El Estatut de Catalunya dio ayer un paso de gigante para su aprobación en las Cortes generales después de que superara la comisión Constitucional del Congreso de los Diputados. Durante las últimas semanas, representantes del Parlament de Catalunya y diputados en el Congreso han debatido en un clima casi siempre civilizado, pero no exento de momentos con una elevada temperatura ambiental, el nuevo marco de autogobierno de Catalunya. El balance final es positivo y nadie puede discutir que Catalunya ha ampliado el techo de su autonomía. El Estatut que se aprobó en 1979 formará parte dentro de muy poco de los textos de los libros de historia porque la política del día a día se regirá por un nuevo marco legal. En septiembre, cuando se aprobó el texto del Parlament de Catalunya, pedimos desde este diario un esfuerzo a todos los partidos para alcanzar un acuerdo. De la muy amplia mayoría política que salió de Catalunya tan sólo se ha descolgado Esquerra Republicana y sus máximos dirigentes insisten en no cerrar ninguna puerta y seguir negociando su incorporación. Habrá que esperar, por tanto, hasta el final para juzgar la actuación de cada formación política. El esfuerzo del PSOE y muy singularmente del presidente Zapatero y de su portavoz parlamentario Alfredo Pérez Rubalcaba debe ser convenientemente resaltado en esta hora.
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