En el mundo contemporáneo no existe una cuestión más importante que la del agua dulce. De ella depende la supervivencia de la cadena de la vida y, por consiguiente, de nuestro futuro. El agua puede ser un motivo desencadenante de guerras, pero también un asunto de solidaridad y cooperación entre los pueblos.
En nuestro planeta, el agua es extremadamente abundante y, al mismo tiempo, extremadamente escasa. Del total, el 97% es agua salada y tan solo el 3% restante es agua dulce. Y de éste, sólo un 0,7% es accesible al uso humano.

Por otra parte, se estima que en la corteza terrestre, se renuevan unos 43.000 kilómetros cúbicos de agua anuales, mientras que el consumo total es de aproximadamente 6.000 kilómetros cúbicos. Aunque esto indica superabundancia de agua, su distribución no puede ser más desigual: el 60% de toda la reserva de agua potable se concentra en el territorio de sólo nueve países mientras en 80 países padecen absoluta escasez del líquido elemento. Pero además, algo menos de 1.000 millones de personas consumen el 86% del agua disponible, en contraste con los alrededor de 1.400 millones que apenas tienen acceso a la misma. A ellos hay que añadir los 2.000 millones de habitantes que consumen agua de calidad altamente deficiente, por falta de tratamiento, que es causa del 86% de las enfermedades comprobables anualmente en la Tierra.

Se calcula que hacia el año 2030, cerca de 5.000 millones de personas en todo el mundo estarán afectadas por la crisis del agua. Pero como se puede observar por los datos antes expuestos, el problema real no es la escasez de agua, sino su manejo en relación a las necesidades humanas y de los demás seres vivos.

Lo cierto es que el agua se ha convertido en un bien costoso.Como nos rige una economía de mercado que transforma todo en mercancía, estamos asistiendo a una carrera mundial por la privatización del agua. En ella compiten corporaciones transnacionales como las francesas Vivendi o Suez-Lyonnaise, la alemana RWE, la inglesa Thames Water y la estadounidense Betchel, entre otras. Ha surgido así un mercado del agua estimado en unos 100.000 millones de dólares.

Desde el año 2000, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial sólo han aceptado la financiación de las deudas y la concesión de nuevos préstamos a 40 países a condición de que privaticen sus reservas de agua y la gestión de sus servicios.

Por todo ello, el gran debate actual se plantea en estos términos: ¿el agua es fuente de vida o fuente de lucro?

Comencemos por establecer que el agua no puede ser un bien económico como cualquier otro. Está tan estrechamente ligada a la vida que debemos considerarla como parte de la vida misma y como algo sagrado. La vida no puede ser transformada en una mera mercadería.

Para entender la riqueza del agua tenemos que romper con la dictadura que el pensamiento instrumental-analítico y utilitarista impone a toda la sociedad. Según este razonamiento, el agua es un recurso hídrico con el cual se puede hacer negocios.

Pero el ser humano tiene también la razón sensible, la razón emocional y la razón espiritual. Son razones ligadas al sentido de la vida. Son razones no para lucrar, sino para vivir y conferir excelencia a la vida. El agua debe ser vista en esta perspectiva, como un bien natural, como fuente y como el nicho en el que hace 3.800 millones de años surgió la vida en la Tierra.

Las dimensiones de fuente de la vida y de recurso hídrico no se excluyen, deben ser rectamente relacionadas. Fundamentalmente, el agua pertenece al derecho de la vida, pero exige una compleja estructura de captación, conservación, tratamiento y distribución, lo que implica una innegable dimensión económica. Esta no debe prevalecer sobre la primera sino que debe asegurar que el agua sea accesible a todos. Se debería garantizar a todos los seres humanos por lo menos 50 litros de agua potable gratuita. Es tarea de los Estados, en colaboración con las sociedades organizadas, la creación de una financiación pública suficiente para cubrir los costos necesarios que aseguren este derecho.

Las tarifas para el suministro deben contemplar los diversos usos del agua: doméstico, industrial, agrícola y recreativo.Para los empleos industrial y agrícola, la provisión de agua debe estar condicionada al pago del servicio.

La visión predominante es la mercantil y a la exacerbación del concepto de la propiedad privada, que hace que se trate al agua sin el sentido de participación y del respeto de las necesidades de los demás. También cuenta el desdén por el principio de la comunidad de intereses y del respeto por las cuencas hidrográficas que traspasan los límites nacionales, como ocurre, por ejemplo, entre Turquía -de un lado- y Siria e Iraq -por el otro-, o entre Israel y los vecinos Jordania y Palestina, o entre EE.UU. y México con sus ríos fronterizos Grande y Colorado.

Ante estos excesos, la ONU consagró en las reuniones de Mar del Plata (1997), Dublín (1992), París (1998) y Río de Janeiro (1992) el «derecho de todos los seres humanos al acceso al agua potable en cantidad suficiente y con calidad para las necesidades esenciales».

Para discutir sobre estos asuntos vitales se creó en Florencia (2003) el Forum Mundial Alternativo del Agua, donde se propuso la creación como institución de la Autoridad Mundial del Agua.Se trataría de una instancia de Gobierno público para ocuparse del agua que transcurra por las cuencas hídricas internacionales, así como de garantizar una distribución más equitativa de acuerdo con las demandas y necesidades regionales.

Paralelamente, se ha formado un movimiento que postula un Contrato Mundial del Agua y presiona a gobiernos y empresas para que el agua no sea entregada a los mercados ni sea considerada como una mercancía más. Se procura incentivar la cooperación pública para evitar los efectos letales de la falta de agua y del agua contaminada.

Diariamente mueren de sed 6.000 niños que no son noticia. Y alrededor de 18 millones de niños dejan de asistir a la escuela porque deben buscar agua a entre cinco y 10 kilómetros de distancia de sus hogares.

El Hambre Cero Mundial, prevista en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas debe incluir la Sed Cero, pues el agua también es un alimento y no hay nada que pueda vivir y ser consumido sin el agua.

Porque el agua es vida en sí, generadora de nueva vida y uno de los símbolos más potentes de vida eterna.

Leonardo Boff es teólogo, escritor y experto ambientalista.

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