La decisión de ERC de votar en contra de la reforma del Estatut en el Congreso de los Diputados deja herido de muerte el pacto tripartito que gobierna la Generalitat. Es muy probable que, tras la celebración del referéndum, Maragall se vea obligado a convocar elecciones. Unos comicios en los que podrían repetirse los resultados de noviembre de 2003 y forzar su retirada.

Esquerra Republicana lo ha dejado claro este fin de semana. El próximo 30 de marzo votará 'no' en el Congreso de los Diputados cuando el texto del nuevo Estatut aprobado por la Comisión Constitucional de la Cámara baja sea sometido a votación. No es la primera vez que las formaciones políticas que componen el tripartito de la Generalitat votan en diferentes sentidos. Pero el alcance del rechazo de Esquerra al texto del nuevo Estatut va mucho mas lejos que cualquiera de sus precedentes. El Estatut ha sido, en la práctica, la única actividad a la que se ha dedicado la clase política catalana durante la presente legislatura. Durante los poco más de dos años que Pasqual Maragall ha gobernado Cataluña con el apoyo parlamentario del PSC, de Esquerra y de ICV-EUA, cualquier disensión, cualquier enfrentamiento interno o con el principal grupo de la oposición, CiU, se ha aparcado en interés del objetivo superior, el nuevo Estatut. Los principales dirigentes de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira y Joan Puigcercós tienen muy claro que no podrán mantener el 'no' más allá de las Cortes.Acabado el trámite parlamentario -ya sea tras la aprobación del Senado o si es devuelto al Congreso y aprobado por la mayoría de los diputados-, Esquerra verá su posición comprometida en el referéndum que debe celebrarse en Cataluña sobre el nuevo texto estatutario. Por coherente que resulte la postura de los republicanos, les resultará tremendamente difícil defender lo mismo que el obstruccionista PP en la campaña de la consulta popular. Todo apunta a que se decantarán por la abstención o por dar libertad de voto a sus electores, aunque en los últimos días hay quien ha propuesto que los votantes de ERC fuercen un voto nulo al escribir en la papeleta «sí al Estatut aprobado por el Parlament el 30 de septiembre».
En cualquier caso, tras el 30 de marzo, cuando ERC haya expresado públicamente su rechazo al Estatut en el Congreso, será muy complicado que el Gobierno tripartito continúe al frente de los destinos de Cataluña durante mucho más tiempo. El Govern deberá mantenerse en su puesto hasta la celebración del referéndum, pero no más allá. Las elecciones anticipadas son prácticamente un hecho.La cuestión no es tanto si se celebrarán, sino cuándo: si el referéndum se convoca el próximo 18 de junio, lo más probable es que los comicios sean en otoño; si CiU y ERC obstruyen la aprobación en el Senado para forzar nuevas cesiones del PSOE, el plebiscito tendría que retrasarse hasta enero o febrero de 2007, pero no más tarde para que la campaña no coincida con las locales.

Más allá de las modificaciones que ha sufrido el texto del Estatut en el trámite parlamentario, la razón de fondo del rechazo de los republicanos es el acuerdo suscrito entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el de CiU, Artur Mas, y no por su contenido sino por la identidad de los interlocutores.En una reedición de la foto del 30 de septiembre en el Parlament, cuando la Cámara catalana aprobó su propuesta de Estatut al Congreso, Mas robaba el protagonismo a Esquerra. La imagen de socialistas y convergentes celebrando el nuevo texto era lo que algunos sectores del PSOE y de la sociedad querían ver, pero es una imagen muy poco satisfactoria para ERC. En el camino del trámite parlamentario, los dirigentes de ERC no son los únicos que han perdido plumas.Al propio Maragall también le disgustó que Zapatero eligiera como interlocutor a Artur Mas y no al presidente de la Generalitat para desencallar el proceso de reforma del Estatut.

En el pleno del Parlament del pasado jueves, Maragall dejó muy claro lo que pensaba: el acuerdo Zapatero-Mas era precipitado y oportunista. El hecho de que los propios representantes del PSC en la Comisión Constitucional del Congreso desautorizaran de manera nítida al presidente de su partido y del Govern de la Generalitat al felicitar a Zapatero y a Mas por su acuerdo deja claro, por si quedaban dudas, de que el Pacte del Tinell tiene una fecha de caducidad muy próxima.

Maragall ha dejado claro en repetidas ocasiones que tiene intención de presentarse a la reelección y a reeditar el pacto tripartito.Pero sólo si el PSC gana las elecciones con claridad, Maragall logrará su objetivo. Tras el papel determinante desempeñado por Artur Mas en la aprobación del Estatut, cobra fuerza la hipótesis de los que defienden la existencia de un pacto secreto entre Zapatero y el presidente de CiU. Un acuerdo que se habría sellado en La Moncloa en el último encuentro que ambos líderes mantuvieron días antes de que la cámara catalana aprobara la reforma estatutaria.¿En qué consiste el pacto? En que el tripartito sólo tiene una opción más. Si Maragall gana las próximas autonómicas, podrá reeditar el Pacte del Tinell. Pero si es Mas quien se alza con la victoria, el PSC le dará su apoyo para que se convierta en presidente de un Govern de coalición en el que el cargo de conseller primer podría ser o para Antoni Castells o para Montserrat Tura.Con un tripartito enfrentado a causa precisamente de lo que les había cohesionado, en nuevo Estatut, un Maragall especialmente desgastado durante los poco más de dos años que ha ejercido como presidente de la Generalitat, un Carod marcado por la sucesión de errores de bulto cometidos durante la legislatura, no es extrañar que los dirigentes de Convergència estén convencidos de que Mas tiene muchas posibilidades de convertirse en presidente de la Generalitat en un año. Su único lastre es la cantidad de escándalos judiciales que persiguen a su socio de federación, UDC.

Pero ésa es otra historia.