Los historiadores tendrán ciertas dificultades a la hora de encontrar pistas que conduzcan a informar qué aspectos renovadores ha puesto en marcha don José María Cuevas a lo largo de su dilatado mandato al frente de la CEOE, al menos hasta la hora presente. Se trata de un hombre que nunca fue lo que antes se calificaba como un capitán de industria que, sin embargo, estuvo (sigue estando) al frente de la mayor organización empresarial española. Digamos que, en ese sentido, se trata de una anomalía en relación a los actuales dirigentes empresariales de los países del entorno europeo. Una anomalía que se ha acentuado, todavía más, estos días. ¿Se imagina alguien a Cordero de Montezemolo, el máximo líder de la patronal italiana, clasificando a los empresarios lombardos de manera despectiva y dividiendo a los piamonteses entre buenos y malos o hablando de una OPA a la lombarda? Imposible, porque Montezemolo tiene la cabeza suficientemente amueblada.No es éste el caso de José María Cuevas. Hace pocos días, el presidente de la CEOE en uno de sus habituales y facundos calentones de boca estableció unas curiosas clasificaciones: hay empresarios vascos buenos (los que le son leales) y otros que son malos (se entiende que se trata de los que no le hacen caso); los empresarios catalanes, malos, están interesados en una OPA a la catalana. Sin lugar a dudas, se trata de una chocante manera de clasificar al empresariado español.
Y, a falta de otras aportaciones culturales, es posible que estas distinciones sean lo más llamativo de la biografía de Cuevas en su condición de (ágrafo) presidente de la CEOE.
Las preguntas que me hago son: ¿por qué Cuevas accedió a tan importante responsabilidad?, ¿y cómo explicar su mandato tan dilatado? Ambas tienen, a mi entender, la misma explicación: los empresarios españoles no han estimado conveniente optar por la dirección de la CEOE. La excepción fue Carles Ferrer Salat, un brillante empresario-manager que tampoco puso reparos a dirigir la patronal europea. Después de Carles Ferrer, los empresarios españoles se des-responsabilizaron de la CEOE y dejaron que los amanuenses gobernaran el puente de mando. Por supuesto, cada organización puede legítimamente designar a sus dirigentes, pero el resultado ha sido (aunque no sea ésta una de sus causas) el empobrecimiento de las relaciones laborales en España y, concretamente, de la inane negociación colectiva en nuestro país. Y de unas prácticas de concertación cupular que tienen una enorme asimetría entre la realidad de las transformaciones en curso en los centros de trabajo y los contenidos concretos que se estipulan.Naturalmente, aunque tampoco es la única explicación, ello se explica porque la gestión de los procesos contractuales -dada la des-responsabilización empresarial de ponerse al frente de sus organizaciones corporativas- tiene un excesivo peso juridicista en detrimento de otras disciplinas académicas.
En definitiva, mientras Cuevas siga al mando no hay posibilidad de reforma de las relaciones laborales. Porque el problema no es que dicho personaje sea un hombre de confrontación; el problema es su inadecuación a estos nuestros tiempos. El problema no es que se pase de la raya (también en relación a la lucha contra el terrorismo); la cuestión de fondo es que tiene enormes dificultades para destacar en campo alguno, hecha la excepción de sus excesos verbales. Pero, en todo caso, la amable consideración es que Cuevas ha tenido el coraje de ponerse al frente de CEOE: lo que otros no querían.

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