El alcalde de Oviedo acaba de declarar, tras la decisión de la Fundación Príncipe de Asturias de llevar el museo de los premios a la vecina Avilés, que "no se puede jugar con los sentimientos de una ciudad", y que "no vamos a permitir que humillen a la ciudad de Oviedo", añadiendo en un tono de explícita amenaza que "si lo intentan, van a pagar un precio muy alto por ello". Para huevos frescos los de Atilano. Manda madre!.

Yo es que no doy crédito a ese cuadro de amnesia selectiva que padecen determinados políticos de profesión. Los sentimientos de la ciudad de Oviedo, es decir, de sus habitantes, son ahora importantísimos para el alcalde Gabino. Hace tres años, sin embargo, dio muestras inequívocas de que los sentimientos de una gran parte de la ciudadanía ovetense, reunida en torno a la supervivencia del equipo histórico de la capital, le importaban un carajo.

HIZO LO POSIBLE y lo imposible, frente a las protestas de la afición oviedista, por ahogar al moribundo equipo, interrumpiendo todo tipo de ayudas económicas que eran vitales para salir de la angustiosa situación. Se inventó un artefacto deportivo, tomando como conejillo de indias a un equipo entrañable de los barrios ovetenses, el Astur, creando un frankestein que fue dejando sus vendas por el camino, y dejándolo literalmente abandonado a su suerte cuando el moribundo Real Oviedo inició su larga convalecencia con el ascenso a Segunda división B. Qué pasó entonces con los sentimientos de los ovetenses, admirado alcalde?

Pero es que los sentimientos de los ovetenses no se limitan a que la sede de un museo de los premios Príncipe de Asturias, vaya a Teatinos o a otra ciudad hermana que está a dieciséis minutos de la calle Uría, no.

Los sentimientos de muchos ovetenses (yo no hablo nunca de todos los ovetenses, como hace este equipo de gobierno, porque me deprime la demagogia), también sufren y padecen con los destrozos urbanísticos de la ciudad, con la descatalogación y posterior demolición de edificios singulares, con la recalificación de suelos, con la improvisación en la planificación y desarrollo de la ciudad, con una política cultural que ni siquiera respeta los tiempos del calendario cristiano para cambiar a su antojo las fechas del carnaval (ahí lo tenemos en las calles, en plena cuaresma, sin que, por cierto, haya habido advertencia alguna por parte de la Iglesia diocesana al respecto), con una gestión cultural que suspende una modestísima subvención de un millón de pesetas anuales a la cátedra Feijoo, fundada hace cincuenta años por el propio ayuntamiento de Oviedo, siendo alcalde Ignacio Alonso de Nora, bajo la coartada de que no hay dinero para tantas subvenciones como se piden, y sin embargo se va a gastar una fortuna en producir películas para promocionar la ciudad ( ?), curiosamente con el fin de estrenarlas en plena campaña electoral.

Pero, y la ampliación del Museo de Bellas Artes?, y la ampliación del Archivo Histórico?, y la renovación total del Museo Arqueológico?, y las obras de restauración de los Pilares?, y Priorio?, y Santa María del Naranco? Otra vez, la amnesia. Vaya, vaya, con los despistes y olvidos del alcalde.

Por otra parte, respeto el criterio de esos veinticuatro ovetenses que en uso de su libertad de opinión, escriben un manifiesto defendiendo la ubicación del museo en Oviedo, pero no comparto en absoluto sus argumentos, expuestos en una breve introducción y siete puntos.