La banda terrorista ETA ha hecho público un anuncio de “alto el fuego permanente” o tregua indefinida, en espera de que se ponga en marcha un proceso llamado de paz o de negociación que busque una solución para los cientos de presos de ETA que están en la cárcel, así como para sus comandos en activo. Asimismo, ETA espera que a lo largo de la citada negociación se legalice de nuevo a Batasuna para que pueda participar en los procesos electorales venideros, y en la reforma del actual Estatuto vasco hacia un nuevo modelo político para Euskadi de corte soberanista, camino de la independencia y que deberá someterse a un referéndum de autodeterminación una vez que el Gobierno español acepte, como pretende ETA, el “derecho a decidir” del pueblo vasco.

La tregua de ETA se ha hecho pública en el momento en el que el Congreso de los Diputados, a través de su comisión constitucional, reconocía a Cataluña como nación. Asimismo, el anuncio de esta tregua indefinida, que comenzará a ser efectiva el próximo día 24, ha coincidido con las últimas decisiones del juez de la Audiencia Nacional Grande-Marlaska de meter en prisión a varios dirigentes de Batasuna y del entorno de ETA, y ya veremos qué hace con Otegi, que es el jefe de todos ellos y sobre el que el presidente del PSOE vasco, Eguiguren, pedía clemencia por considerarlo una pieza clave de la negociación con ETA. La banda terrorista hace un llamamiento en su comunicado a los Gobiernos de Francia y España para que cesen en su represión policial y judicial contra los terroristas.

Estatuto catalán y presión judicial están en las causas inmediatas de la decisión de ETA. Pero entre las causas originales de este camino hacia el fin de la violencia existen otras razones mucho más poderosas, como son, entre otras cosas, los atentados terroristas del 11S en Estados Unidos y del 11M en España perpetrados por Al Qaeda y su entorno fundamentalista, que provocaron una conmoción política y social internacional que hacía imposible desvincular a ETA de todo este torbellino infernal porque les impedía, en medio de la indignación de los demócratas de todo el mundo, justificar sus crímenes en aras de una reivindicación nacionalista o nacional. El día que cayeron las Torres Gemelas de Nueva York empezó el verdadero principio del fin de ETA. Y el día en el que estallaron los trenes de Atocha se aceleró ese final. Asimismo, ha colaborado en ello la presión política, judicial y policial que en los últimos años se había ejercido sobre la banda, tanto por parte de España como de Francia, reduciendo sensiblemente sus posibilidades de actuar de manera criminal.

En toda esta situación ha influido, sin lugar a dudas, el cambio en el Gobierno español, la sustitución del conservador Aznar por el progresista Zapatero, y la disposición del actual presidente del Gobierno a aumentar cotas de autogobierno a catalanes y vascos con importantes concesiones de soberanía, así como la propia debilidad política que lo mantiene en el poder con ayuda de los nacionalistas, que están sacando ventajas de esa debilidad y que, como se vio en el primera reunión de Carod-Rovira con los jefes de ETA en Perpiñán, han relacionado de manera continua la reforma de los Estatutos y la negociación con ETA.

Lo que sí es importante es que el presidente Zapatero, consciente de la situación de ETA y conocedor, a través de correos especiales, de que la banda estaba dispuesta a anunciar su tregua final, tomó la decisión de apostar fuerte por este proceso y esta oportunidad y lideró la iniciativa que permitió al Congreso de los Diputados declarar la disposición del Gobierno español a negociar con ETA si se anunciaba el fin de la violencia. Un proceso liderado por Zapatero que el presidente ha querido llevar con secreto y de manera personal excluyendo al Partido Popular para asumir él todo el protagonismo y, por supuesto, también todos los riesgos. De ahí que a primera vista la noticia de la tregua, ansiosamente esperada desde el palacio de la Moncloa, haya sido calificada como una muy buena noticia para todos los españoles por la vicepresidenta, Fernández de la Vega, que ahora hace un llamamiento a todos los partidos políticos a favor de la prudencia y de la unidad ante esta oportunidad.

Zapatero se presenta, pues, ante la sociedad española como el triunfador de esta iniciativa, a la vez que lidera el proceso de reforma del Estatuto catalán, las dos cuestiones esenciales que han marcado su acción de gobierno en esta legislatura. Y las dos cuestiones que han situado al PP en una posición de delicada soledad en defensa, en el ámbito estatutario, de la Constitución y en defensa, en el campo del terrorismo, de la legalidad. ¿Qué va a pasar ahora?

Del comunicado de ETA hay que subrayar una cosa esencial, como es su petición a los gobiernos de España y Francia de frenar la represión policial, y de garantizar que al final de la negociación anunciada se aceptará la autodeterminación del pueblo vasco. Dos premisas de difícil cumplimiento y la última imposible de aceptar.

En todo caso, ante la oportunidad que se presenta para el final de la violencia los españoles tenemos que apoyar al presidente del Gobierno para que conduzca esta oportunidad con la prudencia y también con la firmeza necesaria, aunque mucho nos tememos que la ansiedad del presidente por pactar ante las presiones de los nacionalistas de todo orden puede provocar importantes tensiones en la vida política y en el conjunto de la sociedad, donde el Partido Popular estará vigilante de la misma manera que lo estarán las víctimas de ETA. En todo caso, la noticia del anuncio de ETA sobre el fin de la violencia es un hecho importante que ya veremos cómo va a acabar, pero que, de momento, a todas esas personas que estaban amenazadas y chantajeadas por la banda les va a permitir respirar. Ojalá que para siempre en defensa de la democracia, de la justicia, de la libertad y sobre todo del derecho a la vida, todo eso que ha sido arrasado por ETA, una organización terrorista que no está en condiciones de exigir nada a nadie sino más bien de pedir perdón a las víctimas y de buscar la fórmula para reinsertarse en la sociedad.