Oportuna sexta hora, de Jaume Cela y Joan Domènech en El Periódico
El próximo curso, las escuelas públicas de primaria tendremos una hora más de clase. Esta decisión obedece a dos objetivos principales: mejorar los niveles de aprendizaje de los niños y equiparar el horario de la escuela pública a la privada concertada, para eliminar una diferencia que, no nos engañemos, crea desigualdad.
Estamos entre los que dan la bienvenida a esta decisión por las oportunidades que puede suponer para la escuela pública, pese a que pensemos que la propuesta se está haciendo demasiado precipitadamente, sin dar tiempo a los centros a reflexionar y organizar de la mejor manera este recurso para que sea un avance para el conjunto del sistema.
Es bien cierto que educar es cuestión de tiempo, y parece lógico pensar que con una hora más podremos reorganizarlo con un margen mayor y los aprendizajes podrán profundizar, sobre todo, en los aspectos referidos a las individualidades. La educación es educación en la diversidad y cuando partimos de la de 25 alumnos por aula, tenemos presente que más tiempo significa más posibilidades de afinar individualmente.
Ahora bien, aprender y enseñar son dos verbos con un nivel de complejidad muy alto, y los resultados de su conjugación no pasan sólo por el número de horas de permanencia en la escuela. Dicho llanamente: podemos aumentar el tiempo lectivo, pero podemos seguir haciéndolo igual de bien o de mal.
UNA DE LAS cosas que debe tenerse en cuenta es la complicación organizativa del funcionamiento de las escuelas. No se entiende cómo no se aplica también a la educación infantil (de 3 a 6 años), lo que restaría complejidad a la situación, siempre teniendo en cuenta que sería precisa una adecuación de este incremento de horario en los más pequeños.
La complicación organizativa puede afectar a los horarios no lectivos compartidos entre el equipo de maestros. Claramente, si no existe una buena voluntad por parte de todo el mundo y un buen nivel de organización y decisión colectiva, lo que puede salir más perjudicado es el tiempo de coordinación entre el equipo docente, lo que supondría un paso atrás organizativo y en la calidad educativa.
Estamos muy habituados a compartir horarios y la sombra de la secundaria --especialización, fragmentación, dificultades en la coordinación debido a la gran diversidad de horarios entre el profesorado-- no es un temor injustificado, sino que puede convertirse en una realidad que disminuya las posibilidades de trabajar en equipo, y esto afecta a la calidad del servicio que ofrecemos. En este caso, los equipos docentes tenemos un papel fundamental porque deberemos ser los que encontremos fórmulas que nos ayuden a mantener las estructuras organizativas, actualmente ajustadas, a los nuevos horarios. Es muy cierto que la disminución de horas lectivas que tendremos nos pueden ayudar mucho como también nos ayudarán los aumentos del número de maestros.
En relación a la equiparación con la privada concertada deberíamos poner sobre la mesa dos puntos más si queremos que esta equiparación sea efectiva. El primero es hallar el modo de que los centros de primaria y secundaria que tendrán el mismo alumnado se coordinen de verdad para compartir culturas y diseñar proyectos comunes, y para que estas dos etapas no comporten ninguna fractura significativa. Creemos que la separación de centros no es negativa si los chicos y chicas lo viven como una oportunidad de mejora y crecimiento, pero para conseguirlo hay que garantizar una coordinación real y efectiva.
El segundo es evitar que algunas --y remarcamos el determinante-- escuelas privadas concertadas puedan cobrar cuotas voluntarias --y aquí remarcamos con una sonrisa irónica el adjetivo-- a las familias a través de fundaciones u otros inventos que sólo están al servicio de potenciar la segregación del alumnado. La discriminación económica no puede ser el filtro que posibilite la división del alumnado en dos redes distintas. La sociedad nos reclama cohesión, y una de las maneras de contribuir es garantizando la diversidad en todas las escuelas del país.
Y una pregunta sin responder aún: ¿qué instancia o persona decidirá dónde se situará esa sexta hora? Si debe ser el consejo escolar del centro, es una nueva oportunidad para darle capacidad de decisión en un asunto importante.
ESTAMOS convencidos de estar ante una oportunidad para remover inercias y reflexionar sobre algunas cuestiones de primer orden. Vale la pena que intentemos aprovechar estos cambios para que el modelo público tenga todavía más calidad de la que ya tiene. Pero también es cierto que podemos salir perdiendo si no se hacen las cosas correctamente o se hacen imponiendo ritmos iguales para todo el mundo.
Jaume Cela y Joan Domènech. Ambos pertenecen a la
Federació de Moviments de Renovació Pedagògica de Catalunya.
