El Gobierno de la Generalitat se ha gastado 867.434 euros en decorar y arreglar los despachos de altos cargos en los dos primeros años de tripartito, según la respuesta dada al diputado del PP, Daniel Sirera, que se interesó sobre el dispendio oficial en estos menesteres. El Ejecutivo de Pasqual Maragall ha dado una nueva muestra de transparencia, tras la anterior respuesta al gasto en informes (59 millones), que nos permitió conocer, por ejemplo, el interés de nuestras autoridades por el grado de hibridación entre la codorniz común y la japonesa. A la vista de las cifras, uno piensa que o los anteriores gobiernos de CiU se llevaron los muebles y se limpiaron los zapatos con las cortinas antes de marcharse o los nuevos gobernantes de PSC, ERC e ICV hicieron una campaña de exorcización de los despachos que les condujo a no aprovechar ni los enchufes.

El mayor gasto en reformas se lo apunta Pasqual Maragall, con casi 120.000 euros, así que el president entrante no sólo cambió las fotos de los hijos. Contrasta con los apenas 10.000 empleados por el conseller primer, Josep Bargalló. Será que su antecesor, Artur Mas, era más cuidadoso con el mobiliario y los visillos que Jordi Pujol. Merece el mayor de los elogios el director de Serveis de Interior, que se ha gastado 62,99 euros, que debe ser el coste de la cerradura del despacho.

"Mi despacho es mi memoria", declaró Marcel Blenstein-Blancher, uno de los pioneros de la publicidad en Francia. "Todos los elementos de un depacho hablan y el más elocuente es sin duda el escritorio", proclamó Jean-François Grunfeld, comisario de la exposición El imperio de los despachos, que se celebró en París. "Diseñar un despacho significa crear un espacio para que los muebles y las máquinas puedan relacionarse", sentenció el diseñador Mario Bellini. Si uno recurre a los entendidos, comprende que nuestros gobernantes gasten tanto en rodearse de un entorno favorable. Debe de ser torturante trabajar con unas cortinas floreadas compradas durante el viaje a Quebec de su antecesor o sentarse en un sillón bajo para que a Pujol le tocaran los pies en el suelo.

Hacen bien los miembros del tripartito en negarse a remodelaciones por más que lo haya intentado el president en un par de ocasiones: el mejor ahorro es seguir con los que están, así no tendrán que gastar más en despachos ni en informes. Basta pedir hora a algunos de nuestros consellers para darse cuenta de que han dejado sus estancias oficiales estupendas. A veces uno piensa que si tuvieran tan bien amuebladas sus mentes como sus despachos, esto parecería Renania-Wesfalia.