Todos tenemos a la vista, con la furia y el estruendo que se perciben en los periódicos de hoy, las consecuencias de la decisión de invertir veinticuatro millones de euros, procedentes de los presupuestos generales de la comunidad autónoma, en el edificio del Museo de los Premios Príncipe de Asturias, un equipamiento emblemático -como suele decir la patanería reinante- que evidentemente debería ser construido por la Fundación Príncipe de Asturias, puesto que no se trata de albergar colecciones de arte, arqueología o vestigios históricos de interés colectivo, sino de exaltar propagandísticamente las actividades de un ente particular, muy meritorio y de una gran actividad pública, pero ente privado al fin y al cabo. Que la decisión está muy calculada, y que ha creado exactamente la polémica que Vicente Álvarez Areces, responsable de la decisión, quiso crear cuando inició esta maniobra, es algo que se demuestra con los hechos. ¡Dejémonos de pamplinas y de estruendo de palmeros agraciados con plazas de jurado o convites a bufés! Se está utilizando el dinero público, con la pretensión de buscar el efecto que se consigue, que no es otro que el de generar un brutal enfrentamiento localista entre asturianos de Avilés y Oviedo, con toda la intención, algo que perciben hasta los lactantes. Al meter presión a Gabino de Lorenzo en esta polémica (¿puede alguien en su sano jucio sostener que debería haberse mantenido al margen?), Areces, ha puesto dificultades, casi insuperables, a las aspiraciones para la política asturiana que pudiera albargar el alcalde ovetense, al que todo el mundo reconoce, que junto con Francisco Álvarez-Cascos, es el candidato del Partido Popular con más posibilides de desbancar al bipartito PSOE-IU, que ha lanzado a los patéticos líderes de la coalición izquierdista, Francisco Javier García Valledor y Laura González, cuyo programa preconiza la proclamación de la República Federal, a defender con saña la decisión de financiar con el dinero de los impuestos de todos, el sancta sanctorum publicitario de las actividades de la Casa Real en Asturias. ¡Están locos estos romanos!
Objetivos de Areces: terminar con las ambiciones del alcalde ovetense y acabar con las críticas a sus propios desmanes
El lanzamiento de la "Operación Museo", que asi habría que denominarla, se realiza precisamente, por si alguien tiene alguna duda, en el momento en el que Cascos está trasladando a sus incondicionales, en los mentideros de la política en el ámbito madrileño y asturiano, que no se va a presentar, y esto lo hace tras los rumores que surgieron a lo largo de las dos últimas semanas, a partir de la conversación que mantuvo con Ángel Acebes. Gabino de Lorenzo se había desmarcado prudentemente de este debate, ante las insinuaciones de Génova, reforzando las expectativas de Ovidio Sánchez, a la espera de una decisión que se encuentra en puertas, tras la Convención conservadora de este fin de semana. ¿Alguien quiere más claridad? ¿Alguien puede dar un motivo mejor para que Areces -taimado jugador de ajedrez- haya elegido estas fechas para apretar el detonador? Sensu contrario, si Gabino de Lorenzo anunciase ahora su candidatura ¿qué le dirían unánimemente estos pintorescos republicanos, defensores de la monumental inversión de dinero público, en el carísimo stand publicitario de la Monarquía en la Ría de Avilés? ¿Está claro?, ¿no? ¡Localista!, ¡reaccionario!, ¡cavernícola ovetense!, etcétera, etcétera.
Aparte de la primera intención de apartar al alcalde ovetense de cualquier proyecto político regional, Álvarez Areces, consigue enfangar a la opinión publicada, hasta el límite, en el barro de las rancias y estériles disputas estre concejos asturianos, y así logra lo que pretende: que todo el mundo desvíe su atención de los problemas esenciales de nuestra vida pública, como es el caso de la destrucción de la Sindicatura de Cuentas, del gran escándalo que se está viviendo alrededor de la creación de la RTPA, de los desmanes inversores en la Universidad Laboral, de la financiación y falta de proyecto para el Hospital Universitario (¿?) Central de Asturias, del abandono a su suerte del sector del carbón en un momento de alza internacional de los precios, de la destrucción especulativa por las empresas vinculadas al gobierno PSOE-IU de los astilleros de Gijón, de la construcción de una autovía de 500 millones de euros para servicio particular de Victorino Alonso, del escándalo inmobiliario que vive a diario el Principado con la actividad de la dirección general de Vivienda controlada por IU, del "Plan del Gas" y sus innumerables ciclos combinados, de la destrucción urbanística de la costa, de la construcción de la inútil y peligrosa regasificadora de Gijón, del desprecio a los ciudadanos que se oponen a las líneas de alta tensión, del resultado de la actuación incontrolada de empresas como Río Narcea Gold Mines, etcétera, etcétera.
El mayor error lo comete la dirección de la Fundación
El director de la Fundación Príncipe, Graciano García, que no va al Brasil para apartarse de los focos, es hombre de gran influencia en la comunidad autónoma, y en todo el mundo mundial, pues su papel en la Fundación, le permite decidir muchas cosas, como por ejemplo quién asiste y quién no al acto de entrega de los Premios, quiénes están en la cuchipanda masiva que tiene lugar en el Hotel de la Reconquista, quiénes son los elegidos de la "comida fría", a la que acuden en el día de autos los personajes más influyentes de la vida pública y privada; y por si fuera poco, es muy difícil no atribuirle a él, hasta la decisión de quiénes forman parte de los jurados, lo que es tanto, casi, casi, como la propia decisión (evacuadas consultas) de otorgar los premios (al menos muchos de ellos), que se produce como consecuencia de las resoluciones de unos jurados que se parecen bastante poco, en su composición, a quienes componen los sesudos, académicos e indiscutibles jurados de la Fundación Nobel. Mientras el perfil académico de los jurados suecos, que se mantienen en ese ámbito (con las excepciones del premio Nobel de Literatura y del Premio Nobel de la Paz), no crean los problemas políticos que generan las decisiones de los jurados (compuestos por politicos, en algunos casos incunables) de la Fundación, aquí pasa lo que pasa, con premios tan poco razonables como el del deporte, que genera polémicas de la que es una buena muestra la que se creó con la concesión del mismo a Fernando Alonso (con el espectáculo de la querella de los balcones), y que han llevado a darle el Príncipe de Asturias de la Concordia a J K Rowling, porque darle cualquier otro era demasié, algo impensable en unos premios otrogados con criterios académicos, racionales, y no políticos, como demuestra la dimensión de ciertos premiados, en los que se buscó exclusivamente su proyección mediática, y no sus méritos objetivos.
Si la Fundación Príncipe de Asturias actuase realmente como la Nobel, es decir, como la entidad privada que es y debería seguir siendo, esta terrible polémica, que afecta gravísimamente a la entidad organizadora de la convocatoria de los actos públicos más importantes que llevan el título del heredero de la Corona de España, habría sido inimaginable. Como inimaginable es para las personas cultas y ecuánimes, la descabellada idea política de construir en Avilés un enorme edificio vacío de contenido. Como todo el mundo sabe perfectamente, lo que Vicente Álvarez Areces va a recoger al Brasil, es un dibujo de un edificio tan faraónico como hueco, pero que compite, como dibujo, con los skylines de la Universidad Laboral de Jorge Fenández León de Fuengirola o con el costillar a la parrilla de Santiago Calatrava en Oviedo. Esas obras desmesuradas vuelven locos a sus adjudicadores, pero tienen consecuencias contaminantes para los beneficiarios de su construcción. Como dice hoy en Escandalera Urbano Barquín (un socialista y ugetista histórico) desde Avilés, el proyecto de "buque insignia" de la Villa del Adelantado responde a una jugada maestra, "el pacto de Gobierno de Avilés con IU tenía una pata vital: La construcción de un equipamiento cultural de primer orden. En el entreacto del pacto un concejal de IU salta por los aires denunciando que el acuerdo en este punto es paja, pues la incompatibilidad de dos grandes centros en Asturias es total y es indudable que por razones obvias (por especial interés de Jorge León y Tini) el equipamiento va para Gijón", como de hecho sucedió con el proyecto de centro de arte, y ahora en Avilés aplauden todos los políticos republicanos, "incluido el portavoz de IU, el ilustrado y gaitero Rañón que se ha vuelto monárquico de repente". Ahora resulta inevitable que todos hablen de la monarquía, a cuenta de la gran inversión económica que va a realizar el "gobierno plural de la izquierda", PSOE-IU en Avilés.
Los republicanos opinan sobre el stand de la Casa Real en la Ría de Avilés
Nunca como como ahora, tantos republicanos asturianos, habían intervenido públicamente en un debate relacionado con los Premios Príncipe de Asturias, a cuenta del proyecto realizado por el estudio del centenario arquitecto Oscar Niemeyer. Es el caso de Macrino Suárez, el economista que formó parte del gobierno de la República en el exilio, o del Periodista Luis Arias Argüelles-Meres. Ambos dejan constancia hoy de su opinión en La Nueva España, y su republicana expresión, es pertinente, a partir del momento en que sucede lo que tenía que suceder. En semejante contexto, con la resurrección del republicanismo asturiano a cuenta de esta polémica, resulta invevitable darse cuenta de la manera en que Graciano García está pidiendo la ayuda mediática de sus amigos de la profesión periodística de toda la vida, como Juan de Lillo, Faustino F. Álvarez y otros, que añaden más leña al fuego, mientras La Nueva España de hoy recuerda, con muy mala leche (como debe ser, para eso es el periodismo), a propósito de la exposición que se inaugurará el próximo otoño en el Museo de Bellas Artes de Asturias, de obras de la colección del expresidente de la Fundación Príncipe de Asturias, Plácido Arango, que Arango fue el hombre que intentó hacer de la Fundación un ente privado, ajeno a las turbulencias políticas, dotándola de patrimonio propio, a base de aportaciones de los grandes grupos económicos y financieros, aparte de ser el promotor de la primera idea de sede, que nadie como él podría haber puesto en funcionamiento. Pero Plácio Arango le quitaba protagonismo y margen de maniobra a Graciano García y acabó dimitiendo, y ahora nos queda lo que nos queda: una fundación pirvada dedicada a la exaltación de la monarquia, sostenida económicamente por un gobierno compuesto por republicanos federalistas que utilizan el baluarte mediático de la monarquía para solventar sus guerras electorales. Así nos luce la calva.

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