¿Qué es un alto el fuego permanente?, de Roberto L. Blanco Valdés en La Voz de Galicia
SOBRE lo obvio no merece la pena discutir: el alto el fuego que ayer anunció ETA supone un alivio para los miles de personas que desde hace muchos años viven protegidas por escoltas para evitar ser asesinadas por la banda terrorista. Y un alivio, también, por fraternal afinidad, para los millones de españoles -la inmensa mayoría del país- que nos sentimos solidarios con su intolerable sufrimiento.
A partir de ahí, y mientras no conozcamos los términos de las negociaciones secretas que han conducido al alto el fuego, se impone la prudencia. La prudencia, sí, pues de momento no es posible interpretar qué significa ese «alto el fuego permanente» que han anunciado los encapuchados de ETA Militar.
Hay algo cierto: que el alto el fuego permanente no es, por supuesto, lo que todos -ciudadanos, instituciones y partidos democráticos- le han venido exigiendo desde siempre a la banda terrorista: el abandono definitivo de las armas y la entrega de las mismas como prueba irrefutable de su firme decisión de poner fin de modo irreversible a sus actividades criminales.
Aceptado, pues, que el alto el fuego permanente no equivale en modo alguno a un abandono definitivo de las armas, la gran cuestión es la de si ahora, tras tantos años de terror, estamos en presencia de algo más, y de algo diferente a una de esas treguas que ETA ha declarado ya con anterioridad en varias ocasiones.
Aunque la lectura detenida del comunicado de la banda terrorista no induce precisamente al optimismo, dado que en él figuran otra vez las ya conocidas exigencias de los pistoleros para dar por concluido ese supuesto conflicto que los ha llevado asesinar a cientos de personas, los que, por obligación o por instinto, se muestran optimistas, pese a todo, resaltan el hecho de que por primera vez ETA habla de alto el fuego y no de tregua; y que añade el adjetivo permanente para calificar ese alto el fuego.
Es éste, sin embargo, un tema demasiado importante para nuestros derechos y nuestra convivencia en libertad como para hacer ahora logomaquias con la, sin duda, calculada ambigüedad de la banda terrorista. Veremos lo que signifique ese alto el fuego permanente. Y, tras verlo, quienes nos representan estarán en condiciones de decidir si se cumplen las «condiciones adecuadas para un final dialogado de la violencia» que el Congreso de los Diputados proclamó en su declaración de 17 de mayo del año 2005. Que esa constatación se haga, si fuera el caso, por acuerdo de la inmensa mayoría de la Cámara, será una condición indispensable para que lo que ayer quizá empezó no acabe en un dramático fiasco.

superabuela dijo
Es un gran paso adelante, sabemos que no sera inmediato, recordemos que las negociaciones con el IRA duraron cerca de nueve años, sabemos que tendremos tiempos de incertidumbre, pero es un paso importante.
Siempre que en la mesa se hable de Paz hay un camino hacia el final, aunque sea duro.
Salud y Paz, hoy más que nuca
23 Marzo 2006 | 05:29 PM