Una Bolsa de juguete, de Carlos Sánchez en El Confidencial
La Bolsa española cabe en un taxi. Es tan pequeña que si Emilio Botín, César Alierta, Francisco González y Ricardo Fornesa decidieran crear un mercado de valores alternativo, el histórico edificio de la Plaza de la Lealtad tendría que echar el cierre por falta de clientes.
El póker de ases bursátil controla directa o indirectamente el 58,4% del Ibex 35. Es decir, seis de cada diez euros que cada día se mueven en los mercados dependen de lo que decidan los mandarines del parqué. Pero es que si además añadimos las participaciones cruzadas que mantienen entre sí algunas de las principales compañías cotizadas, las conclusiones son desoladoras. Apenas una docena de títulos tienen algo que decir en la Bolsa. El resto son simples comparsas. Las 22 compañías de menor capitalización del selectivo representan entre todas menos del 20% del Ibex.
Las decisiones que ha tomado Telefónica sobre sus filiales: primero con Terra; ahora con Móviles y, próximamente, con TPI, ha llamado la atención de muchos analistas sobre un viejo problema de la Bolsa española: las relaciones entre la empresa matriz y sus filiales, que cotizan como si tuvieran alguna capacidad de decisión. Lo que se pone en duda es que una compañía controlada mayoritariamente por su matriz deba poder estar en Bolsa, teniendo en cuenta que su margen de maniobra es prácticamente nulo en las decisiones estratégicas. Las filiales son filiales, y, por lo tanto, no deberían cotizar como si se tratara de compañías independientes, piensan los críticos con esta situación.
Entre ellos se encuentra el propio Manuel Conthe, presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que en su código de buen gobierno unificado propone que las filiales puedan cotizar únicamente de forma “excepcional”. A Conthe le hubiera gustado excluir a las filiales de los mercados de valores “con el fin de evitar posible conflictos de intereses”, pero al final ha rebajado sus pretensiones. La CNMV se conforma ahora con que filiales y matrices deban suscribir un acuerdo en el que se definan con precisión dos cuestiones: primero, que los negocios entre las dos sociedades deben ser conocidos por los inversores y, segundo, que se comuniquen los mecanismos previstos para resolver los eventuales conflictos de intereses.
Y es que los planteamientos iniciales de Conthe chocaron con la realidad del mercado. Si las filiales abandonaban el Ibex, el principal referente de la Bolsa española se convertiría en un indicador de juguete.
Los datos son elocuentes. La capitalización bursátil conjunta del Banco Santander, Telefónica y BBVA -el pasado viernes 17- representaba el 44% del Ibex. Pero si se incorporan las participaciones industriales de La Caixa, el resultado es verdaderamente espectacular. La caja de ahorros catalana es el principal accionista de cuatro compañías que forman parte del Ibex. A 31 de diciembre de 2005, La Caixa controla el 14,12% de Repsol; el 35,51% de Gas Natural; el 13,83% del Banco Sabadell y el 23,28% de Abertis. La caja de ahorros catalana no cotiza en Bolsa, pero su cartera industrial es la más grande de España, entre la que aparecen también títulos de Endesa (el 1%) e Inmobiliaria Colonial (39,54%), que no está en el Ibex. Es decir, se da la paradoja de que una compañía no cotizada -lo que la blinda de cualquier operación hostil- es la dueña de la quinta parte del selectivo.
Y ahora Endesa...
Las cuatro compañías de La Caixa incluidas en el indicador de referencia de la Bolsa española pesan nada menos que un 11,8%, y eso sin incluir Endesa. Si finalmente la OPA de Gas Natural sobre la eléctrica sale adelante, la participación de la caja en el Ibex será la más importante, superando, incluso, al peso que tiene hoy el Santander, cuya capitalización bursátil -75.614 millones de euros- representa el 16,8%. La Caixa, incluyendo Endesa, superaría el 18,2%.
La existencia de filiales no acaba aquí. En los últimos años se ha acelerado la colocación de sociedades que son simples sucursales de empresas representadas en el Ibex. ACS, junto a La Caixa, es accionista principal de Abertis. Ferrovial, de Cintra; los dueños de Sogecable son los mismos que los de Prisa... Y ello sin contar al BBVA, que es el principal accionista de Iberdrola, un 5,4%. El otro gran socio de la eléctrica es la BBK, la caja de ahorros vasca, auténtico alter ego del BBVA en muchos negocios: Corporación IBV o Gamesa (que también cotiza en el Ibex).
También está el caso de Indra, cuyo principal cliente es Telefónica. O Acerinox, participada mayoritariamente por la Corporación Financiera Alba, propiedad de los March (accionistas de referencia de ACS), y Alicia Koplowitz (dueña de FCC). O Inditex, principal titular de acciones de NH Hoteles, la empresa más pequeña de las que cotizan en el Ibex, con un peso del 0,38%.
¿Qué quiere decir esto? Pues que el principal indicador de la Bolsa de Madrid se parece mucho a un negocio de familia, lo que sin duda va en contra de la transparencia del mercado. El elevado número de participaciones cruzadas hace más opacas las operaciones, y de ahí que en la reforma de los códigos de buen gobierno se hayan reclamado mecanismos que obliguen a publicar los acuerdos entre empresas del mismo grupo. Las ventajas de estar en el Ibex para las cotizadas se suelen vincular, por un lado, con el hecho de que aumenta la liquidez del valor y, por otro, con que crece la visibilidad del título para los inversores.
La credibilidad del Ibex, en entredicho
La credibilidad del Ibex, sin embargo, está en entredicho. Las operaciones vinculadas entre compañías de un mismo grupo no paran de crecer. En 2004, alcanzaron los 25.105 millones de euros, una cifra similar a lo que vale Iberdrola en Bolsa o un poco menos que la capitalización de Endesa o Repsol.
Con todo, las cosas al menos no han ido a peor. En el año 2000, en pleno furor de los valores tecnológicos, el valor de las empresas del grupo Telefónica llegó a representar el 40% del Ibex, lo que desde luego desvirtúa cualquier análisis sobre la evolución de la Bolsa. Sólo en Finlandia se producía un fenómeno similar de la mano de su compañía estrella, Nokia. Para evitar esto, en algunas bolsas se ha optado por limitar la ponderación de un solo valor hasta el 15% del total o fijar el peso en función de la evolución del precio del título y no de su capitalización.
El gran número de empresas filiales explica la masiva presencia de consejeros cruzados en diversas sociedades, una práctica cuestionada abiertamente por el Código Olivencia que, sin embargo, continúa generalizándose. Hace unos años se hizo una encuesta y la conclusión fue evidente. En tan sólo el 9,5% de las compañías cotizadas no había consejeros cruzados, lo que pone bajo sospecha muchas decisiones si previamente no han sido comunicadas a los inversores.
Se supone que el consejero de una filial defenderá antes los intereses de la empresa matriz que los de los accionistas, y de ahí que se vigile su comportamiento. En el año 2000, tan sólo dos compañías del Ibex, Carrefour y Banco Popular carecían de consejeros cruzados. En el resto, casi todo queda en casa.
