La Coctelera

Caffè Reggio

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24 Marzo 2006

«Créate enemigos, y si son nacionalistas y paranoicos, mejor», de Quico Alsedo en El Mundo

Albert Boadella dicta una lección magistral a 200 altos directivos en un curso de técnicas teatrales para ejecutivos.

Albert Boadella representó ayer una singular función en el Teatro Lara de Madrid. Boadella hizo de Boadella, teatrero durante casi medio siglo, y en el patio de butacas le aplaudieron, bien estrangulados en sus férreas corbatas, casi dos centenares de ejecutivos de Coca-Cola, JP Morgan, Vips y Telefónica, entre otras firmas.
Se trataba de enseñar teatro, ahí es nada, a teatreros probablemente natos. Farsa a, quizás, auténticos farsantes. Comedia a verdaderos comediantes en los thrillers de las opas y los dramas del management.Porque ya lo dice el adagio marketinero, la definición de directivo: «Persona que no sabe de nada pero mandan en todo».

Boadella tenía que desvelar truquillos, triquiñuelas, recursos de showman, de tiburón de la comunicación, de genio de la empatía con el público, pero ya antes de empezar contaba que él, en realidad, era un infiltrado: «Yo por la mañana imagino textos e interpretaciones, pero por la noche soy directivo de una empresa [su compañía] de 45 años de antigüedad y 25 nóminas al mes».

La iniciativa, pergeñada al alimón por el dramaturgo Eduardo Galán y por Espyme Business School, se enmarca en todo un curso de teatro para ejecutivos titulado El teatro, puente al éxito directivo, y que contará en próximas jornadas con profesores del reputado cartel de Victor Ullate, Juan Carlos Pérez de la Fuente, Esteve Ferrer y Xavier Elorriaga. Con, de entrada, la sorna insobornable de Boadella como mascarón de proa.

Así que, con aquella naturaleza «de Jeckyl y Hyde» (artista/ejecutivo), el veterano director, autor, actor y ahora también político expuso un sabroso decálogo de mandamientos -«el formato tiene solera, es una tradición milenaria la del decálogo», rió- para el perfecto directivo comediante. Tomen nota de las directrices, en las palabras de Boadella.

1. 'No trabajar jamás'. «Un día estaba con mi amigo el torero Manolo Vázquez y le estaba diciendo: 'Porque las tardes que tú trabajas...'. El se paró en seco: 'Oye, oye, que yo no he trabajado en la vida'. Los actores españoles tenemos la manía de decir que trabajamos. En inglés o francés lo resuelven mejor, dicen 'jugar'. No trabajen, es mejor divertirse».

2. 'Los depresivos, al banquillo'. «Y más ahora, que tres cuartos de la población está deprimida. Encima, les aplican la terapia de que trabajar es bueno para ellos. Sí, ¿y los demás? Los fármacos les provocan distanciamiento de la realidad, y así nos va. Eso sí, siempre hay que tener un buen banquillo de depresivos por si se necesitan. Yo, en mi faceta ONG, también lo tengo».

3. 'Desconfía de la moda'. «Es el motivo por el que los campesinos se mueren de hambre. Un listo dice: 'Hay que cultivar maíz'.Así que él se forra, y los demás, a dos velas. El truco es ir contra la moda, porque así puedes ponerte de moda, y este truco nunca pasa de moda».

4. 'Créate enemigos'. «Esto que está tan en boga del buen rollo es fatal. Si es necesario, hay que inventarse enemigos. Rompe la monotonía del éxito y es de lo más saludable. Yo, cuando he tenido éxito, me he dicho: 'Malo'. Así que he puesto a parir a alguien, por ejemplo los nacionalistas, y todo mejora. Estos son paranoicos, pero funcionan bien. Puestos a buscar enemigos, si son nacionalistas y paranoicos, mejor».

5. 'Saber estarse quieto'. «La paciencia del depredador, del gato que espera a su presa mirándola durante 10 minutos, es fundamental.En cualquier empresa, el automatismo del movimiento es malo.Fijáos si no en la técnica del Caudillo, lo que llegó a durar a base de estarse quieto. Cuando tengo broncas, me reafirmo en que lo mejor es no hacer nada. Si acaso, esperar y ver. Muchas cosas se arreglan solas, sin tocarlas».

6. 'Huir de la química'. «Cuando hay que hablar a un auditorio, lo primero que piensa la gente es: lingotazo que te crió, o esnifada.Pero es suicida. Igual que al volante: uno piensa que va de maravilla, y luego...».

7. 'Entrar con buen pie'. «Nunca vayan directamente al grano, mejor preparen a la audiencia, armonícenla, entrando de lado en la cuestión. Es mejor preparar al público que pillarlo desprevenido».

8. 'Jamás telefonear al que está en el baño'. «Hay mucha gente inarmónica, gente sin sentido del momento. El sentido del tiempo es fundamental. A veces, escojo a mis actores sólo por eso, aunque tengan poca técnica. Bueno, lo primero es que sean perversos, que sepan mentir. Pero, después, que tengan ritmo es lo más importante».

9. 'Esconder la tramoya'. «Que no se note la mentira, la representación.Uno no debe parecer un actor. Por eso, hay que evitar el exceso de preparación. Cuando está todo atado y bien atado, ya hemos visto que no sale nada, todo se tuerce».

10. 'Parar, templar y mandar'. «Esto es como los toros. No hay que hablar como si preguntáramos a nuestro público. Si el torero está inseguro, el toro estará inseguro, y malo. Hay que hablar con seguridad, incluso si se dice la mayor de las sandeces.Que sea una sandez segura».

El «ego» de Borrell

Josep Borrell protagonizó, probablemente a su pesar, otro de los momentos más ácidos de la clase magistral impartida por Boadella ayer en Madrid. El cómico desveló que dio clases de comunicación al malogrado candidato socialista, y que éste le admitió que años atrás, en el célebre Debate sobre el Estado de la Nación en que Borrell defendió las posiciones del PSOE, «su ego» le jugó una mala pasada. Así lo contaba Boadella: «Por lo que me contó, Borrell fue un caso claro de pánico escénico. Sus primeros cinco minutos, como recordarán, fueron espléndidos. Todos pensamos que en el PP se estarían haciendo el haraquiri. Pero fueron listos.En vez de bronca, le soltaron bromas, pequeñas risas, y él tiene tal ego que me contaba que le tocaron la línea de flotación.Que en dos minutos estaba en blanco, ni sabía dónde estaba. Conmigo, después, aprendió mucho, pero tal vez tarde». Ya fuera del estrado, era obligado preguntar a Boadella por su opinión respecto del alto el fuego permanente de ETA. «Me parece estupendo, me alegra que estos muchachos entren al redil democrático», decía, «pero no para que nos lo cambien, que nosotros lo hemos hecho bastante bien en 25 años».

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