Los norteamericanos pusieron el nombre de un aeropuerto a John Wayne, su héroe nacional, para recordar la hazaña del Far West y su Alamo, analogía del Alcázar de Toledo. Los andaluces van a poner el nombre de Federico García Lorca para que el poeta duerma en el barranco entre Viznar y Alfacar como si siguiera vivo; que los lirios retoñen en sus huesos. Hay diferencias entre la épica y la tragedia, no sólo en la unidad de tiempo -sólo la tragedia puede exceder al sol- sino en el mensaje que se quiere dar a los ciudadanos. Los americanos fueron capaces de hacer epopeya de su guerra civil; los españoles seguimos intentando darnos en la radio todas las mañanas unos a otros café; es decir, darnos matarile, por lo menos de palabra, como insinuó Queipo de Llano.
El aeropuerto de Jaén y Granada, en el mismo cielo que el poeta vio los últimos luceros fríos, llevará el nombre del que vio aquella mañana cuando el cielo relucía como la grupa del caballo.Antes era el Chachina; el nuevo beneficiará por igual a Granada y Jaén. El PP estuvo en contra del cambio de nombre porque dicen que aunque figure Jaén en los rótulos, esa ciudad va a seguir sin aeropuerto: «Es un engaño hacia los ciudadanos de Jaén y a los de Granada, porque la denominación no implicará mayor cercanía».Jaén carecerá de destino directo, pero los guiris lo creerán, y como la distancia es corta entre las dos ciudades, llegarán los tour a los dos campos en busca de la caza y pesca, de nieve y de vela. Es una buena idea de marketing.
Si se ponen de acuerdo los políticos locales, habrá motivos lorquianos en la decoración del aeropuerto. Será bueno que no recuerden a los visitantes lo que ocurrió en la cuneta, sino la alegría y el vitalismo de Lorca, en sus morillas de Jaén, Axa y Fátima y Marién, que iban a coger olivas; en cuanto a Granada, donde ocurrió el crimen, más vale que evoquen cómo los canarios vuelan entre los cirios de Semana Santa. Lorca, dejó dicho que los viajeros que llegan a España, llenos de gritos de locomotoras van a las Fallas, los báquicos a la Semana Santa de Sevilla y los melancólicos a Granada, para descubrir la hoguera de azafrán de las colinas.Dejemos ya de torturarnos con la Guerra Civil y recordemos el Lorca de los pájaros soñolientos.
Aunque a Borges, Federico le parecía un poeta de utillería, un andaluz profesional, y dijo con frivolidad que la muerte le favoreció y sirvió para que Machado le escribiera un poema y Ruano lo consideraba un palurdo, una doña Rosita, con un lazo en el pelo haciendo tonterías delante de un piano, Lorca es cada vez más grande, más moderno, más alegre.
Que pongan mariposas ahogadas en los tinteros en una blanca pared donde orinaban las niñas y dejen ya de traernos el recuerdo de los verdugos.

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