La señora Pilar Manjón posee un dolor del cual sólo sabe ella y los demás, como mucho, tan sólo podemos tratar de comprender. Pero tener el dolor no quiere decir tener la razón. Yla señora Manjón no la tiene y, lo que es peor, parece como si la fuera perdiendo a pasos agigantados, hasta el punto de decir, en la contra: "Lloré cuando miré a la novia de mi hijo y le dije: ´Un día quiero, mi amor, que tengas hijos. Y que esos hijos sean también mis nietos´". Desgraciadamente para el relato, la biología es la que es, la que reconoce el sentido común. A la señora Manjón le ha hecho un gran favor el señor Jiménez Losantos poniéndola a caer de un burro, la ha convertido en una mártir, pero no es ningún eximente. La señora Manjón dos años después continúa vestida de luto, continúa la representación de su papel, en la impostura.

¿A quién conocen ustedes, en la España actual, de la edad de doña Pilar, que, tras perder a un hijo, lleve dos años seguidos luto? El hábito, en este caso, sí hace al monje. Ella nació para los medios cuando increpó a los miembros de la comisión de investigación con su "¿de qué se reían sus señorías?". Sus señorías se reían exactamente de aquello que les daba la real gana, y sus señorías, las de aquella denostada comisión, consiguieron una cosa extraordinaria, demostrar de forma fehaciente e inequívoca que el gobierno del PP había mentido. Gracias a esos parlamentarios, y en especial al señor Jordi Jané, de CiU, que estuvo brillantísimo, supimos bastante más de lo sucedido. Pero claro, ella acabó diciendo que no pensaba contestar a ninguna pregunta de los representantes legales de la soberanía popular. La misma que dictaminó: "Señores directores de periódicos y agencias de prensa, señores directores de informativos, permítannos dudar de su sensibilidad. Vendida ha quedado su conciencia de periodistas a la ley del mercado. Con nosotros, no. Si algo de decencia les queda, con nosotros, no. Queda escrita, leída y conste en el diario de sesiones nuestra más contundente repulsa. Y por si no hubiera quedado suficientemente claro, afirmamos que por encima del derecho a la información, está el derecho de los ausentes a preservar su intimidad". ¿Quién es ella para discernir sobre derechos?, ¿acaso es juez? ¿Quién sería hoy Pilar Manjón sin los medios de comunicación a los que acude holgadamente? No es extraño que el señor Urdaci coincidiese con ella: "No siempre se puede construir una elipsis para evitar la sangre o preservar la dignidad de las víctimas. Cuando no existen las imágenes que condensen el sentido de los hechos, lo más aconsejable es suprimir aquellos planos que la sensibilidad rechaza a simple vista". A partir de entonces, el 11-M se convirtió en un simple accidente ferroviario, porque ella advirtió: "No queremos seguir viendo trenes calcinados, ni hierros quemados, ni cadáveres, ni caras ensangrentadas, ni despojos de heridos", ni siquiera quería escuchar el repicar de las campanas. Ella decide por todos nosotros. No es la única. La Asociación de Víctimas del Terrorismo ha solicitado al alcalde de Miajadas (Cáceres) que suspenda un concierto del grupo Sociedad Alkoholika porque "humilla la memoria de las víctimas del terrorismo". Es la teoría de Bush sobre la información, por todo lo cual doña Pilar recibió el premio de la facultad de Comunicación Blanquerna de la Universitat Ramon Llull. Y menos mal que para la izquierda, el señor Aznar actuaba más como una víctima de ETA que como un político.

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