La Coctelera

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17 Marzo 2006

O la Fundación hace lo que diga Vicente Álvarez Areces, o aquí se proclama la Tercera República, del Editorial en El Comentario

La mejor descripción (la única en realidad) realizada en la prensa asturiana de la reunión ayer del patronato de la Fundación Príncipe de Asturias, es la que publica el diario La Nueva España, que hace un despliegue cuidadoso de su material informativo, repartiendo a partes iguales entre las ediciones de Avilés y Oviedo las diversas crónicas de unos acontecimientos que si no pasarán, con letra indeleble, a la historia de Asturias, sin duda formará parte de un episodio relevante, pues nunca hasta ahora, una batalla de papel, había suscitado tan encontradas y tan poco racionales pasiones. El trabajo de La Nueva España de hoy, es tan pulcro tan pulcro, que reparten la información entre esas dos ediciones diversas, como son la de la Capital y la de la Villa del Adelantado, con el mismo material, abriendo las respectivas páginas de cada una de las dos localidades, con el único matiz que supone el hecho de que en la edición de Avilés dan reacciones desde el ayuntamiento, mientras en la de Oviedo quedan a la espera de las declaraciones que se hagan hoy desde el consistorio capitalino. Por cierto, es una de las grandes virtualidades de la prensa asturiana en Internet: las diferentes ediciones de La Nueva España se pueden analizar de maravilla en la versión para la red, pues aquí publican todo lo que publican segregado en las ediciones de papel; un lujo para los presentólogos presentomaníacos.
De Lorenzo espera para mover hoy ficha

El cuartel general de Gabino de Lorenzo ha preferido permanecer callado ayer (viejo zorro) a la espera de lo que era de esperar: unas declaraciones triunfalistas del gobierno, como si aquí no hubiese pasado nada, y Vicente Álvarez Areces fuese ganando en todos los frentes (siempre actúa así; da igual lo que pase; él, por encima de todo, siempre gana; esté lo que esté en juego). Así, mientras de Lorenzo jugará hoy sus cartas, Areces no pudo resistir, y lanzó directamente un órdago al Ayuntamiento de Oviedo, al Patronato de la Fundación Príncipe y a la sociedad asturiana: “la Fundación Príncipe puede haber dicho en su declaración institucional lo que le dé la gana a ella, que yo cojo lo que me conviene, explico a los medios que controlo -que son casi todos- qué es lo que tienen que decir, digo lo que me da la gana a mí, y seguimos con el lío montado”.

Y aquí llegamos a una de las situaciones más pintorescas de la la gran “batalla de la ría de Avilés” que se está librando estos días, que es la que se produce después de la reunión del Patronato de la Fundación y la divulgación de su nota que, como cabía esperar (no se puede esperar menos de una institución tan vinculada a la Casa Real), tiene aspectos de raigambre vaticana en su formulación, que nos acercan a una posible interpretación teológica de sus opiniones: «El patronato se complace en constatar que de la idea inicial de la construcción del Museo de los Premios se ha hecho tránsito a un proyecto nuevo y distinto, pero asimismo de gran relevancia para la vida social y cultural de nuestro Principado». Curiosamente, salvo en La Nueva, la prensa, la radio y las televisiones asturianas, todos pasan de la nota de la Fundación, que es la noticia, y se van directamente a lo que dice Ana Rosa Migoya, la portavoz del presidente, porque aquí lo que importa no es la posición de la Fundación -la realidad-, sino cómo dice Areces que son las cosas, una situación muy singular, más propia por cierto, de una tiranía que de una democracia.

Areces se puede cargar lo que sea, hasta la Fundación Príncipe, con tal de tirar p´alante

Quienes redactamos este editorial conocemos de lejos la trayectoria del Presidente Vicente, como para saber que él jamás pierde, ni mucho menos empata, gana siempre, y las derrotas las transforma en victorias, utiliza todas las armas, juega con lo que sea, rompe lo que haya que romper, jamás se conforma con nada y si tiene que pasar por el medio de un atasco de coches en una autovía, se sube a la caja de un camión y acelera llevándoselos por delante y tirando a todo el mundo a la cuneta. Es la vida según el presidente Vicente: “yo, yo, yo”… Así se cargó, a lo largo de su vida, todo lo que osó discrepar de sus inapelables designios -deus ex machina-, desde el Partido Comunista hasta la credibilidad de las instituciones asturianas poniendo a Sergio Marqués a trabajar para él.

Da igual que del Museo de los Premios Príncipe de Asturias se haya “hecho tránsito a un proyecto nuevo y distinto”, que es el núcleo de la nota, y cómo ésta se refleja en los medios de la Capital de España. Lo que ahora se dice que se va a hacer, es lo que Areces quería hacer desde el principio, y ya está, porque lo dice él. Y el problema no es ninguna broma, porque mientras él esté dispuesto a ganar de todas las maneras, y buena parte de la prensa asturiana a seguirle el juego, dado el predecible lenguaje cardenalicio de los señores patronos de la Fundación, nos vamos a encontrar con que como la guerra es de papel, y Areces no la pierde porque no le sale de los cataplinas, la situación, al final, puede seguir siendo la misma que antes de empezar la reunión de los patronos, por mucho que estos hayan creído que esto se arreglaba hablando, como los antiguos, “en enigmas”, y por mucho también, que alguno de los cerebros de la reunión saliese de ella convencido de que con lo del “tránsito” se arreglaba todo.

A partir de ahora, y como consecuencia de esta guerra de papel, tenemos instituciones todavía más debilitadas

“Si decimos que esto ya no va a ser el Museo de los Premios Príncipe de Asturias, sino otra cosa diferente, se cumple el requisito que pidió Gabino”, pensarían los autores de la nota. Con lo que no contaban ellos, es con el carácter ilimitado del presidente de la comunidad, que digan lo que digan ellos, él les obliga mediáticamente a decir lo que él quiere, a expensas de lo que diga de Lorenzo, en cuyas manos queda hoy la continuidad o no de la batalla. Areces perdió el pulso porque su edificio no es ya el Museo de los Premios. Da igual, él dice que sí, que las cosas son como él dijo desde un principio, y hace perder de manera ominosa el tiempo y la credibilidad a todo el mundo, porque o Gabino de Lorenzo se conforma con aceptar que Areces diga que ganó, y no se empeña en seguir llevándole la contraria, o sigue la escalada de esta papelera conflagración, en cuyo caso la Fundación tendría que volver a buscar otro camino para salirse de tan horrorosa guerra mediática (horrorosa para la Fundación), con una solución que posiblemente esté en la habilidad del militar que no acudió a la reunión, el general jubilado y ex Jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, que si supo lidiar el 23-F, sabrá lidiar lo que no supieron resolver el resto de los patronos, que no estaban suficientemente preparados como para enfrentarse a los carros de combate de Vicente Álvarez Areces, llenos de gasolina pagada con el "céntimo sanitario", que ya pasea por Asturias, con los motores rugientes de los tanques atronando nuestros oidos, y con la boina calada como Jaime Milans del Bosch en Valencia. El caso es que tal y com anunciamos en uno de nuestros editoriales sobre esta polémica, aquí se empieza ya a hablar de la república, en una de las derivadas más singulares de este follón, como es la polémica entre Laura González e Izquierda Unida de Oviedo, que desde luego tienen mucha enjundia. Lo dicho, como el personal no trague, y no se acepte, por parte de todos, que Areces es quien manda aquí, se hace lo que el quiere y se acabó, nos vamos directos a la Tercera República. ¡Al tiempo!

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