El presidente ruso Vladimir Putin intenta revalidar en Beijing la alianza estratégica entre ambos países (el más grande y el cuarto mayor del mundo), una vez superadas sus diferencias fronterizas en 2005. Las Administraciones de Rusia y China impulsan amplios acuerdos en materia de energía, defensa, en la intensificación de sus relaciones comerciales y de asistencia técnica, además de coordinar su política exterior en cuestiones como el dossier nuclear iraní o el contencioso con Corea del Norte.
El nuevo encuentro entre Vladimir Putin y Hu Jintao pone de manifiesto el buen momento que preside las relaciones entre China y Rusia.El espectacular acercamiento operado en los últimos años presenta los siguientes ejes esenciales. En primer lugar, la resolución de las diferencias fronterizas. En 2005 entró en vigor el acuerdo sobre la frontera oriental rusa que despeja el horizonte de problemas políticos de cierta sustancia. Queda sobre la mesa la afluencia incontrolada de trabajadores chinos a Siberia, pero no ensombrece en absoluto la buena marcha de los demás asuntos de la agenda bilateral. La presencia china en esa remota región es uno de los pocos factores que animan su desarrollo. En suma, ya no hay problemas de envergadura que les distancien.
En segundo lugar, el común interés en desarrollar los vínculos energéticos. Las discusiones sobre la viabilidad de la construcción de un oleoducto que va de Skovorodino en Rusia hacia la frontera con China y están en marcha entre la rusa Transneft y la Corporación Petrolera Nacional china. Además, Rusia está colaborando en la instalación de nuevas centrales nucleares y termoeléctricas.Beijing encuentra en Moscú un aliado clave para resolver esa demanda de energía que debe nutrir su rápido crecimiento económico.China, además, está invirtiendo en petroleras rusas. La Corporación Nacional Petroquímica (Sinopec) quiere fortalecer asociaciones con empresas petroleras rusas para la explotación de varios yacimientos.
En tercer lugar, en el ámbito de la defensa. La ejecución en 2005 de un primer ejercicio militar conjunto, realizado bajo los auspicios de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), podría entenderse como un primer indicio de larvada transformación de esta entidad en un bloque militar -principal temor de EEUU- y no sólo un foro antiterrorista. El secretariado de la OCS se ha instalado en Beijing, en reconocimiento del papel decisivo desempeñado en el proceso de conformación de esta entidad. Por otra parte, el comercio de armas florece entre ambos países.
En cuarto lugar, en la intensificación de las relaciones comerciales.En 2005, el volumen del comercio bilateral rondó los 30.000 millones de dólares, con un incremento del 37% en comparación con el ejercicio anterior. Los dos países se han planteado la meta de elevar esta cifra hasta alcanzar los 60.000 o incluso los 80.000 millones dólares en 2010.
En quinto lugar, en el ámbito de la asistencia técnica. La apuesta espacial de China agradece la tecnología rusa, que le permite una considerable economía de esfuerzos en investigación, incrementando sus posibilidades de afirmación no sólo como el taller del mundo sino como una potencia tecnológica en ciernes. En China va tomando cuerpo una política decidida a activar la capacidad de innovación local.
En sexto y último lugar, comparten una postura común sobre los más importantes temas internacionales, entre ellos los contenciosos nucleares iraní y coreano.
En el fluido juego estratégico global, Rusia se perfila como aliada de China en el intento de evitar que EEUU utilice a la India contra Beijing, como hizo con China en el pasado frente a la URSS. Los acuerdos energéticos y las alianzas militares promovidas por Beijing intentan limitar los efectos de los intentos de Washington por contener la emergencia de la economía china.
De cuajar esta alianza, a EEUU no le resultará tan fácil condicionar la política regional. No hay que pasar por alto que en 2005 la India, Irán y Pakistán han adquirido la condición de país observador en la OCS, que hasta entonces sólo ostentaba Mongolia.
Entre ésta y la primera visita de Putin a Beijing, en julio de 2000, cabe constatar, al menos, la confirmación de una clara tendencia. Por el momento, ambos países, probablemente, conceden mayor importancia a sus respectivas relaciones con Estados Unidos que a su llamada asociación estratégica. Pero para neutralizar ese interés, sólo falta que EEUU insista un poco más en su actual política de prepotencia. Hu Jintao tiene clara la apuesta rusa.No olvidemos que, significativamente, su primera visita al exterior fue a Moscú, cuando aún estaba temeroso de que tras el 11-S, Rusia diera la espalda a China para entenderse con Washington en contra de sus intereses.
Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China (Casa Asia-IGADI).

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