Premios Nobel y Premios Príncipe de Asturias: crónicas aldeanas, del Editorial en El Comentario
El Museo de los Premios Nóbel, situado en la capital de Suecia, Estocolmo, podría haberse abierto en cualquier otro lugar, pero lo abrieron al público en Estocolmo, porque las actividades relacionadas con los premios Nobel, tienen lugar en Estocolmo. El Museo Nóbel de Estocolmo, es un pequeño Museo, de dimensión razonable, porque en realidad es la sede permanente de una exposición propagandística itinerante, compuesta fundamentalmente de paneles explicativos y diseños escenográficos, creados para simular ambientes y escenas más o menos didácticas, destinadas a recordar el discreto espectáculo y la “filosofía” de los Nobel, a los escasos turistas que se acerquen a ver este museo. Al final, sus promotores saben perfectamente, como gente sensata que son, y han demostrado serlo a lo largo del tiempo, que un museo sobre unos premios como los Nobel, con todo y con ser bastante más importantes que los Príncipe de Asturias, dan poco de sí a la hora de construir un edificio de esa naturaleza, si de lo que se habla es de sentido común, y no de ese grandonismo aldeano que a veces le da un toque un poco patán a nuestra convocatoria anual del Teatro Campoamor, por lo demás muy loable y meritoria, pero que aún no ha logrado llegar a la elegante calidad con la que desarrollan sus actividades los miembros de la Academia Sueca.
La Fundación Nobel, una institución sensatamente gestionada
La Fundación Nobel es una institución privada que que inició sus actividades en el año 1900, establecida por deseo de su fundador, Alfred Nobel, que gestiona los premios anuales en importantes especialidades del conocimiento humano, como la física, la química o la medicina, así como en ciertas artes como la literatura, e incluso premia anualmente una aspiración de las personas de bien, como es la de la paz que ha de reinar entre los hombres, para que los pueblos progresen con una cierta tranquilidad, cosa que no parece fácil de conseguir, pues el paso de los años no sugiere que nuestra especie alcance tan noble objetivo, a pesar de los premios que anualmente dedican a tan meritorio menester las autoridades y el pueblo sueco, gracias al esfuerzo de aquella fundación privada. Además de estos premios, la Fundación Nobel, es conocida por sus actividades, desarrolladas a lo largo del año, mediante simposios, encuentros y cursos, dedicados a impulsar las áreas de conocimiento que son objeto de los premios anuales, que es de lo que se trata..
Los organizadores de los Nobel, llevan muchos años planeando la construcción de un museo en Estocolmo, y pretendían tenerlo preparado para el centenario de la institución en el pasado año 2001, pero no encontraron la financiación suficiente para desarrollar su proyecto, pese a encontrarse ubicada en la capital de Suecia, y tratarse de los premios científicos y literarios más prestigiosos del planeta, entre otras cosas, porque en el norte de Europa son poco dados a los chanchullos y las merdulancias asociadas a la construcción de edificios desproporcionados y absurdos que caracteriza nuestra manera aldeana y ladrona de entender la política y la vida pública, y buena prueba de ello es que, por poner un ejemplo, en la página web de este Museo y de la Fundación Nobel, figura la relación de empresas y entidades patrocinadoras del mismo, con la claridad con la que deben presentarse estas cosas a los ciudadanos, una claridad a la que aquí estamos muy poco acostumbrados.
En Estocolmo optaron por una sede de exposiciones temporales y una exposición itinerante
Ante la imposibilidad de tener el proyecto listo para el centenario de la institución, la Fundación Nobel se olvidó de crear una iniciativa desmesurada como la que aquí se pretende poner en marcha, y decidió arrendar y lavar la cara de un edificio de mérito arquitectónico, como es la antigua Bolsa de Estocolmo, cuyo alquiler, que supone casi el veinte por ciento del presupuesto anual del museo (lo que da idea de lo razonable y sensato de su gestión), es lo que paga el ayuntamiento de la capital para su mantenimiento.
En el edificio de la Bolsa de Estocolmo, se mostró a los visitantes una exposición itinerante sobre la figura de Alfred Nobel y los premios que llevan su nombre, que en estos momentos se encuentra de gira por el mundo y puede visitarse en la Biblioteca Británica de Londres, tras haber estado en Noruega, Japón, Seul, Houston, Chicago, Kuala Lumpur, Florencia, Nueva York, San Francisco, y después de Londres donde se encuentra ahora, terminará su periplo mundial en Bangalor y Singapur. Esa exposición del centenario, que hoy por hoy es la más importante iniciativa propagandística de la Fundación Nobel, se organizó con un equipo de quince personas, dirigidas por el professor Svante Lindqvist, que es el director del Museo, y está gestionada por una institución independiente denominada Asociación del Museo de la Fundación Nobel, que fue la encargada de gestionar el proyecto, ante la imposibilidad de que la propia fundación se hiciese cargo del mismo, por no estar prevista tal actividad en su institución fundacional.
El Museo de los Premios Nobel no puede albergar permanente una exposición propia, pues cualquier persona cultivada es consciente de que eso ni es posible ni tiene sentido, y por eso se dedica a organizar modestas y razonables exposiciones temporales, como la que desde el pasado 13 de mayo, hasta el próximo 17 de abril, los visitantes pueden contemplar en el Museo. Se trata de una exposición sobre la figura y la trayectoria de Albert Einstein (premio Nobel 1919), que hace especial hincapié en la vida del científico entre los años 1905 y 1925, una época muy especial del joven Einstein en la que según nos explica la documentación de la exposición, el joven investigador se hizo un nombre en la comunidad científica internacional.
Aquí somos la madre que nos parió
Aquí en Asturias somos demasiado insensatos, y aparentemente nos sobra la pasta, y los gestores de la Fundación Príncipe de Asturias, acostumbrados a vivir sostenidos con el dinero público con poca tasa, no parecen contemplar su propio centenario, con la mesura propia de quien se gasta el dinero de la comunidad, pero conocen bien las debilidades de unas autoridades políticas obsesionadas con los pretextos para construir grandes edificios que se conciben como inversiones gigantescas, sin relación alguna con sus posibles contenidos. Todas las personas informadas saben que la Fundación Príncipe de Asturias no cuenta con un proyecto de Museo, sino con un proyecto de edificio, donado por el estudio del nonagenario arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, que esta semana que viene será donado al Principado de Asturias, en otro loco acto a celebrar en el Brasil, en el que los coros y danzas de la munífica institución premiadora, celebrarán, junto con la corte celestial del Presidente Vicente, la donación de los papelotes sobre los que se hará una obra desproporcionada para albergar un contenido inexistente.
La decisión del gobierno de anunciar unilateralmente la construcción de este vacío contenedor en la Ría de Avilés, se ha utilizado, tal y como anunciamos aquí, para desatar las iras y las furias localistas, viejo entretenimiento muy útil para distraer la atención de la gente de lo principal, que es el cómo y el por qué de las decisiones de unos políticos que sólo piensan en adjudicar obra pública a lo bestia, a tanto el metro, sin pensar qué es lo que se hace luego con los edificios que siembran nuestra geografía de construcciones inútiles (¿cuántos años lleva cerrado, por poner un ejemplo entre cientos, el "centro de interpetación" de Peña-Tu?), vacías de contenido, pensadas única y exclusivamente para su adjudicación, y luego a correr. El espectáculo que estamos dando es pueblerino, lamentable y carente de cualquier sustancia, pues montar esta bronca, a cuenta de una obra de varios miles de millones de pesetas, sin que nadie tenga ni la menor idea de lo que se puede llegar a hacer dentro, define bien a las claras el ínfimo nivel en el que se desenvuelve nuestra vida pública.
