Ayer tratábamos de definir aquí la invisible ideología que ha traído este nuevo y convencional socialismo. Nos habíamos quedado en amor y lujo. Hoy principiamos a rastrear el postmaterialismo en su versión intelectual, o zapaterismo en su versión popular.Proclamarse postmaterialista es como proclamarse postmarxista, postsocialista o algo así. Una manera nueva y más fina de decir que el pensamiento marxista y sus pensamientos secundarios están viejos y superados. El señor Zapatero, asimismo, ha dado nombre al zapaterismo, que eso sí que queda pobre, socialista y rojo.
¿Y en qué consiste el postmaterialismo? De momento, en hablar mucho por teléfono con Barcelona, y mayormente con ese postcatalanismo que todavía es una moda antes de ser un modismo. Los vascuences, un suponer, o vizcaínos, que decía Quevedo, confesaron, en un flash de sinceridad, que lo que hicieran los catalanes en Cataluña debieran hacerlo ellos en su tierra. Unos y otros han superado el materialismo y están poniendo en limpio sus nuevas ideologías para que veamos que en la periferia también se piensa, incluso son todos a pensar, mientras que aquí en Madrid sólo piensa uno, el señor Rajoy. Esperamos una conferencia o mitin de Rajoy sobre la sustancia de un postmaterialismo que no quiere ser sustancial.Pensando yo también, con perdón, se me ocurre que zapaterismo, o sea, la palabra intermedia, queda más popular, esquinera y revolucionaria.

Porque este socialismo con mochila que nos ha traído Zapatero deja muy atrás tanto a los sindicatos verticales como a los horizontales.Estamos en un espiritualismo que no condesciende a las antiguas miserias de preguntar todo el rato por el Seguro, por el precio de los pisos y por la libertad de las chais. A partir de ahora llamaremos zapaterismo a todo lo popular y llamaremos zapaterías a todo lo pedestre, desde Yanko hasta Segarra. El auténtico socialismo, el verídico, el histórico, se lo llevaron Felipe y Guerra con pleno derecho, y los sucesivos gobiernos no lo han traído porque no creen en él. El socialismo, para gente fina, como Zapatero o Pepe Blanco, no es más que un zapaterismo deleznable, una tarea de los pies, como andar cuando ya no anda nadie. El zapaterismo, por abajo, suple con ventaja al socialismo, porque ves a la gente haciendo cosas y poniendo medias suelas. El postmaterialismo, por el otro lado, es la formulación mental de un socialismo preciosista, que es como lo habla y escribe Zapatero. Un hombre con los ojos tan azules no podía incurrir en la turbiedad gorda de Indalecio Prieto, un suponer.

Tenía que sacarse algo más fino y que hiciese buena pareja con una mujer bella. Sus filósofos lo han encontrado: postmaterialismo.Mientras el mercado se destripa y se vuelca en la calle, de tanto vender y ofrecer, el Gobierno dice que no cree en lo material, que lo ha superado como los apóstoles superaron el materialismo de Cristo, un señor que andaba por las piedras del río. Ya que no hemos pasado el anterior socialismo por abajo, por el rasero de los chabolistas, vamos a pasarlo por arriba declarando superado el espiritualismo de Guerra, que por Navidades siempre te manda un christmas metafísico.