La banda terrorista ETA ha anunciado un “alto el fuego permanente” usando la misma terminología que utilizó el IRA en su último comunicado antes de iniciar el abandono de la violencia y las negociaciones de paz en Irlanda. El comunicado de la banda, que era esperado por el Gobierno desde hace meses, coincide con la reciente aprobación en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados del nuevo Estatuto que reconoce a Cataluña como nación. Una declaración que fue recibida por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con cautela y una contenida satisfacción a la espera de que la tregua de ETA, que se inicia el día 24, se convierta en el verdadero principio del fin de la violencia.
Cuidado con la tregua de ETA, porque por una parte responde a su propia debilidad y por la otra nace convencida de la debilidad del Gobierno y de su presidente, propicio a pactos con los nacionalistas como lo hemos visto en Cataluña. Un presidente y su entorno que sin duda y desde hace un año ha mantenido conversaciones con ETA o con su entorno, para preparar el escenario al que nos enfrentamos, que aunque incluye muchos riesgos también constituye una buena oportunidad para el fin de la violencia etarra.
El comunicado no ha sorprendido a todo el mundo, pero sí ha llamado la atención de que en él no se incluyeran demandas políticas directas y muy concretas como ocurrió en otros casos, aunque sí se incluye una petición a los gobiernos de España y Francia para que renuncien a la presión policial y judicial, a la vez que habla de un proceso negociador de paz a cuyo término los ciudadanos vascos puedan decidir sobre su futuro, que es igual que referirse a la autodeterminación. Sin embargo, esta aparente prudencia de ETA será sólo temporal porque seguirán otros comunicados de la banda (se espera otro para hoy), y declaraciones de dirigentes de su entorno y de otros partidos nacionalistas que quieren abrir, de manera simultánea a la negociación entre ETA y el Gobierno, otra negociación (las dos mesas) con Batasuna incluida, que incluya la reforma del Estatuto de Gernika y el futuro de la pretendida por ellos relación de “Euskadi con España” con celebración de un referéndum como pretende Ibarrretxe.
Lo que anuncia, como dijo el presidente Zapatero, un proceso largo, duro y muy difícil, porque la negociación con ETA no sólo incluiría el futuro de sus presos y sus comandos sino también una negociación política, paralela al desarme y a la tregua y siguiendo la estela del nuevo Estatuto catalán. Lo que será muy difícil de asumir y de negociar tanto por el PSOE como por el PP, porque esta vez los nacionalistas vascos, y el PNV de una manera especial —ya lo están diciendo—, querrán ir incluso más allá del fracasado Plan Ibarretxe, que proponía para el País Vasco una fórmula de “Estado asociado” a España.
Un presidente, Zapatero, visiblemente emocionado, que afirmaba en el Congreso de los Diputados que estamos ante una cuestión de Estado, mientras repetía una y otra vez las palabras de “calma, prudencia y cautela”. A la vez que subrayaba que este proceso negociador en ciernes se debería abordar con el apoyo de todas las fuerzas políticas, desde la democracia y desde la legalidad, haciendo una mención especial al PP y su líder, Mariano Rajoy, declarando en este momento su plena confianza y respeto por las convicciones democráticas y constitucionales de este partido, al que ofrecía diálogo inmediato —una entrevista con Rajoy el martes próximo— y “la máxima información”. Información que hasta ahora había negado Zapatero a Rajoy, lo que ha sido un grave error del presidente que facilitó la ruptura de los puentes con el PP que Zapatero espera recomponer en los próximos días.
Dando a entender Zapatero que la unidad de los demócratas, y en especial el pacto con el PP, es una cuestión previa al inicio de toda negociación y afirmando que se tomará su tiempo antes de acudir al Congreso de los Diputados a solicitar autorización para abrir la negociación con los dirigentes de ETA sobre el anunciado final de la violencia. Una negociación en la que debe integrar al PP para compartir con ellos sus posibles riesgos y también el triunfo, porque si Zapatero pretende, como ha hecho hasta ahora, abanderar él solo el proceso estatutario y la negociación con ETA se equivocará y podrá fracasar.
Aunque de momento se habla de un final de ETA sobre el que mantienen serias dudas el Partido Popular y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, quien, sorprendido y algo desconcertado por la tregua etarra sobre la que hace poco declaraba que era una ficción del Gobierno, afirmó que tanto él como el PP esperaban otro tipo de comunicado que incluyera el anuncio del abandono de las armas y la petición de perdón a las víctimas. A pesar de todo ello Rajoy declaró su disposición a colaborar con el Gobierno siempre que se garantice que no realizarán concesiones políticas a ETA y a su entorno político, y que se respetará en todo caso el Estado de Derecho.
A la vista de todos estos acontecimientos y las primeras reacciones tenemos que hacer algunas reflexiones para entender la nuevo situación:
1.- Da la impresión que ETA ni quiere ni puede seguir con su violencia terrorista por la escasez de medios y comandos, por el cerco político y judicial a Batasuna y porque desde los atentados del 11S en Estados Unidos y del 11M en Madrid, a manos de comandos islamistas y fundamentalistas, saben que ya es imposible en Occidente justificar el terror como argumento político para el nacionalismo.
2.- En consecuencia, ETA parece, al menos en estas horas, decidida a dejar de lado la violencia y por eso anuncia un alto el fuego o una tregua permanente, lo que es positivo y pone fin a la angustia de muchas personas amenazadas.
3.- El anuncio de la tregua, en coincidencia con las palabras de Zapatero de que se aproximaba “el principio del fin de la violencia”, confirma la existencia de unos contactos o conversaciones exploratorias previas entre la banda o su entorno y el palacio de la Moncloa.
4.- ETA ha querido unir —lo hizo desde la entrevista en Perpiñán de Carod-Rovira con Josu Ternera y Mikel Antxa— el fin de la violencia con las reformas de los Estatutos del País Vasco y Cataluña, por eso la coincidencia de la tregua con la aprobación en la Comisión del Congreso del Estatuto catalán. Y todo ello supone que buscarán un precio político a la negociación para que no sólo se hable de una rendición, o del intercambio de armas por presos etarras, como en Irlanda.
5.- Existirá, en el ámbito nacionalista en contraposición al Gobierno del PSOE y al PP, una batalla por conseguir el protagonismo en las negociaciones de paz, de ahí las declaraciones urgentes e imprudentes tanto de Ibarrertxe, como del PNV y de los dirigentes de EA poniendo precio político a la paz etarra, como si la banda fuera el brazo armado de todos ellos. Para Ibarretxe, el reparto de papeles y de los honores debería ser así: ETA entregas las armas; Zapatero y el PP liberan los presos etarras; y el lehendakari y el PNV consiguen la independencia del País Vasco (o algo así).
6.- El presidente Zapatero ha conseguido, por ahora, un triunfo político porque se ha cumplido su predicción y porque la tregua demuestra que tenía información y que los pasos que daba no eran en falso. Pero, visto el panorama y excitación de los nacionalistas vascos, corre todos los riesgos, incluido el del fracaso de dicha negociación que, en todo caso, no debe iniciar sin el apoyo del PP y el acuerdo de las víctimas del terror.
7.- El PP y Rajoy se han vuelto a quedar solos como en el Estatuto catalán, y saben que si avanza el fin de la violencia de ETA y las negociaciones, las perspectivas electorales de Zapatero serán muy altas y el fracaso de Rajoy una realidad.
8.- Nada está decidido y por nada se puede apostar. Los que han sido capaces de matar son capaces de volver a hacerlo en cualquier momento, motivo por el cual el Gobierno y el presidente saben que corren muchos riesgos políticos y que si fracasan sus expectativas electorales serán pésimas en beneficio de Rajoy y del PP.
9.- En las actuales circunstancias, el PP, los medios de comunicación y los sectores más activos de la sociedad deben apoyar al presidente del Gobierno para que él explore todas las posibilidades de alcanzar el definitivo fin de la violencia. Pero a sabiendas de que si esto se consigue, aunque el se lleve los honores políticos, el presidente deberá compartir el posible éxito con el resto de los demócratas y con el conjunto de la sociedad.
Atención a todo este proceso, a la presunta debilidad de ETA y de Zapatero porque tantas debilidades juntas pueden producir cualquier cosa. Aunque la esperanza es lo último que se pierde, sobre todo siempre que no perdamos de vista el Estado de Derecho y la Soberanía Nacional.

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