A LAS CALADIÑAS: así se han subido el sueldo los diputados del Parlamento de Galicia. Tan a las caladiñas que cuando, hace dos meses, este periódico publicó la existencia de un acuerdo destinado a cambiar el sistema retributivo de la Cámara, los portavoces del PSdeG, el PP y el BNG salieron raudos a negarlo. Pues bien: ahora sabemos que no dijeron la verdad, que la negociación siguió su curso desde entonces y que, al final, los tres grupos han aplicado la máxima volteriana de que, si se trata de dinero, todo el mundo es de la misma religión.

Ahí los tienen ustedes: ¡volterianos! Daquela maneira, sí, pero, al fin y al cabo, volterianos. ¡Y marxistas! No, desde luego, del Carlos Marx que escribió los opúsculos Trabajo asalariado y capital y Salario, precio y ganancia, sino del insuperable Groucho Marx, que dijo un día: «Hay muchas cosas en la vida más importantes que el dinero. ¡Pero cuestan tanto!».

¡Qué sabiduría la de Groucho! Cuestan tanto las cosas, en efecto, que los diputados que representan, en el plano autonómico, la voluntad popular de los gallegos han decidido dignificar los cargos que ostentan a base de subirse los sueldiños en un porcentaje que triplicará, en general, el IPC, con arreglo al cual se fija el tope de las subidas salariales de los cientos de miles de trabajadores por cuenta ajena que, con sus votos, han puesto a los diputados donde están.

Esa es, sin duda, la mejor manera de acercar a los representantes y a los representados y de luchar contra uno de los males que, según declaraba hace unos días el presidente del CIS, aquejan a nuestra democracia: la inmensa distancia entre los ciudadanos y la clase política, distancia que no hace otra cosa que crecer. ¡Qué mayor alegría para el pueblo que ver a sus representantes bien pagados y contentos, lo que ha de redundar, sin duda, en la mejora de un trabajo para el que se necesita, como está todos los días a la vista, una excepcional preparación!

Por eso no se entiende que los responsables de la negociación parlamentaria que ha conducido el cambio del sistema retributivo de los miembros de la Cámara gallega hayan actuado con tan injustificado secretismo. ¿Pero no ven desde el Parlamento que todos estamos orgullosos de que nuestros diputados vayan alcanzado -pasito a pasito, así, con disimulito- un nivel salarial con el que la mayoría de ellos no se habría atrevido ni a soñar de seguir desempeñando -quienes la tienen- su respectiva profesión? ¡A qué esconderse! Todo lo contrario: súbanse, con luz y taquígrafos, las remuneraciones, y que todo el mundo lo recuerde, para el futuro, como el asunto se merece.