¿Qué noticia ha copado la semana pasada editorial, Lex Column y noticias interiores del Financial Times? Adivina, adivinanza. Pues una historia que parece muy lejana pero que, por el contrario, puede tener implicaciones de extraordinaria importancia para el conjunto del mundo financiero internacional: el colapso de las acciones en los mercados del Golfo Pérsico que, en algunos casos, llevan acumuladas caídas, desde los máximos de febrero, cercanas al 50%. No está nada mal, ¿verdad?
El hecho de que no haya habido ni una sola referencia en la prensa económica nacional no deja de ser sorprendente. Si uno quiere estar al tanto de los hilos que guían las finanzas a nivel mundial, ha de vigilar estrechamente a quien tiene capacidad de causar movimientos en las mismas, entre los que se incluyen, sin duda, los países productores de petróleo, completamente inundados de petrodólares y susceptibles, por sí solos, de colapsar al dólar, el mercado de bonos americano o la bolsa de cualquier país. Los cerca de 275.000 millones de dólares de superávit agregado por cuenta corriente es una cifra como para hacer temblar a más de uno, especialmente si tenemos en cuenta en qué vehículos se encuentran invertidos.
¿Qué es lo que está ocurriendo? Se puede explicar, resumidamente, en tres grandes factores. Uno es interno. Ciertamente, la subida reciente del precio del crudo ha llenado a las naciones del Golfo de liquidez y el mercado de acciones local no estaba, ni está, preparado para un flujo de dinero de tal nivel pese a las restricciones, como ocurre en el caso saudí, a la inversión por parte de los extranjeros.
Baste señalar que, desde finales de 2003, las bolsas de la región han multiplicado de 7 a 10 veces su valor dándose el caso paradójico, recogido por el propio FT, de la OPV de una petrolera en Emiratos sobresuscrita el año pasado hasta... ¡800 veces! Había tanta demanda como el Producto Interior Bruto del país. En fin. PERs de 40, 50 y hasta 80 veces eran el pan nuestro de cada día y la caída era sólo cuestión de tiempo. El movimiento se ha acelerado, como ocurre en toda burbuja, por la avaricia de los inversores, enormemente endeudados, que, al saltar sus margin calls, han tenido que deshacer otras inversiones para hacer frente a los créditos bancarios destinados a la compra de acciones.
En segundo lugar, hay un factor relacionado con el cambio de política de seguridad recientemente anunciado por Bush en un intento de recuperar parte de su popularidad perdida. Para muchas de las naciones del Golfo ha vuelto el fantasma derivado del post 11 de septiembre y han preferido retrasar sus inversiones en el extranjero y concentrarlas en unos mercados locales insuficientemente desarrollados. La oposición de una parte de los representantes americanos a la titularidad por parte de Dubai Ports de algunos de los puertos estadounidenses hasta entonces gestionados por P&O, sirve de botón de muestra del porqué de ese recelo.
Por último, y aunque no lo recoja el FT, creo que pesa sobre los mercados del Golfo el affaire Irán. En la medida en que US siga con su política exterior preventiva, no es descartable ningún tipo de acción en la zona pese a la oposición de los principales destinatarios del petróleo iraní: China, India y Japón. Hacer caja y esperar acontecimientos puede resultar una política acertada después del reciente tirón bursátil.
Obviamente estamos hablando de mercados estrechos, en países muy intervenidos y con un peso en la esfera internacional muy limitada. Sin embargo, lo importante es lo que hay detrás. Los países del Golfo, muchos de ellos gobernados en precario, no se pueden permitir ni un sólo factor de descontento adicional que aliente a los ciudadanos contra la clase dirigente. Y una crisis bursátil lo es. Habrá que seguir muy de cerca lo que ocurre en la zona. El precio del crudo, el flujo de divisas y la estabilidad financiera internacional dependen en gran parte de ello. Buena semana a todos.

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