Conociendo a los personajes me imagino la conversación de ayer, hacia las 13.30 horas, entre el presidente del Gobierno y el líder del principal grupo de la oposición. Entre el Rajoy de "esto no es lo que esperábamos" y el Zapatero de "por esto hemos trabajado" hay una sólida e inequívoca voluntad compartida para echar a ETA de nuestras vidas lo antes posible.
En la medida que puedan uno y otro, desde el Gobierno o desde la oposición, con los nombres vigentes de Zapatero y Rajoy u otros, porque también es común el diagnóstico de que el proceso será largo y difícil, nunca dejarán de hacer lo que esté en su mano para devolver al País Vasco y al resto de España la paz y las libertades secuestradas por el terrorismo a lo largo de los últimos treinta años.
Forzar la búsqueda de diferencias de diagnóstico y terapia entre el PSOE y el PP es una tarea mezquina. Ninguna diferencia en política antiterrorista es tan grande que no se pueda solventar con un mínimo de responsabilidad por ambas partes. Si el único fruto del anunciado ‘alto el fuego’ fuese el acercamiento de las dos grandes fuerzas políticas del sistema para "hacer el camino juntos" (Zapatero), ya se habría compensado la posibilidad de que ETA "nos engañe por cuarta vez" (Rajoy). La jornada de ayer fue fecunda a esos efectos. En hechos y palabras.
La primera llamada de Zapatero, inmediatamente después de saber por el CNI que ETA iba a anunciar el alto el fuego, fue para Mariano Rajoy. El primer encuentro que celebrará en Moncloa la semana que viene (lo hubiera hecho antes de no haberse cruzado la cumbre europea de hoy y mañana) será con Rajoy. Y ayer, en el hemiciclo, no pudo ser más directo: “Si antes nos unía el espanto ante ETA, confío en que ahora nos una la esperanza".
Sonaron los aplausos. No en los escaños del PP, pero esta vez no hubo abucheos. Por primera vez en mucho tiempo, sin reproches ni frases envenenadas sobre la política antiterrorista.
Mariano Rajoy, por su parte, estuvo receptivo y midió sus palabras. Su discurso puede y debe firmarlo el presidente Zapatero. Incluido el preámbulo de la decepción en medio de la euforia de otros. "Nos hubiera gustado más la desaparición sin condiciones", dijo, claro, y a quién no, don Mariano, "pero ya que ETA pone las suyas, yo voy a poner las mías", añadió el presidente del PP.
Y entonces trazó tres rayas rojas. Primera, sin precio político (¿retribuir políticamente al que deja de delinquir? No, gracias). Segunda, funcionamiento del Estado de Derecho (nada de atajos o vista gorda en las Fuerzas de Seguridad del Estado o los Tribunales). Y tercera, respeto a las víctimas del terrorismo (nada que pueda humillarlas en materia de concesiones). "Si se dan esas tres condiciones, contará usted con mi apoyo", remató Rajoy.
No hay constancia de que el Gobierno piense una cosa distinta, pero sí de que hay mucha gente interesada en hacerlo creer, desde la mezquindad, ahora que lo que sobran son enredadores.

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