¿Es o no es Máximo, el dibujante que de forma tan personal ilustra desde hace tres decenios las páginas de Opinión de El País, un «elemento en la vida política y social» española? Uno pensaría que es eso y bastante más: es y ha sido toda una referencia en lo social y lo político. Pero su propio periódico parece estar negándole esa condición. El pasado lunes, Máximo publicaba una viñeta con uno de sus mapas, rotulado con los nombres de tres países vecinos: Francia, Portugal y ¿España? Quedaba patente por parte -también- de Máximo la incertidumbre que tantos sentimos ante lo que pueda quedar de este país, sometido al impacto centrífugo del Estatuto catalán. Quia, respondía el propio diario independiente de la mañana en el editorial enfrentado -en todos los sentidos- a esa viñeta: el PP anuncia «una balcanización del país cuando no hay ni un solo elemento en la vida política y social que justifique tal afirmación».
No hay peor sordo que el que no quiere oír, y en El País y sus adláteres se tapan los oídos, porque lo que hay que oír no cuadra con su visión del mundo. Así, la Convención del PP se convierte en El poder de la bronca, que es como se titula el editorial.Y el partido conservador es descrito, una vez más, como cerril y retrógrado. Su propuesta de reforma constitucional es «un retorno al pasado y el bloqueo definitivo de cualquier posibilidad de mayor autogobierno autonómico». El editorialista soslaya, claro, toda referencia al hecho de que el PP propone lo mismo que acaba de pedir el Consejo de Estado: establecer un tope competencial autonómico y asegurar al Estado las atribuciones mínimas que debe poseer para seguir vivo y para garantizar la cohesión y la igualdad para sus ciudadanos. Es que es muy selectivo El País en sus referencias...
Mientras varios medios, incluido EL MUNDO, reprochaban ante todo a Mariano Rajoy el haberse quedado corto, o no haber expresado de forma más detallada sus proyectos alternativos a la criticada política de Zapatero, en los del grupo Prisa se centraban en las dos ofertas al Gobierno, las de pactos sobre Cataluña y política antiterrorista: son «dos trampas» porque el pacto es ahora imposible, clamaba Josep Ramoneda en la Ser, repitiendo el argumento del editorial de El País. Según éste, todo el pescado está vendido en lo del Estatuto y no es cierto que haya cambiado un ápice la política antiterrorista. La Ley de Partidos se aplica hoy como antaño, repite este diario, para el que el retorno de Batasuna es una mera fabricación de la calenturienta imaginación de los peperos.
Como la realidad no debe atreverse nunca a enturbiar los dictámenes de El País, este diario optaba el martes por minimizar, por ocultar la aprobación parlamentaria de la definición de Cataluña como nación: un minititular tranquilizador en portada (La ponencia recorta el Estatuto catalán y deja pendientes ocho artículos) y un editorial en el que se vuelve a difundir la especie de que la inclusión de esa definición en el preámbulo tiene «carácter descriptivo y fuera del articulado, sin valor normativo».
Máximo, empeñado en ir por su lado, dibujaba en la página opuesta su editorial alternativo: un pensativo profesor ante la pizarra en la que ha escrito: «Autodeterminación (fuero)».

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