Francia está, de nuevo, en el centro de atención mundial. El conflicto provocado por el contrato de empleo para jóvenes que quiere imponer Dominique de Villepin no sólo ha llegado ya a las páginas de opinión de buena parte de los más influyentes diarios europeos, sino también a las de algunos norteamericanos. Ello confirma que Francia sigue siendo punto de referencia, aunque para algunos, que son cada vez más, esa referencia sea de las que no deben imitarse.
Desde hace ya un tiempo los grandes diarios franceses, prácticamente sin distinción de colores, vienen reflexionando con gran crudeza en torno a sus problemas nacionales. Hace poco reseñábamos que Eric Le Boucher denunciaba en LE MONDE que la peor consecuencia de la cerrazón de Villepin es que ha dado alas, y justificación para salir a la calle, a la Francia más inmovilista, a la del no a la Constitución europea.
Pero toda crítica en esa dirección queda corta frente al editorial de THE WALL STREET JOURNAL, un diario que parece que sigue sin perdonar a París se opusiera en la ONU a los designios guerreros de George Bush sobre Irak, y que ha aprovechado esta nueva crisis para tratar de demostrar que el modelo norteamericano es superior, con mucho, al francés. Con todo, alguno de sus argumentos merece ser tenido en cuenta: "Sería muy instructivo que Alexis de Tocqueville viajara al interior de la Francia contemporánea. Probablemente comprobaría la dependencia del Estado, la ausencia de empuje individual y los bajos niveles de asistencialismo privado y de compromiso cívico. 'En cualquier iniciativa, allí donde en Francia está el Gobierno, en Estados Unidos aparece una asociación', escribió Tocqueville ... Marchando junto a los sindicatos del sector público que defienden su 'status quo', los chicos y las chicas de la Sorbona están diciendo a gritos que también ellos quieren privilegios: 'Queremos ser mediocres, pero seguros'. ¡Vaya sueño para unos chicos de 20 años! ... Nicolas Sarkozy, aspirante a la jefatura del Estado, quiere que la presidencia sea más directamente responsable cara al pueblo y para ello propone que se elimine la norma que le impide hablar en el Parlamento. Otros están pidiendo una nueva Constitución. La creciente protesta callejera justifica que se esté pensando en ello. Cuando unos miles reclaman en la calle el derecho a legislar para millones, un país no puede seguir llamándose 'república democrática' durante mucho tiempo más. Afortunadamente para Francia, las bananas crecen muy lejos de ella, por lo que es justo que se busque otro adjetivo para su república".
Bastante más moderado, aunque también tirando a dar, el artículo de John Vinocur en el HERALD TRIBUNE: "La movilización de los estudiantes en las calles refleja el aire viciado que circula por los pasillos de la política francesa. Francia es un país inmensamente rico, sustancialmente estable y, a pesar de que es exhibicionista, tumultuoso y totalmente ensimismado, lo suficientemente racional como para aceptar que el caos se apodere del mismo en este 2006. El problema es que Francia carece de políticos que hablen directamente de soluciones reales, que las expliquen con honestidad y que asuman los riesgos. A la vista de la realidad actual, el país puede seguir viviendo en una condición lamentable durante mucho tiempo".

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