Y de repente el problema vasco vuelve a ocupar casi todo el escenario de la política española. Zapatero ya avisó. No se marcó un farol, pero le hicieron poco caso, sobre todo entre partidarios de la alta tensión. Ahora, tras el sorpresivo comunicado, nuevo acierto del Ejecutivo: freno a cualquier euforia o triunfalismo. Ningún reproche a la oposición. Al revés, gratitud a los esfuerzos realizados por sus antecesores y llamada a la unidad. Las experiencias han enseñado no hacerse ilusiones, sino compartir prevenciones. El camino de la negociación será muy largo. En terreno posiblemente sembrado de minas, que reclama máximas colaboraciones.

Visto desde Catalunya, un primer efecto: eclipse momentáneo del debate estatutario. Brusco descenso de pasiones algo infladas de recientes fechas. Es otra prueba fehaciente del contraste que evidencian las problemáticas de uno y otro país norteño. Lo que va del este al oeste del Pirineo. En este sentido, es significativa la primera reacción de Artur Mas ante la declaración etarra. Oportuno, el presidente de CiU, campeón junto a Duran Lleida del moderno posibilismo, pidió en Madrid que no se confundan los expedientes.

Gracias a la no violencia decidida desde la restauración de la Generalitat, la autonomía catalana lleva un cuarto de siglo de adelanto sobre la vasca. En este momento, ante la faz de Europa, quedan reflejados la madurez democrática de los pueblos españoles y sus unánimes deseos de pacificación. Viene a cuento reivindicar el peso de la influencia catalana desde la clandestinidad política. En la transición, y en el proceso de reconciliación y de convivencia pacífica en libertad. No sobra insistir en ello. Servicios prestados a la entera comunidad hispánica que otorgan plena legítimidad a los acuerdos de las Cortes y al planteamiento del referéndum. Sin dejar de reconocer los méritos del regio arbitraje del rey Juan Carlos y de la comprensión que recae en Rodríguez Zapatero, Rubalcaba y demás directos colaboradores.

La pena es que no lo hayan entendido así en otros ámbitos. Incomprensión que generó en el interior injustas reacciones, a la postre más perjudiciales para sus autores. Francia puede aprender mucho de las experiencias y reformas de la progresiva política autonómica española. Que es una forma de evolución de los estados europeos y de respuesta a las expectativas de centralidad observadas en la mayoría de las sociedades civiles del continente.

Señalamos al país vecino, pues desde hace más de tres lustros sus gobiernos han sido eficaces cooperadores en la lucha contra el terrorismo. En la retaguardia instalada al otro lado del Pirineo, los servicios de seguridad franceses localizaron los malignos focos etarras, destruyendo criminales complicidades que tanto dolor y luto generaron en suelo español. Algo sabemos los paisanos del temerario Ernest Lluch, quien retó a los adversarios del desarme. Su trágico ejemplo fue de los que allanaron el camino.