Por mar y por tierra los problemas acechan a Gijón. Este período «histórico» -según la propaganda oficial- de gigantescas obras ferroviarias y portuarias ha comenzado a desmoronarse. Fernando Palao Taboada, director general de Transportes del Ministerio de Fomento y ex director de El Musel, acaba de reconocer que la mesa de su despacho cruje bajo el peso de los cien millones de euros que piden las constructoras del superpuerto gijonés para reformar el proyecto. La imposibilidad de extraer piedra de la cantera de Aboño y la mar cantábrica, que se come cuanto le echan, son causantes de que la obra empiece a demorarse peligrosamente.

Ya hemos dicho que resulta inexplicable que el proyecto de la ampliación y el plazo exprés de cuatro años -para captar todos los fondos europeos posibles- hayan omitido un factor tan básico y telúrico como el potente oleaje norteño. ¿Estamos ante un proyecto y una planificación desastrosa? ¿Estamos a punto de que la obra incremente su coste en un 20 por ciento, o sea, la ruina de El Musel? Nadie comparece para explicarlo, aunque bien que se apelotonaron para la foto de arranque de obras, junto a un Zapatero de sonrisa pánfila.

Y por tierra, continúa la ceremonia de confusión de Fomento, que quiere que el AVE transite de Lena a Gijón por la vía existente, previo retoque. Con ello, la funcionalidad ferroviaria de cercanías, regionales, largo recorrido, alta velocidad y mercancías estaría en serio peligro. Unido ello a la estación fraudulenta y no soterrada que han impuesto a Gijón, el Ministerio nos está calzando un diseño ferroviario del siglo pasado, de hace veinte o treinta años. O sea, el timo de la estampita, porque la estampita son los rascacielos verdes de Jerónimo Junquera que tanto exhibe el Ayuntamiento. A todo esto, el Principado también parece estar trabajando para el enemigo, al estudiar que el AVE del Cantábrico sea el primer tren de altas prestaciones que atraviese una provincia sin pasar por ninguna de sus principales ciudades. Ya puede avivar el seso el socialismo gobernante: la ineficacia (CIS) les devora.