Respecto al periodismo transalpino de hoy que arranca de la posguerra, mi modesta opinión ha sido desde entonces que es de los más fiables de Occidente. Me refiero, claro está, a la prensa responsable y de calidad. Tiene explicación: colocada Italia en segundo plano entre las primeras potencias industriales del globo, sus principales órganos informativos, a diferencia de otros europeos, abandonaron los hábitos chovinistas. Excelentes profesionales e intelectuales de primera categoría, ven las cosas de manera lo más realista posible. Y analizan la actualidad internacional a través de cristales transparentes y al margen de tradicionales y patrioteros puntos de vista.
Sergio Romano, junto a los Enzo Biaggi, Alberto Ronchey, Galli de la Loggia y otras prestigiosas firman de portada del Corriere della Sera forman un núcleo de editorialistas que son regalo de lectores de muy diversas latitudes. De ahí que, a las treinta y seis horas del duelo Berlusconi-Prodi, suscitara singular interés oír al insigne periodista y embajador Sergio Romano, traído a la tribuna de Catalunya Oberta.
Como esperado, tras la presentación del digno colega Valentí Puig, Romano expuso con evidente imparcialidad la situación de la política bipolar de su país, vista a tres semanas del veredicto de las urnas. Su disertación proyectó luces y sombras sobre la gestión de ambos líderes, tan distintos y, sin embargo, tan italianos. Berlusconi, aportando un nuevo estilo directo, engrescador,transmisor de simpatía e ilusiones, basadas en su personal ejemplo de empresario de espectaculares éxitos. Optimismo que, a la luz de recientes tropiezos y escándalos, no convence en igual medida que en su anterior mandato. Lo cual no resta mérito al logro de coaligar a las fuerzas derechistas, lo que empuja a unirse a las izquierdas.
A Romano Prodi, el sabio y sobrio profesor, democristiano y ex presidente de la Comisión de Bruselas, corresponde el restante mérito de lograr la otra coalición, cara centroizquierdista de la moneda. Entre ambos han emanado credibilidad a una democrática alternancia. Los dos dirigentes, sin embargo, presentan respectivos hándicaps. Berlusconi, con sus conflictos de intereses y las hipotecas jurídicas que cuelgan. Prodi, pese a cuatro millones de votos en las primarias, por ausencia de fuerza propia, entre una heterogénea y variopinta coalición. Al fondo, una clase política que perdió la confianza popular, ganada ésta por cierto malestar nacional.
No obstante, Sergio Romano no se deja arrastrar por fatales pesimismos. Dentro de la agitada escena europea, sugiere indicios que permiten vislumbrar un futuro refuerzo de la séptima potencia industrial y de una más sólida generación de italianos, sobre la que apuestan ambos contendientes. Además, subraya la opinión del célebre ex comisario europeo Mario Monti, que no descarta el resurgir de un centro democrático de amplia base, inspirado en la grosse coalición de la señora Angela Merkel.

Escribe un comentario