Los viajes más silenciosos. El nuevo DVD XXX se adapta a tu coche, para que tus hijos no tengan ninguna queja. Y cuando llegues, puedes llevártelo contigo a todas partes. Nuevo DVD XXX: en el coche, como en casa". Más o menos --no quiero ningún problema de copyright con alguna multinacional electrónica-- este anuncio ha estado llamando en los últimos días a padres y madres para vender un nuevo bibelot audiovisual para enganchar tras los reposacabezas de los monovolúmenes, aparentemente la única forma razonable del momento para transportar a niños de aquí para allá. Niños muy seguros, pero, eso sí, convenientemente narcotizados y silenciados con tal de no emitir lo que suele ser sonsonete de cualquier viaje desde que los tiempos son tiempos: "¿Cuándo llegaremos?".

Justo en el momento en el que apareció delante de mi este eslogan, recordé lo que decenas de encuestas muestran como otra tendencia inalterable de los niños cuando se les pregunta qué es lo que más quisieran hacer o tener: mayoritariamente es pasar más tiempo con sus padres. Sumando una y otra, ¿esto quiere decir que disponer de más tiempo con los progenitores es simple sinónimo para los menores de más espacio audiovisual en sus vidas?

Durante la reciente celebración del gran congreso de telefonía móvil en Barcelona, el 3GSM, un entusiasta vendedor intentaba convencerme de las ventajas de la descarga de programas de televisión en mi móvil. Quizá un punto demasiado sarcástica, le preguntaba yo si era para poder disfrutar de Lawrence de Arabia en la diminuta pantalla. Como respuesta, el voluntarioso comercial me planteó qué ocurriría durante un largo viaje en carretera con un coche equipado con DVD y cargado de niños si llega un momento en el que ya han visto todas las películas a bordo. Con la descarga televisiva en mi móvil, añadió, se multiplicarían hasta el infinito las posibilidades de entretenimiento para los niños. Silencio y narcosis ad nauseam.

LA REFLEXIÓN fue imponiéndose por acumulación: cuando hablamos del exceso de horas de televisión; de la influencia de violencia, sexo y miseria moral en sus pequeños cerebros o abrimos debates sobre sí o no televisión y ordenador en los dormitorios infantiles obviamos, posiblemente por mala conciencia, el auténtico trasfondo. No son los niños los que están obsesionados y pendientes del televisor, somos nosotros los que les imponemos esta única ventana al mundo.

Entretener, formar, educar o disciplinar a un niño es fascinante, pero, en dosis diarias, ciertamente agotador. Como cualquier trabajo que uno quiera realizar a conciencia, del que uno se haga responsable. La carrera de la competitividad laboral, del I+D empresarial, del alto rendimiento ejecutivo, tiene bastante que ver con todas las exigencias que, durante un largo, larguísimo periodo de tiempo, necesita un crío. No quiero ser cínica, también hay compensaciones: la sonrisa, el afecto, el orgullo paternal... Pero ¿valen lo mismo para todo el mundo?

Nos movemos habitualmente en un mar de tópicos: el papel de la escuela en la formación de los niños; la incompatibilidad de los horarios laborales y familiares; el aumento de familias monoparentales y sus problemas económicos; la pérdida generalizada de autoridad. Y me ahorro la polémica sobre la relación entre televisión e internet y la violencia infantil y juvenil por estar ya todos de ello hasta la coronilla. Pero, muy por debajo en esta lista, existe un elemento que quizá deberíamos empezar a hacer avanzar de casilla: educar es la primera y principal responsabilidad de los que deciden traer a un niño al planeta Tierra y, además, es un trabajo artesanal y de precisión que va aprendiéndose sobre la marcha. Como todos los oficios antiguos, me temo que también éste se está perdiendo.

No quiero generalizar ni culpabilizar aún más a los progenitores que intentan suplir con regalos y una vida suntuaria la falta de tiempo que pueden dedicar a sus hijos. En algunos casos, tener niños se ha convertido en un elemento más del cuadro idílico de anuncios como el que encabeza esta reflexión: monovolumen lustroso con niño y niña surtidos camino de la coqueta segunda residencia.

AHORA que muchos padres eligen escuela para el próximo curso: ¿en cuántos casos tienen más influencia las medidas del gimnasio o la calidad de las actividades extraescolares que la proximidad o un proyecto educativo a la hora de hacer preguntas? Podemos multiplicar hasta el infinito los imponderables y las incógnitas: escuela, televisión, planes de estudio ministeriales, sexta hora, violencia ambiental, internet, comida basura, moda y globalización... Pero al resolver esta ecuación normalmente llegamos a la fórmula más simple: padre + madre, dividido por dedicación y paciencia = niño/niña educado y entretenido. Claro que es más fácil poner un DVD durante el viaje que jugar a ¿qué veo?