Me bombardean algunos amigos con correos y llamadas reclamando mi atención sobre las supuestas incongruencias que rodean la espantá de Florentino Pérez del palco del Real, y las reales y secretas razones que han llevado al ser superior a tan drástica decisión así, de repente, cuando hace menos de una semana, después de haber perdido en casa frente al Arsenal, aseguraba en Onda Cero que “a día hoy, claro que volvería a presentarme” [a unas nuevas elecciones], rematando la faena con un “sólo me iré cuando vea que no es compatible este puesto con el de la empresa que dirijo”.

Ahí le duele. Por ahí van buena parte de los mensajes que dirigen mis amigos comunicantes, apuntando la posibilidad de que los poderosos jefes de don Florentino, la familia March y los primos Albertos, se hayan plantado con un hasta aquí llegó la marea del Real Madrid, forzándole a elegir de una vez entre la gestión de ACS y la presidencia del Madrid.

Ni Albertos ni March se han sentido nunca especialmente complacidos con la situación de un Floro obligado a dedicarle, sarna con gusto no pica, buena parte de su tiempo a un puesto de tanta representación como la presidencia del Real Madrid. Tanto los primos como los hermanos han transigido de mala gana con la situación, y ello porque las cifras de ACS, francamente buenas, no daban pie a una reacción formal en sentido contrario.

Pero las cosas pueden haber empezado a cambiar. Algunos rumores que circulan por Madrid desde hace tiempo hablan de un enfriamiento de las relaciones con los March, poco proclives los riquísimos hermanos a la súbita notoriedad de su antiguo empleado, enfriamiento que sería más reciente, y también más intenso, en el caso de los Albertos, por culpa del episodio de la falsa carta exculpatoria descubierta en el buzón de Gloria Álvarez, ya saben, caso Urbanor, un feo asunto en el que también Floro se ha visto implicado.

Los primos viven estos días sobre ascuas, en impaciente espera del fallo del Tribunal Constitucional, a punto de producirse, sobre el recurso de amparo por ellos presentado contra la sentencia del Supremo que les condenó por estafa y falsedad documental precisamente en el caso Urbanor. Si dicho fallo fuera favorable, lo que gracias a la intercesión del Rey Juan Carlos dan por descontado, ello supondría el final de exilio interior que ambos personajes, prácticamente desaparecidos de la vida social, se han impuestos por culpa de esa mancha judicial.

La primera consecuencia de ese fallo favorable sería una mayor implicación de los Albertos, sin descartar la propiamente gerencial, en ACS. ¿Peligra la cabeza de Florentino? No son pocos los que han visto en su carrera desmedida por comprar títulos de ACS, con financiación del Santander y pignoración de las propias acciones, el intento de Floro de reforzar su posición en la presidencia de la constructora.

Aunque los primos reconocen una presencia muy inferior, las lenguas de doble filo insisten en que su participación en la constructora roza ahora mismo el 18%, porcentaje en el que habría que incluir una parte propiedad de Isidoro Álvarez y Florencio Lasaga, los capos de El Corte Inglés, acostumbrados a ir a pachas con los primos en cuestión de negocios. ¿Los Albertos arremangándose a estas alturas para ponerse a gestionar ACS? Pudiera ser que no, cierto, pero siempre podrían hacerlo por persona interpuesta, que ahí está su fiel Javier Monzón para lo que resulte menester.

Para enmarcar lo dicho, me parece pertinente reproducir aquí los brillantes tres últimos párrafos de la columna que nuestro colaborador Sherman McCoy incluía este lunes en su Valor Añadido: “La gestión de ACS encierra bastantes similitudes con lo que ha ocurrido en el Real Madrid (...) Las tres máximas se podrían traducir en: lo importante es crear valor para los accionistas de referencia; para crear valor no nos podemos quedar como una mera constructora, hay que coger las oportunidades al vuelo (Dragados, Abertis, Unión Fenosa [¿con Cepsa en la recámara, de nuevo con dinerito facilitado por el amigo Sáenz?]); no importa el precio pagado ni si hay valor, lo que importa es el cambio de perfil de la compañía y el saber comunicarlo al mercado”.

“Resultado de todo ello es que, a día de hoy, la parte constructora supone apenas un 15% del enterprise value de ACS”, prosigue McCoy; “que la compañía tiene una de las mayores carteras de concesiones de España, y que ha dado la vuelta a su negocio al apostar por una Unión Fenosa que ya aporta el 25% de su valoración. El cambio estratégico parece notable. La pregunta es: ¿Qué valor adicional puede aportar Fenosa a 33 euros? ¿Qué rentabilidad puede ofrecer Abertis a los precios a los que ha ido comprando si repuntan los tipos a largo? ¿Puede aguantar la parte de obra civil las bajas que se están ofertando en el mercado superiores, en algunos casos, al 30%?”

“ACS, gracias a Florentino, se ha convertido en una constelación de galácticos por los que se ha pagado un sobreprecio y cuya integración parece requerir de buenas dosis de imaginación. De momento, el viento sopla de cola y el engranaje no chirría. Como en sus primeros años en el Madrid. A ACS le queda la parte más difícil del camino. Esperemos que Florentino no caiga en los mismos errores”. ¿Ha abandonado, en suma, el señor Pérez la presidencia del Madrid para salvar la de ACS? El tiempo lo dirá.