Se acerca el día internacional de la Mujer y muchas y muchos serán los que hablarán de cómo ha mejorado la situación, refiriéndose claro está al espinoso tema de la desigualdad entre sexos. Quedaremos inundados de datos, de declaraciones y de contradeclaraciones cotejadas con opiniones de ciudadanos y ciudadanas - cuanto más polémicas, mejor- que, mostrando o explicando una parte de su vida a las cámaras, permitirán pseudoteorizar sobre el tema.
Se hablará de la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres en nuestro país, de lo que se ha conseguido y lo que queda por conseguir. Se comparará la situación actual con realidades distintas, que se presentarán - si son consideradas mejores que las nuestras- como el objetivo que hay que alcanzar. Y, especialmente, tendremos noticia de todos aquellos lugares donde la situación es mucho peor, para que así los muchos y grandes avances que se han hecho en nuestro país lo parezcan mucho más.
Habrá declaraciones varias y tertulias de todo tipo donde se señalará - puesto que no hay que olvidar que el camino es largo y que, como aquel que dice, sólo se ha empezado- que queda mucho por solucionar.
Todo ello - para que nadie dude de que éste es un tema que preocupa mucho a los dirigentes de este país- acompañado con la publicación en los medios de comunicación, inaugurada ya esta semana, de los proyectos que la Administración pública está preparando para solucionar de un plumazo el mal comportamiento de los ciudadanos. Suerte que existe un día tan señalado, porque a nadie se le escapa que quienes gobiernan suelen poner más ahínco en temas sobre mujeres cuando se acerca el 8 de marzo que el resto del año, aunque afirmen todo lo contrario.
Lo que no se cuestionará - o en todo caso se cuestionará menos- es si realmente estamos afrontando el problema de la mejor manera posible. Todo ello como si estuviéramos en el camino correcto y sólo falte mejorar, como cuando hablamos de carreteras, algunos baches, curvas peligrosas y algún que otro peaje.
A mí no me impresionarán los avances que se puedan presentar, tampoco el discurso de cuanto hemos mejorado ni las cifras que se muestren o presenten. El camino elegido para la igualdad entre sexos, si se mantiene como único - sin otro tipo de políticas y de cambios; fundamentalmente, sin una definición distinta del espacio social-, acabará, como nos muestra ya el análisis de la realidad que vivimos, con una cronificación de las desigualdades entre hombres y mujeres. Que dicho así - en lenguaje oficial- parece nada, pero que si hablamos claro significa que la discriminación que sufrimos las mujeres se mantiene, con rasgos distintos y maquillada, pero permanece. No ha lugar a dudas que la desigualdad y la falta de oportunidades recae sobre nosotras por el mero hecho de ser mujeres. Queda claro a estas alturas que no es un argumento válido decir - aunque lo oiremos estos días- que es porque no trabajamos - entiéndase trabajar fuera de casa- o porque no estamos instruidas. Las cifras son muy claras al respecto, pero el terreno está abonado - muchos dirán culturalmente, como si ésa fuera una excusa válida- para las interpretaciones ambiguas.
En definitiva, escudándonos en que todo es una cuestión de opiniones, transmitiremos una imagen de normalidad, de optimismo, pero no de euforia, porque no se puede bajar la guardia; y mantendremos la esperanza de ir mejorando porcentajes de indicadores de igualdad que se resisten a mejorar a cada año que pasa, porque es evidente que con lo que estamos haciendo y de la manera que lo estamos haciendo, ni las estadísticas pueden arreglarlo.
C. SÁNCHEZ MIRET, socióloga

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