Ràdio 4, contables y poetas, de Miquel Giménez en El Mundo de Cataluña
En la discusión entre medios de comunicación públicos o privados me siento imparcial. Trabajo tanto en COM Ràdio, una emisora pública, como para productoras privadas o este mismo diario.Conozco ambas caras de la moneda. Y estoy convencido que es imprescindible, en democracia, que existan medios de comunicación privados. Cuantos más y más independientes, mejor. Es obligación del gobierno apoyarlos y darles facilidades. De la misma manera, creo razonable que lo público intervenga allí donde lo privado no puede.
Todo el mundo comprende que se construyan escuelas, hospitales o carreteras con dinero público, aunque no sean rentables financieramente.Pero, como lo son socialmente, la gente lo acepta. En consecuencia, se me antoja lógico disponer de medios de comunicación de titularidad pública. No podemos desgajar este segmento del resto de prestaciones que el Estado tiene la obligación de facilitarnos.
Cabe exigir que sean imparciales, modernos, eficaces y sin otros ingresos que los que dispongan los organismos oficiales.Pero deben existir. De ahí mi indignación al enterarme que, debido a un informe de la SEPI, RTVE ha decidido echar el cierre a Ràdio 4 y TVE en Sant Cugat. Me ha dolido. Allí empecé mi carrera. En Ràdio 4, con El Gran Matí, dirigido por el entrañable Xavier Foz. En Sant Cugat, con Juego de niños.Tal decisión me parece una injusticia y un craso error. Ràdio 4 cumple, entre otras, una función vital: difundir el catalán.Fue La primera en català. Y ahora dicen que no es rentable económicamente.Su historia, el papel que jugó en la recuperación de nuestra lengua, la gente que se ha dejado la piel en el camino, eso no cuenta para la SEPI. Sólo cuentan el debe y el haber. El rating y el share. Lo perverso es que el auténtico debate no radica ahí. El meollo del problema es que una radio pública no ha de medirse sólo por su audiencia. Se mide por el proyecto. Y éste, simplemente, no existe.
Nadie en las alturas ha sabido o ha podido trazar ese modelo tan imprescindible. Y no será por los trabajadores y trabajadoras, que llevan años reclamándolo. Si en una radio privada el objetivo es ganar dinero, en la pública el objetivo radica en cubrir nichos de audiencia que, por su escasa rentabilidad económica, pero sí social, deben llenarse. Ha de informar, formar y entretener.Hago hincapié en lo de entretener, ya que en los medios públicos se cae muy a menudo en un exceso de falsa trascendencia con tertulias infumables, entrevistas aburridísimas o debates plúmbeos hablando de temas que duermen a las ovejas, salvo gloriosas excepciones. Hay que cambiar el chip y pensar alternativas a la situación de aletargamiento que se vive en la actualidad en el sector. Hay que atreverse con nuevos formatos, entender que no sólo de informativos vive la radio, sacudirse el polvo burocrático, dar cancha a la sociedad, no tener miedo a la creatividad, abrir las puertas a la gente más rompedora.
No nos entreguemos a los malos contables. Si a Ràdio 4 se la escucha poco, habrá que preguntarse porqué. Urge un debate sobre el modelo a seguir por los medios de comunicación públicos. No podemos permitirnos tener un sector público en decadencia o, peor aún, rendido ante lo banal. Si lo hacemos, podría pasarnos lo mismo que al reino de Tebas que, por no tener poetas que lo cantasen, acabó por desaparecer. Ojo.
