Me asomo a 59 segundos pero no vislumbro por ningún sitio el recio careto del jubilado estadista Aznar ni escucho su verbo convincente y arrebatador en el debate sobre los tres años que lleva de luto y chorreando sangre Irak. Todo cristo está de acuerdo sobre la incalculable barbarie que ha desatado allí el voraz Imperio con el sucio y mentiroso pretexto de que la Humanidad estaba en peligro letal por esas armas de destrucción masiva que el viento se llevó.
La gracia y el espectáculo de este programa se basa en el desacuerdo, en la belicosidad dialéctica, en las tretas arteras para vencer en el cuadrilátero. Si no me encuentro a un villano que dé sabroso juego, pongamos que hablo de Ignacio Villa, me aburro. Para sentirme arropado en mis convicciones ya tengo a los amigos. Imagino que los responsables de 59 segundos buscaron a algún hipócrita o fanático defensor de lo indefendible que diera la cara reafirmándose en la razón de los salvadores invasores, pero en vano. Está jodido tirarse el rollo exaltando las hazañas presentes y futuras (arrasarán Irán con la sagrada excusa de que los ayatolás nos van a lanzar bombas atómicas a los infieles) de ese canalla escandalosamente mediocre y obvio llamado Bush, ese robot sonriente y en posesión de encefalograma plano que representa sin una pizca de vergüenza los depredadores intereses de los miserables que controlan el planeta.
Daba mucho miedo el documental ¿Por qué luchamos? que exhibió La noche temática y en el que cerebros fríos y documentados explicaban la lógica guerrera de EEUU, su permanente necesidad de un enemigo, la salvaje coherencia de sus guerras cínicamente «preventivas», la obligatoriedad de demostrarle continuamente al universo con la fuerza, que pueden hacer lo que le salga de los genitales sin necesidad de dar explicaciones. Van de sobraos, pero todavía existen necios bienpensantes entre ellos que no pueden comprender los sentimientos antinorteamericanos no ya de los analfabetos parias del universo sino de cualquier civilizado occidental con dos dedos de frente y de honradez.
Nadie va a frenar los horrores de un Gobierno democráticamente elegido, pero resulta alentador que algunos de los más influyentes periódicos de ese país se tomen en serio su papel de moscas cojoneras, demuestren que el capitán mintió, revelen los crímenes de los legionarios. Acaban de exhibir un vídeo que plasma una matanza de civiles en Irak cometida por los impunes marines. Y el norteamericano medio, tan convencido de que esas atrocidades son siempre cosa de yihadistas, tal vez llegue a dudar de que los suyos encarnan ese eufemismo llamado guerra limpia. Tal vez recuerden My Lai y a un tal teniente Calley que nunca se creyó esa chorrada lírica de que no hay que matar ancianos, mujeres ni niños.

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