclamar para que el pueblo comience a esperar de la República la redención de las actuales limitaciones, ofuscaciones y calamidades, que amenazan la convivencia, el respeto, la paz y la libertad ciudadana, tanto de acción como de información.

Para despedirnos hoy, hasta que el 20 de mayo volvamos a encontrarnos, recordemos con D. NICOLAS ESTÉVANEZ, que, desde el año 739 de nuestra era, la República vencedora del rey D. Favila, vive en Llueves, en la Peña señalada con el recuerdo del OSO... y, sobre todo, afirmemos que la República permanece viva, no solamente en el corazón de todos y cada uno de nosotros, sino también en el de otros muchos miles de conciudadanos que aspiran a la tolerancia y a la civilidad; a la igualdad, al progreso y a la decencia.

Todas estas nobles aspiraciones, estad seguros de que fructificarán cuando seamos capaces de ordenarlas, sembrarlas y recogerlas, congregando en su derredor el amplio movimiento republicano que espera, sin “Prisa” ni otra prensa, pero sin pausa, su hora. La juventud, aunque no acuda a estas convocatorias y aunque aún no sea claramente consciente de ello, es la primera en esperar su redención de la República. Para ella debemos mantener vivo y concreto, el entusiasmo difuso de Alfonso Camín, y repetir con él, en su oración al OSO

“YO BENDIGO TU ZARPA REBELDE, TU VIGOR, TU INDIGNADA PUPILA.

ME PARECE MUY BIEN ESA ZARPA QUE DIO MUERTE AL SEÑOR DON FAVILA

NI QUISISTE SER SIERVO DE REYES, NI TAMPOCO SER BLANCO DE CAZA.

OSO PARDO DEL PARDO PAJARES, SOLO TU DEFENDISTE LA RAZA…

Yo diré, - y termino con los dos últimos versos de Camín-

YO DIRE CUANDO ALGÚN CIUDADANO SABER QUIERA MI NOMBRE Y MI PILA:

SOY HERMANO MELLIZO DEL OSO QUE EN EL MONTE MATÓ AL REY FAVILA!.

Muchas gracias. Y para todos, presentes y ausentes: SALUD Y REPUBLICA.

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