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3 Marzo 2006

Causas y efectos de una subida anunciada, de Juan Carlos Martínez Lázaro en Cinco Días

El BCE subió ayer los tipos de interés un cuarto de punto, hasta el 2,50%. El autor analiza las razones que han llevado a la autoridad monetaria a tomar esta decisión y analiza las consecuencias que de ella pueden derivar, tanto para España como para el resto de la zona euro

Tal y como la mayoría de los analistas había previsto, el consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) decidió ayer elevar los tipos de interés en 25 puntos básicos, para situarlos en el 2,5%. Tras esta subida, el diferencial con los tipos en EE UU, que la Reserva Federal mantiene en el 4,5%, se acorta hasta los dos puntos.

La medida encuentra su justificación en primer lugar, en el aumento de las tasas de inflación en Europa, debido fundamentalmente a la constante elevación de los precios del crudo. Esta misma semana Eurostat avanzaba, que en febrero, la inflación alcanzaba el 2,3% en la zona euro, por encima del objetivo del 2% que marca el BCE. Y aunque muchos analistas pronostican que el precio del petróleo ha tocado techo, hay incertidumbres geopolíticas que pueden provocar que todavía siga subiendo.

Especialmente preocupan la manera en que se pueda resolver el conflicto provocado por la decisión iraní de continuar con el desarrollo de su programa nuclear, y la evolución de los acontecimientos en Oriente Próximo, una vez que Hamás se haga con el control de la Autoridad Palestina.

Pero aunque el precio del crudo se mantuviera estable, más preocupantes son los llamados efectos de segunda ronda, es decir, que el encarecimiento de la energía, produzca elevaciones en el precio de otros bienes y servicios, que se acaben trasladando a los salarios.

En segundo lugar, hay indicios de que la maltrecha situación que atraviesan las principales economías europeas, puede estar tocando a su fin, y que podríamos estar ante el inicio de un periodo de recuperación. En esta línea, algunos indicadores publicados en los últimos días así parecen atestiguarlo. Si estas expectativas se confirmaran, no sería tan acuciante la necesidad de mantener una política monetaria tan expansiva. Pero todavía está por ver si la economía europea ha iniciado la senda de la recuperación. Los frustrantes resultados del último trimestre de 2005 y la ausencia de reformas estructurales, no son un buen augurio en ese sentido.

Por último, el crecimiento experimentado por el crédito en los últimos meses, que amenaza con provocar una burbuja inmobiliaria en algunos países, también ha pesado mucho en la decisión del BCE. Y España es una buena muestra de ello. A pesar de que se aprecia una desaceleración en el crecimiento del precio de la vivienda, las tasas de endeudamiento de las familias españolas siguen aumentando.

A pesar de que la subida acordada por la autoridad monetaria europea ha sido moderada, y por tanto sus efectos no serán muy importantes, quizá lo peor esté aún por llegar. Parece haber un consenso claro en que al final de año los tipos podrían situarse en el 3%, o incluso llegar al 3,5%, en función de como evolucionen las variables antes comentadas. Y lo que cabe preguntarse ahora es qué consecuencias podría tener este encarecimiento del precio del dinero.

La primera es que las familias que tengan un crédito a tipo de interés variable verán aumentar sus costes financieros, lo que provocará una disminución de sus tasas de consumo, o de ahorro. Además, el encarecimiento de la financiación, debería seguir moderando el crecimiento del precio de la vivienda en los próximos meses, hasta alcanzar unas tasas más razonables. También las empresas notarán sus efectos, al ver como se encarecen sus costes financieros. En suma, el consumo, la inversión y por tanto el crecimiento económico se pueden resentir.

Por tanto la incógnita es saber hasta que punto esta política puede ayudar a controlar la inflación, sin que afecte a la recuperación de la economía europea. Y la respuesta no es fácil, porque las tasas de inflación y de crecimiento no son homogéneas en la zona euro. Mientras que España no presenta problemas de crecimiento y sí de inflación, Alemania, Italia o Francia, tienen más controlados sus precios, pero sus economías están estancadas. Por tanto, a primera vista, todo parece indicar que esta medida beneficia más a nuestra economía que a otras cuyo problema es la falta de dinamismo.

Pero no todo es tan fácil. Sin la recuperación de las economías centrales de la Unión, España tendrá muy difícil reducir el que, en mi opinión, es su principal desequilibrio: el déficit exterior. Porque aunque la moderación de nuestros ritmos de crecimiento conllevase una disminución de nuestras importaciones, para que nuestras exportaciones aumenten, hoy por hoy es absolutamente necesario que nuestros principales socios vuelvan a crecer. Sin su concurso, será muy difícil que, a corto plazo, consigamos reducir nuestro déficit comercial.

Juan Carlos Martínez Lázaro. Profesor del Instituto de Empresa (IE)

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