El gran argumento político contra la gestión de Gabino de Lorenzo, a lo largo de los últimos años, por parte de la "izquierda plural" asturiana, ha sido su tendencia a organizar grandes merengues urbanísticos para gestionar los recursos necesarios para las espectaculares obras que desarrolló en la ciudad a lo largo de sus mandatos.
De toda su dilatada trayectoria, sus peores experiencias se pueden achacar a una sociedad pública creada en el ámbito mercantil, Gesuosa. Lo cierto es que terminó por liquidarla, para ampararse en otra, que dejó de darle disgustos directos, Sogepsa, porque al estar presente el Principado, como es el caso de Cinturón Verde (que acabó con brusco abandono del Principado), los disgustos compartidos son menos disgustos.
La gestación de los palacios de Oviedo, cargada desde el principio por innumerables problemas relacionados con la envergadura del invento, tuvo sordina de lujo en la persona del gerente de la operación, José Luis Marrón Jaquete, que tuvo que dimitir como miembro de la ejecutiva de la Federación Socialista Asturiana, a lo largo del desarrollo de los proyectos, por la evidente incompatibilidad en la que se encontraba, aunque cuando llegó su dimisión, la operación ya había alcanzado el suficiente grado de complejidad e implicaciones compartidas, como para asegurar su culminación sin sobresaltos.
A esa culminación sin sobresaltos contribuyó, en buena medida, la decisión del presidente del Principado, que tras dinamitar la financiación del llamado Palacio de las Artes, obligando a la Universidad a retirarse, desplazó su implicación a la compra de las galerías del Palacio de Congresos, mediante un acuerdo adoptado por la sociedad regional SEDES, de la que es responsable el dirigente de Izquierda Unida Manuel Orviz, director general de vivienda del Principado, en la consejería de Laura González.
La implicación de la “izquierda plural” asturiana en la gestación de los Palacios de Oviedo, blindó las posibilidades electorales de Gabino de Lorenzo, con una obra desproporcionada en marcha en Buenavista, que se convertirá sin duda en una de las grandes referencias arquitectónicas y culturales de la comunidad autónoma, por su situación en la capital, con un edificio público capaz de albergar actos públicos para tres mil espectadores, gran aparcamiento integrado y hotel de lujo en el propio edificio (¡véase lo que eso supone desde el punto de vista de la seguridad!), que convertirán este equipamiento en el lugar adecuado para celebrar los actos más importantes de la vida pública asturiana (dejamos a la imaginación de los lectores una reflexión sobre cuáles son esos actos).
La ocurrencia del presidente del Principado de crear un gran edificio en Avilés, con palacio de congresos para mil personas, asociado a una idea de “Museo de los Premios Príncipe de Asturias”, suponía un ataque directo al camino andado por de Lorenzo con su Palacio de Congresos, con la palamaria intención de rebajar el éxito del mismo, un éxito que no se podía discutir torpedeando el proyecto en sí –por las implicaciones de la “izquierda plural” en el mismo-, sino creándole en tiempo y forma –a un año de las elecciones- un competidor que aminorase el protagonismo del artefacto de Buenavista. Por eso se buscó una firma, Óscar Niemeyer, que pudiese competir –sólo para los indocumentados, ¡claro!- con la de Santiago Calatrava.
Ahora Vicente Álvarez Areces se enfrenta a un difícil reto, pues embarcado hasta las cejas en su loco proyecto de la Universidad Laboral convertida en plató para una televisión particular –de Areces- y sin apenas dimensión de servicio público, comprometió en ese proyecto demasiados recursos que le llevaron a quitarle a Avilés su propio proyecto cultural -el más querido por los avilesinos- que era un Centro de Arte, para concentrar toda la financiación en la Laboral.
La maqueta de Niemeyer que le llevó al despacho Graciano García, convertida en Museo de los Premios Príncipe de Asturias, hacía posible la financiación, en una operación especulativa en la ría, del proyecto de edificio que competía directamente con el Palacio de Congresos de Calatrava.
Digámoslo claro. Sin Premios Príncipe de Asturias, sin Museo de los Premios, sin la Fundación Príncipe prestando el prestigio de la monarquía para la operación inmobiliaria de la ría, no hay “gancho” para el negocio, porque el “gancho” era la Fundación.
Si no hay operación inmobiliaria, no hay Centro Niemeyer, porque no hay financiación para él en los presupuestos generales del Principado, dado que estamos hablando de un segundo hospital, cuando no hay dinero para el primero que se está financiando desde una sociedad instrumental, Gispasa, que gestina créditos con el Banco Europeo. Con lo cual, el resultado de la operación será un deterioro mucho mayor aún para Areces en Avilés, que tendrá que afrontar las consecuencias, por su egoismo y su grandonismo -los avilesinos se conformaban con menos, pero menos no daba pelas como las hubiera dado la desmesura Niemeyer si hubiese sido el Museo de la Casa Real- con las inversiones en la Laboral para la RTPA (ahí está San Esteban de las Cruces muerto de risa y anunciando despidos), de haberle quitado el centro de arte a los avilesinos.
Firmado: Juan Vega
14/03/2006 - 16:32h

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