Recuperar la memoria, de Anxo Guerreiro en La Voz de Galicia
EL PRESENTE año 2006 ha sido declarado por la Xunta de Galicia año de la memoria histórica. La pertinente iniciativa del Gobierno gallego acaba de recibir un importante aval y un decisivo respaldo del Consejo de Europa, que la pasada semana condenaba unánimemente al régimen franquista e instaba a las instituciones españolas a honrar a sus víctimas.
Recuperar la memoria y establecer la verdad histórica no significa sólo saldar la deuda contraída con los luchadores antifranquistas, hoy injustamente olvidados y marginados en nuestro país, sino que es una exigencia política de primer orden para configurar el futuro democrático de España. Como acertadamente recuerda el Consejo de Europa, el conocimiento de la historia, además de jugar un importante papel en la formación cívica y moral de las nuevas generaciones, es una de las condiciones previas para evitar repetir los errores del pasado.
Es además una necesidad urgente, si se considera que un sector nostálgico de la derecha española, empeñada en un peligroso proceso de revisionismo histórico, edita y difunde profusamente determinados libelos -alguno de ellos libro de cabecera del ex presidente Aznar- en los cuales se presenta a la dictadura como un simple régimen autoritario-paternalista y se imputa a los republicanos españoles -especialmente a la izquierda- la responsabilidad de la terrible tragedia que asoló España a finales de los años 30 del pasado siglo.
¿Por qué y en beneficio de quién se sigue falseando nuestra historia reciente, ocultándoles la verdad a las nuevas generaciones de españoles? ¿En nombre de qué debemos seguir asistiendo a la obscena exhibición de relativismo moral que pretende equiparar -como hizo el ministro Bono el 12 de diciembre del 2004- a los republicanos españoles que liberaron París de los nazis con la División Azul que luchó bajo las odiosas banderas de Hitler? ¿Por qué debemos seguir soportando que conocidos liberticidas den nombre a muchas de nuestras calles? ¿Cuál es la razón por la que, a diferencia de lo que ocurre en todos los países democráticos de Europa, el antifranquismo no es un patrimonio común, una seña de identidad de todas las fuerzas democráticas españolas, incluido el PP? ¿Qué motivos existen hoy para que ese partido, que se proclama a diario pilar fundamental de nuestra democracia, siga mostrando una contumaz resistencia a condenar abiertamente al régimen de Franco y a reconocer a sus víctimas?
Como se puede apreciar, existen sobradas razones para la recuperación de la memoria histórica. No se puede entender el presente ignorando el pasado. Por eso la historia no ha sido nunca un tema menor o carente de interés. Muy al contrario, no sólo conforma activa y poderosamente el presente, sino también el futuro.
