El cese de Jesús Ceberio como director de El País pone punto final a una etapa importante del primer rotativo español que ha estado marcada por la connivencia de dicho diario, en sintonía con la línea editorial del Grupo Prisa, con el Partido Socialista y con los gobiernos del PSOE que presidió Felipe González (1982/1996) y el que ahora lidera (desde el 2004) José Luis Rodríguez Zapatero, en menoscabo de las altas cotas de independencia que el diario alcanzó en sus comienzos bajo la dirección de Juan Luis Cebrián. Sobre todo cuando el accionariado del periódico era más plural y no estaba, como ocurre ahora, bajo el mando único de Jesús Polanco y de su más íntimo entorno editorial.

Esa condición de periódico de partido o de Gobierno identificado con el PSOE ha sido lo que ha marcado la línea editorial e informativa de El País en los años transcurridos bajo la dirección de Ceberio. Años en los que la larga mano de Juan Luis Cebrián, como alto ejecutivo de la compañía y a la vez como editor o superdirector del periódico, se ha hecho notar de manera flagrante y constante, dando la impresión de una dirección bicéfala en la que el consejero delegado, Cebrián, tenía siempre la última palabra y, por supuesto, de común acuerdo con Polanco, el patrón indiscutible del Grupo Prisa.

Esta condición de diario pro socialista o gubernamental (como ocurre ahora) durante los gobiernos del PSOE le ha restado al periódico credibilidad e independencia, pero a pesar de todo ello El País ha consolidado en estos años su liderazgo en la prensa nacional y una envidiable cuenta de resultados, como buque insignia de un Grupo que ha recibido favores destacados del poder político, pero que a la vez ha realizado una buena gestión e incluso un periodismo de calidad en aquellas secciones o informaciones menos condicionadas por la política nacional (Cultura, Internacional, Economía), desarrollando un producto de clara influencia política, cultural y social.

Un diario que, además, siempre ha estado solo y sin competencia directa —y ello fue una gran ventaja para El País— en el segmento sociológico del centro izquierda español. Tan sólo El Independiente compitió en esa franja, y por eso fue cazado y cerrado en tiempos del Gobierno de Felipe González con la “ayuda” de la ONCE. Mientras que en la derecha y el centro derecha se disputaban ese espacio otras cabeceras como ABC, El Mundo y La Razón, o en su día los desaparecidos Diario 16 y Ya. Sin que en ninguno de los casos de los citados competidores del centro derecha —que también han practicado un periodismo de partido o gubernamental en los gobiernos de Aznar— El País tuviera una seria competencia ni como periódico ni como parte de un potente grupo editorial como es el de Prisa (El País, SER, Canal Plus, Sogecable, Canal Cuatro, etc.), porque el resto de diarios nacionales no contó con grupo editorial propio como el que lidera Polanco, y en el que el diario El País ejercía la función de buque insignia ideológico, político y cultural.

Ahora, desde la llegada del Grupo Correo, ahora Vocento, a la propiedad de ABC, o desde la entrada del Grupo Planeta en Antena 3 TV, el Grupo Prisa empieza a tener competencia global o de grupo un poco mayor, pero aún inferior a su poderío, salvo que se confirme en un futuro próximo la posibilidad de una fusión entre Antena 3 TV y Vocento, lo que está por ver. O que los italianos de Telecinco —sobre todo si Berlusconi perdiera el poder en Italia— iniciaran una aproximación a los italianos que ahora controlan el diario El Mundo, lo que también tiene sus dificultades una vez que se sabe que Il Corriere della Sera se declaró adversario del hasta ahora primer ministro italiano.

Y, en todo caso, haya o no pactos y fusiones entre los medios de comunicación del centro derecha español, ello nunca evitará que, por el momento, El País y Prisa sigan solos en el centro izquierda (a nivel nacional y en el campo televisivo La Sexta, nueva cadena de TV nacional, también estará en la órbita del PSOE), mientras que en el centro derecha van a seguir otros diarios y medios audiovisuales en franca competencia por su audiencia y por su influencia ante el sector liberal y conservador de la sociedad.

El relevo en la dirección de El País —no sabemos por qué motivos, si de cansancio y salud del director saliente o por agotamiento de una etapa—, posiblemente en favor de Javier Moreno, no supone de momento ningún cambio en la línea editorial e informativa del periódico, sino más bien aparenta una cierta continuidad, aunque el nuevo director tendrá su propio estilo, bajo la atenta vigilancia de Cebrián. Veremos si más favorable a unas posiciones más profesionales e independientes o si por el contrario profundiza en una línea editorial más militante y gubernamental (si cabe) de la que Ceberio mantuvo durante los años de su dirección, en los que se practicó el ataque al adversario político y periodístico, en la que se oscurecieron informaciones relevantes para favorecer al PSOE y sus gobiernos, y en la que se miró hacia otro lado en momentos cruciales del debate político nacional, como ocurrió con los graves escándalos de los GAL y la corrupción felipista. Y no sólo en páginas de opinión y editoriales del periódico, sino también en sus informaciones e incluso en su portada.

Algo que, lamentablemente, no sólo ha practicado El País sino que también lo hicieron en los tiempos en que gobernaba José María Aznar los diarios del centro derecha —ABC, El Mundo y La Razón—, configurando en España una prensa de partido o pro partido, en contra de las primeras y más independientes iniciativas editoriales que existieron en los primeros 15 años de la transición. Unos tiempos que habría que recuperar y que se perdieron, entre otras muchas cosas
—además de por importantes favores del poder a sus empresas amigas—, por la guerra de las licencias audiovisuales a distintos grupos editoriales, naturalmente a cambio de la obediencia política y del apoyo electoral. Difícil será que los pasados buenos tiempos del periodismo español —hoy dividido en dos bandos, en lo que a grandes grupos se refiere— regrese al campo de la independencia profesional. Menos aún en los tiempos de crispación política en la que vivimos. En todo caso, la etapa de Ceberio ha sido buena para su empresa y para el PSOE, pero no para el periodismo independiente ni para la libertad.