A todos nos parece, en este primer mundo nuestro, que el reconocimiento de nuestros derechos como hombres y mujeres es un hecho y que formamos parte del mundo civilizado porque nos regimos por constituciones democráticas, cuando en realidad vivimos en un espejismo o peor, en un permanente autoengaño. Con motivo del Día Internacional de la Mujer -que todavía necesita de varios días conmemorativos al año, como otras causas casi perdidas que a los que toman las decisiones les dan completamente igual- Amnistía Internacional denunciaba que todavía hay 36 países donde siguen vigentes leyes que discriminan a la mujer por el hecho de serlo, y afirma en su declaración que esa discriminación es el fundamento de la violencia contra las mujeres.

En nuestro país no parece que la letra de la ley sea discriminatoria, pero sí sigue siéndolo su aplicación. Las denuncias y mujeres asesinadas así lo demuestran. Nuestra Constitución no sólo condena la discriminación por razón de sexo, sino también la que se deba a la raza. Sin embargo, veíamos hace poco, y de nuevo, como a un futbolista se lo insultaba desde la gradería por ser negro, sin que se tomara medida alguna. Samuel Eto'o fue convencido por sus compañeros para que no abandonara el campo. Se consintió también en este aspecto la discriminación como forma natural de comportamiento, cuando quizás lo mejor habría sido, no que el jugador abandonara el campo, sino que los árbitros suspendieran de inmediato el partido. Edificante hubiera sido que las personas que rodeaban a los racistas reaccionaran en masa acallando los insultos de los que gritaban. Quien calla otorga y el encubridor de un delito se hace cómplice del mismo.

Pero nuestra sociedad, tan democrática sobre el papel, permanece indiferente, y con su indiferencia da alas a los que sin el menor empacho o vergüenza, manifiestan pública y ostentosamente, su falta de civismo y sus actitudes discriminatorias. Y hace apenas unos días, se anunciaba a bombo y platillo que Barcelona será la sede, en el año 2008, de los Juegos Europeos para deportistas gays y lesbianas, que empezaron a celebrarse en el año 1992 en la ciudad de La Haya. Se entiende que existan los Juegos Paralímpicos, puesto que los deportistas que tienen alguna discapacidad no podrían competir en igualdad de condiciones con los que no las tienen, pero sin duda la vida sexual de cada cual, sea homosexual o heterosexual, tiene el mismo efecto sobre el rendimiento deportivo -si lo tiene- en unos como en otros.Una cosa es luchar contra la discriminación y exigir la igualdad de derechos de hombres y mujeres, sean cuales sean sus preferencias cuando se enamoran o cuando practican el sexo, pero fomentar el apartheid sólo contribuye a la discriminación, porque se les sigue considerando un colectivo a parte, cuando la normalización pasa por llegar a construir una sociedad en la que la vida privada de las personas no condicione su vida pública. Y así podríamos seguir encontrando ejemplos de discriminación con los que convivimos tan alegremente, felicitándonos de la sociedad tan moderna, tolerante y democrática que tenemos: las personas mayores desatendidas, los niños maltratados, los discapacitados que siguen encontrándose por todas partes con barreras arquitectónicas, los inmigrantes, los jóvenes sin derecho a un trabajo y una vivienda dignas

Queda aún mucho por hacer y es responsabilidad de la ciudadanía presionar a nuestros políticos, a menudo tan ocupados con sus propios egos y defendiendo su parcela de poder que quedan incapacitados para gestionar y mejorar nuestra sociedad.