El nombramiento de Miguel Ángel Fernández Ordóñez, Mafo, (así le apodan, por sus iniciales) como consejero del Banco de España en sustitución de Julio Segura --quien tenía todos los números para ser el sucesor de Jaime Caruana como gobernador-- ha pillado con el paso cambiado al PP, pero también a una parte importante del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, incluida la dirección económica de la Moncloa, que dirige el asesor Miguel Sebastián, y a su entorno.
El PP se ha apresurado a recuperar el ataque frontal al equipo económico de Zapatero. El miércoles, día 15, desde el presidente a la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, al vicepresidente Pedro Solbes y al ministro de Industria, José Montilla, tuvieron que hacer frente a una batería de preguntas parlamentarias sobre los candidatos para el Banco de España, las OPA y Bruselas, las alteraciones de los decretos-ley sobre la Comisión Nacional de la Energía, los criterios de Solbes y del resto del Ejecutivo.

Los populares saben a dónde disparan, sobre todo en el caso del vicepresidente económico y ministro de Economía. De la honestidad de Solbes no duda ni la oposición catastrofista del PP. Y sobre esa honestidad del ministro disparan. Parte de las preguntas más reiteradas a Solbes buscan la supuesta contradicción entre su alma de comisario europeo y la de ministro español de un Gobierno de Zapatero. Aunque el vicepresidente afirma que todo lo que se ha aprobado en materia de política energética ha sido con él sentado en el Consejo de Ministros y eso basta, también ha dejado entrever su falta de entusiasmo con algunos proyectos.
El PP está dispuesto a ahondar en la brecha económica del Gobierno de Zapatero, y no tanto en las supuestas contradicciones teóricas como en el juego del poder. Las dudas sobre si la reorganización del sector energético o los nombramientos para los organismos reguladores están en manos de Solbes y Montilla o de Sebastián, el asesor del presidente, vienen avaladas por datos a veces asombrosos.

Es un hecho que el real decreto para los nuevos poderes de la CNE, del pasado 3 de marzo, presentado por Montilla en el Consejo de Ministros, estaba sin acabar ese mismo viernes. Y así se puso de manifiesto ante la prensa, cuando los periodistas fueron convocados para una reunión en Industria, a las cuatro de la tarde, con un representante de ese ministerio, otro del gabinete de Sebastián y otro de Economía.

LA CITADA reunión fue pospuesta para las siete de la tarde. Eran las ocho cuando llegaban de la Moncloa el secretario general de Industria, Antonio Fernández-Segura, y Pedro Marín, un hombre de Sebastián para temas energéticos. "La verdad es que hemos tenido que terminar ahora el decreto" explicó uno de ellos, con una honradez rayana en la ingenuidad, ante una veintena de periodistas sorprendidos, que asumieron sin tiempo para muchas preguntas que el decreto-ley se presentara el lunes en vez de ese viernes por la premura con que se había redactado. No pasó inadvertido el dato de que el anunciado representante de Economía, del departamento de Solbes, no asistió al acto.

Asombrosas son también las filtraciones del entorno de la Moncloa y demás aledaños de Sebastián sobre la irritación que produjo la decisión de Solbes de nombrar consejero en el Banco de España a Fernández Ordóñez sin consultar más que en el último momento, y cuando el dato estaba ya en la prensa y hasta el portavoz del PP, Miguel Arias Cañete, había sido informado. Dicen que Sebastián quería colocar en el Banco de España a alguno de los suyos, como Soledad Núñez, la directora general del Tesoro, que cada dos por tres se ve envuelta en estos embrollos, por ser del clan Sebastián.

Es otro hecho que el PP sabe y conoce de las procesiones de empresarios que desfilan por el despacho del asesor económico en la Moncloa, desde Florentino Pérez --el exdirectivo del Madrid y el economista de Zapatero están encantados de haberse conocido-- a Ignacio Sánchez-Galán, presidente de Iberdrola, u otros empresarios de fuste, sean catalanes, gallegos o andaluces. Allí se fraguaron los detalles de la OPA de Gas Natural sobre Endesa, luego consultados a Montilla y a Solbes, o la entrada de ACS en Unión Fenosa. En el 2004, allí se pergeñó el frustrado asalto de Sacyr-Vallehermoso al BBVA.

CON ESTOS antecedentes, preocupaba que ese entorno tan influyente como ocioso de Sebastián se emplease en frenar la última decisión de Solbes, llevar a Mafo al consejo del Banco de España, para luego ser gobernador.

Todas estas miserias de pasillos y poder, que Solbes y Montilla bandean cada día con cierto humor, corren por los departamentos del Gobierno y del Congreso, donde en los últimos meses se ha instaurado un susurro que puede convertirse en grito, y que recuerda a los tiempos de un vicepresidente Alfonso Guerra ocioso: "¡Por Dios, una cartera ministerial para Sebastián, para que tenga algo que hacer!"

En este contexto, fue un dato clave para muchos descubrir que el miércoles 22, cuando ETA anunció la tregua, quien estaba con Zapatero en el despacho era el mismo Mafo. El nuevo consejero del Banco de España, que mantiene buenas relaciones con el presidente, estaba allí para darle las gracias, no para que Zapatero cuestionara su nombramiento. El detalle desactiva cualquier desacuerdo en las filas económicas del Gobierno sobre el futuro gobernador del Banco de España. Una baza menos para el PP, que tras el alto el fuego permanente de ETA buscará nuevas brechas para atacar. De momento, tendrá que conformarse con la OPA, las collejas de Bruselas al Gobierno y el sector energético. No está nada mal.