Cambios en beneficio de las víctimas presentes y futuras, de Lawrence C. Moss en El Mundo
Los estados miembros de la ONU tendrán que decidir, en breve, si quieren mejorar las vidas de muchas personas de todo el mundo -de Uzbekistán, de Darfur, de Zimbabue y de Guantánamo- por medio de la creación de un nuevo Consejo de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos que, aun cuando imperfecto, al menos ofrezca alguna esperanza a todas las víctimas de las violaciones de los Derechos Humanos en el mundo. O bien, si lo que prefieren es mantener la antigua y desacreditada Comisión de Derechos Humanos, aún en funcionamiento, mientras continúan negociando sobre la posible creación de un nuevo ente que la reemplace, postura ésta que es la que cuenta con el favor de los EEUU.
Washington tiene razón al quejarse de que el Consejo no podría ofrecer todo cuanto el mundo realmente necesita, pero se equivoca al intentar reabrir las negociaciones. El nuevo Consejo, tal como se ha propuesto, supondrá una serie de mejoras sumamente significativas con respecto a la situación actual, además de mantener y continuar con las iniciativas y prestaciones más eficaces de la antigua Comisión. Estos intentos por renegociar un nuevo acuerdo, diferente del que ya se acordó al cabo de seis meses de duros regateos, supondrían, muy probablemente, no sólo hacer descarrilar la pretendida reforma, sino, también, abrir la puerta a enmiendas de tal calibre que harían que el nuevo Consejo fuera mucho más débil y no más fuerte.
Las críticas que hoy se hacen sobre la Comisión se centran en la presencia, como miembros, de estados que infringen severamente dichos derechos, además de en la politización de los asuntos que en ella se tratan y en la existencia de un doble rasero.Todo lo cual entra en juego siempre que la actual Comisión intenta decidir si debe criticar o no los niveles de observación de los Derechos Humanos en un país específico. Lo que también ha quedado muy claro es que la sesión anual de la Comisión se mostró absolutamente inoperante a la hora de señalar cuáles eran las principales emergencias, en el ámbito de los Derechos Humanos, a las que había que prestar una mayor atención. Sin embargo, todos esos problemas podrían quedar debidamente identificados y resueltos con la nueva propuesta de Consejo.
Y es que, desde hace ya mucho tiempo, la ONU se ha venido sintiendo sumamente incómoda por la pertenencia a la Comisión de estados que los infringen habitualmente, como China, Libia, Sudán, Arabia Saudí y Cuba. Su presencia ha venido entorpeciendo habitualmente el trabajo de la misma, al permitir que los mencionados estados se protegieran, a sí mismos y entre sí, ante cualquier intento de crítica.
En la resolución que ahora se propone se contempla por vez primera el establecimiento de un requisito -que hasta ahora todos los países habían intuido como necesario, pero que nadie se había atrevido a hablar de ello en voz alta- consistente en que habrá de tenerse en consideración, a la hora de admitir a un estado como candidato, los niveles de respeto y de compromiso con los Derechos Humanos de dicho estado. La elección al Consejo ya no la harán, como hasta ahora, los 54 miembros del Consejo Económico y Social, sino que, en su lugar, se requerirá una mayoría absoluta de los 191 estados miembros de la Asamblea General.
Con estos nuevos requisitos, y con la plena atención internacional sobre la elección que implica el hecho de que se celebre en la Asamblea General al completo, quienes apoyen los Derechos Humanos podrán trabajar a favor de la elección de países con niveles de respeto a esos derechos relativamente buenos y bloquear la elección de muchos otros.
También por primera vez, en la actual propuesta se exige que el nuevo Consejo revise periódicamente los niveles de observación de los Derechos Humanos en todos los países. Este requisito supondría hacer frente al problema de los dobles raseros, por cuanto aseguraría que incluso los estados más poderosos -los miembros permanentes del Consejo de Seguridad- también estarían, a partir de ahora, sometidos a un regular y permanente escrutinio.
La sesión anual de la aún existente Comisión -se celebra en primavera- se ha convertido, en ocasiones, en un vociferante combate entre posiciones politizadas, no permitiendo, emprender las acciones oportunas para afrontar cualquier emergencia. De igual manera, la Comisión tampoco ha sido capaz de prestar la atención debida, y de una manera regular y sostenida, a los Derechos Humanos en situaciones que se han venido produciendo en el último año. En cambio, al nuevo Consejo que se pretende formar se le va a exigir que se reúna tres veces al año y durante, al menos, 10 semanas, aparte de que los propios estados miembros estén facultados a convocar sesiones de emergencia con el apoyo de tan sólo un tercio del Consejo.
Pero, además, esta propuesta de creación de un nuevo Consejo mantiene las iniciativas y prestaciones mejores y más eficaces de la Comisión existente. Como, por ejemplo, la de la existencia de informadores especiales que lleven a cabo investigaciones independientes y elaboren los correspondientes informes sobre situaciones en que los Derechos Humanos se vean especialmente afectados. Tal es el caso del llamamiento recientemente hecho a EEUU para que clausure la cárcel de Guantánamo. Asimismo, el nuevo Consejo tendrá la capacidad legal de adoptar resoluciones de condena cuando se produzcan violaciones en países concretos.Por otra parte, las ONG que dedican su trabajo y sus esfuerzos a la aportación de pruebas y evidencias sobre violaciones de Derechos Humanos, seguirán manteniendo su capacidad de acceso, con carácter especial, al nuevo Consejo.
Esta propuesta de un nuevo Consejo es el resultado de toda una serie de delicados compromisos, habiéndose logrado llegar a un cierto acuerdo o consenso tras muchos meses de negociaciones en la ONU. Sin embargo, es muy probable que todo pueda venirse abajo si uno o más países se empeñan en presentar, a estas alturas, nuevas enmiendas.
EEUU afirma que está decidido a apoyar un nuevo ente, mejor aún que el que se propone. Pero, en el caso de que se reabrieran las negociaciones, Cuba, Pakistán y Egipto, todos ellos países que se oponen a que en el actual borrador se incluyan estipulaciones más estrictas, han indicado ya que, en tal caso, intentarían lograr que se contemplaran toda una serie de modificaciones que tan sólo servirían para disminuir o debilitar las capacidades del nuevo ente.
Para las víctimas, o para cuantas personas son vulnerables, lo mejor sería aceptar los significativos avances que se han hecho en la propuesta del nuevo Consejo. Posteriormente, habríamos de seguir trabajando, todos, para que el Consejo funcione eficientemente.Y así, permaneciendo todos en nuestros puestos, luchando con vigor y no abandonando jamás, entre todos lograríamos mantener muy alto el nivel de exigencia y compromiso moral.
Lawrence C. Moss es consejero especial para la reforma de la ONU en la ONG Human Rights Watch.
