El próximo miércoles, día 29 de marzo, se producirá uno de los fenómenos más espectaculares con los que la naturaleza puede premiar a los habitantes de la Tierra, se trata de un eclipse total de Sol. Estamos acostumbrados a que, en ausencia de nubes, podamos ver nuestra estrella, el Sol, salir y ponerse regularmente. Pero algunas veces la normalidad se ve alterada, ya que en su recorrido el astro rey del sistema solar empieza a ocultarse, y puede llegar a desaparecer totalmente de nuestra vista. Incluso puede oscurecerse el cielo y percibirse las estrellas como si fuera de noche. Este es el fenómeno que conocemos con el nombre de eclipse de Sol.
Un eclipse no es sino la consecuencia de que los cuerpos tengan sombra, como ya anunciaba Pitágoras hacia el año 500 aC. Así, a causa de la presencia del Sol, que ilumina todo lo que le rodea, la Tierra y también la Luna tienen sombra en el espacio. De esta forma, cuando uno de estos astros cruza la sombra del otro se produce un eclipse. Si la Luna entra en la sombra de la Tierra, es nuestro satélite el que se oculta y tenemos un eclipse de Luna. Pero si ésta se interpone en el camino entre el Sol y la Tierra, es la Tierra la que entra en la sombra de la Luna y, entonces, dejamos de ver el Sol y se produce un eclipse del astro rey.
Los eclipses de Sol no representan tan solo un fenómeno espectacular y muy llamativo. En el transcurso de la historia han tenido un gran interés científico, ya que han permitido descubrimientos relevantes para los investigadores. Los primeros documentos que hablan de eclipses de Sol datan del 2136 aC en China, y hacen referencia a la ejecución de Hsi y Ho --astrónomos de la corte-- por no haber predicho un eclipse de Sol.
CASI TODAS las civilizaciones han centrado su mirada en los fenómenos celestes. Así lo hicieron los egipcios, los babilónicos o los mayas. Observaciones como las del eclipse del año 136 aC en Babilonia han servido para conocer que la Tierra gira cada vez más lentamente. Si la Tierra siempre hubiese girado a la misma velocidad no se habría visto ese eclipse desde Babilonia, sino desde el Mediterráneo occidental. Así, pues, estas constataciones de los astrónomos babilónicos han contribuido a las valoraciones actuales sobre el hecho de que la rotación de la Tierra ha ido haciéndose más lenta por los efectos de las mareas producidos por la Luna.
Otra cuestión que hay que tener en cuenta es que la totalidad del eclipse sólo es visible desde una pequeña franja de la Tierra. Por este motivo, los astrónomos han organizado expediciones científicas desde hace más de 300 años, para situarse en esas zonas y poder observarlo. Por ejemplo, el año 1860 múltiples expediciones se instalaron en España para analizar las características de lo que se creía que era una especie de halo que se observa alrededor del Sol durante la totalidad de los eclipses. Las imágenes obtenidas, las primeras de una totalidad en la historia, permitieron confirmar que se trataba de las capas más externas del Sol: la cromosfera y la corona. En esta línea, uno de los más destacados astrónomos catalanes, Josep Comas i Solà, estuvo al frente de dos expediciones para observar los eclipses de 1900 en Elx, y de 1905 en Vinaròs. Precisamente en este último, Comas i Solà fue el primero en registrar en cine el espectro de luz de la cromosfera solar.
No podemos olvidar que Albert Einstein también debe buena parte de su popularidad a los eclipses de Sol. Einstein, con su teoría de la relatividad general, describía el fenómeno de la deflexión de la luz, por el que la luz desvía ligeramente su trayectoria atraída por la presencia de objetos masivos. La teoría de la relatividad, como es sabido, era motivo de controversia y la comunidad científica tenía opiniones opuestas sobre ésta, hasta que en el año 1919, durante un eclipse total de Sol, sir Arthur Eddington, en una expedición a Príncipe (golfo de Guinea), fotografió las estrellas que eran visibles durante el momento del oscurecimiento. La medida de la posición de estas estrellas en las fotografías hipotéticamente demostraba que se producía la deflexión de la luz predicha por la teoría de la relatividad. Eddington enunció que los resultados eran plenamente compatibles con la teoría de Einstein. Esto catapultó a Einstein como figura mediática y The New York Times se hizo eco de ello anunciando la noticia en portada. Todo ello contribuyó, al fin, a dar el impulso definitivo a la aceptación de la teoría de la relatividad.
HOY EN DÍA, los científicos siguen haciendo expediciones para poder observar los eclipses totales de Sol. El de este próximo miércoles conduce a grupos de científicos y aficionados a lugares como Egipto, Libia, Turquía o el Níger. Con estas expediciones podemos reproducir algunas de estas medidas históricas, pero también, de modo muy importante, llevar a cabo actividades divulgativas que fomenten el interés de la ciencia en nuestra ciudadanía, algo que también es de gran importancia.
SALVADOR Ribas. Profesor del Departamento de Astronomía y Meteorología de la Universitat de Barcelona.

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