Los cinco años de unión y lucha del pueblo de Ribadesella han llegado a la fase de recoger los frutos maduros: la Consejería de Cultura rectifica y se hace cargo de la continuación del proyecto para TB encargado por el Ayuntamiento (y avalado por la plataforma ciudadana) a una empresa de Barcelona. En la Consejería se le harán unos retoques para adaptarlo al presupuesto de 10,8 millones y para que parezca algo distinto, pero básicamente será el mismo proyecto, con lo que se ahorrará tiempo, dinero y disgustos. Por fin se impone la razón, algo que las asociaciones venían reclamando desde el comienzo del conflicto. Por fin, gracias al empuje y a la claridad de ideas de los riosellanos, se alcanza a ver una salida sensata a un conflicto generado por la increíble torpeza de algunos dirigentes políticos locales y regionales, cuya confusión de estrategias y sentimientos les llevó de cabeza a un laberinto de pasiones. Y les llevó también a un descalabro electoral sin precedentes, pues los conservadores se alzaron con la mayoría absoluta por primera vez en la historia local desde 1931.

En el momento del «reparto de medallas» habrá que ser justos y acordarse del ex ministro Francisco Álvarez-Cascos, que fue quien ofreció una base firme para que Ribadesella apoyara sus demandas y se pudiera subir el listón del nivel del futuro museo para ponerlo a la altura del rango internacional de la cueva y su yacimiento. La financiación estatal aprobada en su día para TB era absolutamente legal y legítima, así que el Gobierno de ZP no tenía más remedio que aceptarla, que es lo que hizo, enviando a Asturias a la ministra de Cultura para contarlo. La otra opción de ZP era hacer frente a la demanda judicial que interpondría Ribadesella, una vía que ahora queda descartada con el acuerdo y que, además de no beneficiar a nadie, añadiría gran crispación social.

Con este acuerdo, salvo que el Gobierno de Areces dé un nuevo bandazo y lo eche todo a perder, ganan todos. Gana el propio Areces, naturalmente, que podrá estar en la inauguración (si es que repite como presidente), gana el Gobierno de Madrid (que pondrá la parte principal de la pasta), gana el Ayuntamiento de Ribadesella (que saca su idea adelante y evita meterse en un pleito muy largo) y gana el propio proyecto que está redactándose, que ya no tendrá que ser tirado a la basura por un capricho político. Ganan incluso aquellos que durante estos años se escondieron o intentaron poner zancadillas a la movilización de Ribadesella con la (equivocada) idea de que así derribaban al PP, que se fortaleció en la lucha. Ganan también éstos porque ganará todo un pueblo sin excepción, pues si la obra se hace como se debe hacer y se gestiona con acierto, será un factor de progreso y un motivo de orgullo para una región entera.

Sólo cabe desear que ahora las autoridades regionales se vuelquen en el proyecto con el mismo entusiasmo que demuestran por otros museos como el del Jurásico, la minería, o el de Niemeyer, o como se llame, cuyas sombras empiezan a proyectarse por toda Asturias antes de nacer. Con la millonada que costará este «como se llame» (y el de Teverga y la televisión regional)É ¿habrá dinero para otras cosas más serias? Temblando estoy ante el futuro, y muy poco me tranquiliza la idea socialista de crear una fundación dentro de la mancomunidad para gestionar, entre otras cosas, el llamado «Plan de la Prehistoria» del Oriente, esa invención improvisada (y bastante chapucera) para intentar frenar la lucha de Ribadesella. Con la ineficacia demostrada por esta mancomunidad a lo largo de los años, con su exagerada manipulación política y con el desinterés endémico de los municipios que la integran, me parece una temeridad (cuando no una grave irresponsabilidad de la Consejería) dejar un tesoro como el del patrimonio paleolítico del Oriente en manos de quienes no están preparados para ello.