En las últimas horas la política catalana se ha visto convulsionada por unas declaraciones del conseller de Governació, Joan Carretero, publicadas el domingo en La Vanguardia, extremadamente ácidas con el presidente del Gobierno, pese a la dura campaña de que es víctima por su apoyo al Estatut, con el PSOE y con el PSC y que tenían como telón de fondo el Estatut d´Autonomia, actualmente en trámite en el Congreso de los Diputados. La exigencia de una rectificación formulada el domingo por la noche por el presidente de la Generalitat al conseller, bajo la amenaza de que si no lo hacía "se atuviera a las consecuencias", hizo que ayer los políticos del tripartito y de la oposición se cruzaran todo tipo de apuestas sobre lo que finalmente acabaría sucediendo. Al final, el president se dio por satisfecho después de que el conseller señalara que no había tenido ánimo de ofender a nadie y mantuviera su posición inicial de que no tenía nada que rectificar, ya que la posición contraria al Estatut de su partido es de sobras conocida. Parece poco discutible que el conflicto se ha solventado una vez más con un objetivo fundamental: el gobierno tripartito, por encima de todo. Es, evidentemente, legítimo ya que esa es sin discusión la apuesta política del PSC, ERC e IC para esta legislatura y si es posible para la próxima. ¿Pero y el Estatut? Govern y oposición, ¿piensan en el referéndum? Me temo que poco y esto empieza a ser más un problema. Es el problema.