Aunque ello no le quita importancia a la tregua permanente anunciada por ETA y que hoy entra en vigor, tenemos que subrayar que dicha tregua, su comunicado y el día y hora de su emisión son el resultado de un pacto hallado entre los negociadores de la banda terrorista y del Gobierno de Zapatero que desde hace más de año y medio, desde el verano del 2004, mantienen asiduos contactos para preparar otra negociación, la oficial, sobre el fin de la violencia etarra. Así lo señalan observadores próximos a este proceso y lo evidenciaba el propio presidente Zapatero, quien, en un acto de impaciencia, adelantó ahora hace poco más de un mes que estaba cerca el principio del fin de la violencia.

En la declaración que hizo el miércoles en el Congreso de los Diputados, cuando el presidente hacía esfuerzos para que no se le notara la euforia, Zapatero recordó su frase del principio del fin de la violencia, presumiendo así de estar informado. O, dicho de otra manera, está implicado de alguna manera en el comunicado de ETA en el que, sugerencias aparte sobre el futuro del País Vasco, no se impone ninguna condición política para la puesta en marcha y desarrollo de la tregua. En realidad, hasta ahora y con notable imprudencia el único que ha pasado la primera factura política de fondo por la tregua ha sido el lehendakari Ibarretxe hablando de las dos mesas negociadoras, que de entrada ha rechazado el Partido Popular.

Un PP que permanece en el desconcierto y sin saber muy bien qué hacer y decir al verse envuelto no sólo en el proceso ya puesto en marcha por la Moncloa, sino ante el enorme despliegue político y mediático —especialmente de los medios gubernamentales— a favor de la negociación con ETA que ayer fue aplaudida en plena cumbre de la Unión Europea. Un apoyo que seguramente fue buscado de antemano por la Moncloa una vez que se decidió que ETA hiciera pública su tregua a las pocas horas de aprobarse en el Congreso de los Diputados el Estatuto catalán y horas antes de iniciarse la reunión de la UE.

De todo esto reclamará información y precisiones Mariano Rajoy durante su próxima visita al presidente del Gobierno en la Moncloa, prevista para el próximo martes. En un encuentro en el que posiblemente Zapatero deberá desvelar sus intenciones y también su estrategia frente a ETA, a sabiendas el PP de que el presidente continuará adelante con su proyecto de paz y de negociación hagan lo que hagan los populares, como ocurrió con el Estatuto de Cataluña, aunque esta vez posiblemente con mayor apoyo político y social. Aunque lo inteligente por parte de Zapatero sería ofrecerle un sitial al PP en todo este proceso negociador para compartir el éxito del mismo si es que llega hasta el final, porque tarde o temprano se entrará en la dinámica de la negociación sobre los presos etarras, y ésa es una cuestión de alto calado político y social en la que el PP es pieza imprescindible (a igual que las víctimas del terrorismo), para que se pueda avanzar.

Lo que no está claro, por el momento, es que ETA pretenda poner un precio político inmediato al mantenimiento de la tregua. Quizás y a corto plazo su pretensión principal estriba en conseguir la legalización de Batasuna para que pueda participar en las elecciones municipales del 2007 y tener presencia y financiación en las instituciones de cara a la otra y futura campaña electoral autonómica vasca del 2009. En este sentido, la situación procesal de Arnaldo Otegi es por ahora un problema añadido, pero tampoco un grave y determinante impedimento que ponga en riesgo el proceso.

Asimismo conviene destacar que, según el diario pro gubernamental El País, Zapatero recibió la primera oferta de ETA en agosto del 2004, cinco meses después de su victoria electoral y cuando todavía el presidente no había abordado su proceso de reforma de los Estatutos de Autonomía, lo que permite imaginar o sospechar que quizás el presidente ha hecho un diseño de ambas cuestiones, estatutos y negociación con ETA, para hacerlas coincidir y facilitar una y otra cuestión. Algo que se desmintió una y otra vez desde el Gobierno pero que, como la negociación secreta que ha existido hasta el anuncio de la tregua, cada día que pasa se confirma como realidad.