Grafitos que ensucian las paredes. Contenedores incendiados. Papeleras rotas. Coches mal aparcados que impiden el paso de los transeúntes por las aceras. Gritos y ruidos a horas intempestivas que alteran el descanso de los vecinos. Plantas y flores destrozadas porque alguien ha pisado una zona verde... Éstos son algunos ejemplos de las muchas quejas que los vecinos nos hacen llegar a los responsables municipales, especialmente a los alcaldes. Nos piden, con mucha razón, que impidamos la falta de civismo de otros conciudadanos, que, aunque son minoría, provocan una distorsión en la convivencia pacífica que caracteriza al conjunto de las relaciones sociales. Reclaman justamente el final de estos actos de incivismo que rompen la convivencia en pueblos y ciudades.
Los 27 años de ayuntamientos democráticos han ayudado de forma determinante a la creación de unos valores en nuestras sociedades para favorecer la convivencia pacífica, pero es cierto que existe una minoría que parece carecer de ellos. Quizá la clave de esta aparente falta de espíritu ciudadano de unos pocos esté en la necesidad de recuperar la ética civil republicana, una ética que en el franquismo quedó secuestrada porque la dictadura no contemplaba la existencia de ciudadanos, sino de súbditos, como apunta en la ponencia La ciudad y el civismo, el director de la Fundació Ferrer i Guàrdia, el historiador Jordi Serrano.
En los últimos años se han creado ordenanzas específicas y se han llevado a cabo campañas informativas y de fomento de la convivencia, pero por desgracia no bastan para asegurar la convivencia y el civismo. Las entidades ciudadanas, la sociedad civil organizada y el conjunto de la ciudadanía tienen una responsabilidad compartida para asegurar la convivencia pacífica. Más allá de las legítimas reivindicaciones territoriales o temáticas, todos estos sectores de nuestras ciudades y pueblos deben asumir también el compromiso de trabajar junto con las instituciones para la convivencia y el civismo.
SIN ESTE trabajo conjunto será difícil hallar vías de solución a los conflictos que en determinadas circunstancias genera el uso del espacio público por parte de unas minorías. Desde el mundo municipal, creemos firmemente que mediante la cooperación y la concertación podremos hallar el camino para que la convivencia y el civismo sean la característica habitual de las relaciones vecinales y ciudadanas en la sociedad catalana. Sin el apoyo de la familia, las escuelas, las entidades culturales o deportivas, sindicales, del mundo académico, del conjunto de la sociedad civil, los ayuntamientos no podemos llevar adelante en solitario una labor que es de todos.
No quiero decir con esto que declinemos nuestras responsabilidades. Todo lo contrario, en estos años de ayuntamientos democráticos, los gobiernos locales hemos asumido cada vez más competencias que no nos corresponden: desde la construcción de escuelas infantiles y la formación profesional y ocupacional hasta ofrecer servicios sociales especializados o construir viviendas de promoción pública. Y lo hemos llevado a cabo sin los recursos económicos necesarios, pero con la responsabilidad y la convicción de que hay que dar respuesta a las nuevas demandas sociales que surgen, así como trabajar para la mejora de la vida de nuestros vecinos.
Pero ahora nos encontramos con una de esas nuevas necesidades, con la diferencia de que lo que se nos pedía no es construir nuevas escuelas infantiles o hacer más pisos sociales. No es una cuestión de ladrillos, como diríamos en lenguaje coloquial, sino de comportamientos cívicos. Y en este caso, los ayuntamientos no podemos actuar en solitario. Es completamente necesaria la imprescindible implicación de todo el mundo, desde las administraciones supralocales hasta el conjunto de la sociedad, incluidos los medios de comunicación, que tienen una gran capacidad de penetración en nuestros hogares.
PARA AFRONTAR este nuevo reto social, los ayuntamientos proponemos un pacto de convivencia. Nuestra meta es que los gobiernos locales, el Govern de Catalunya y la más amplia representación de la sociedad civil catalana trabajemos conjuntamente en la mejora de las relaciones de convivencia y civismo de nuestro país. Así lo debatiremos en la asamblea general de la Federació de Municipis de Catalunya, que celebraremos mañana, 3 de marzo.
Es pues el momento del consenso y del trabajo conjunto en este Pacte por la Convivencia al que invito a participar a todo el mundo. Porque, sin el menor tipo de duda, también resulta una responsabilidad de cada uno de los ciudadanos de Catalunya. La inmensa mayoría defendemos los valores y la convivencia responsable, y esta inmensa mayoría debe ser la protagonista del presente y el futuro de nuestra sociedad.
MANUEL Bustos. Presidente de la Federació de Municipis de Catalunya y alcalde de Sabadell por el Partit dels Socialistes de Catalunya.

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