El magistrado Baltasar Garzón, Juez Campeador donde los haya, no pasa por ser un hombre al que le guste el anonimato. De él se ha dicho que ha buscado tanto un Nóbel de la Paz como un Oscar de Hollywood, y es que sus instrucciones, sus sumarios, se encuentran a medio camino entre un sesudo ensayo político-social y una superproducción al más puro estilo de la Meca del Cine.
Su exilio norteamericano dejó a la Audiencia Nacional sin las excentricidades del juez estrella, de ahí que su vuelta al escenario del drama nacional se haya producido a lo grande, con libro de los que obligan a hacer bolos por todos los centros de El Corte Inglés y con presencia incluida de políticos de renombre.
Bueno, no todos, porque de eso va la cuestión. El regreso del Juez Campeador debía estar rodeado de personalidades tanto del Gobierno como de la oposición. La cosa iba a ser así hasta que, en el último momento, el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, comunicó, muy diplomáticamente, eso sí, que razones de última hora le impedían asistir al acto.
Más o menos lo mismo que dijo el secretario de Estado de Interior, Antonio Camacho, para justificar su ausencia. La que sí hizo acto de presencia, entre otras cosas porque aparece en el libro titulado La lucha contra el terrorismo y sus límites, fue la europarlamentaria socialista, Rosa Díez. Ella, el periodista Luis del Olmo y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, fueron los encargados de glosar el pasado día 25 las excelencias del magistrado estrella de la Audiencia Nacional, el azote de los terroristas, el último baluarte del Estado de Derecho.
Dicen las malas lenguas, que la no asistencia a última hora de Moratinos y Camacho pudo tener algo que ver con ciertas llamadas previas del secretario de Organización del PSOE. Se habla, incluso, de que Pepiño Blanco intentó impedir la asistencia de Rosa Díez. Aun así, hay quien se pregunta, no sin cierta sorna, cómo va a ser posible que un secretario de Organización de un partido político le impida la asistencia a un acto a todo un señor ministro de Exteriores. Cosas veredes...
De ahí a los rumores sobre los guiños del juez Garzón al PP, media un paso, pero la coincidencia de mensajes en el mismo acto entre el magistrado y el líder de la oposición e, incluso, la europarlamentaria socialista que por esos días escribía una carta abierta a Zapatero, que cayó como una bomba en la sede de Ferraz, hace pensar que las críticas del Juez Campeador a la política antiterrorista de Zetapé tienen mar de fondo.
Los guiños de Garzón a la política no son nuevos. En tiempos de Felipe González tuvo una mala experiencia, aunque quizás fuera peor experiencia la del propio González una vez que el magistrado, herido en su orgullo, puso en marcha el sumario de los GAL. Luego vinieron dos legislaturas del PP en las que Garzón se convirtió en el brazo armado de la Justicia contra ETA, hasta el punto de lograr notoriedad internacional, con eso y con su intento frustrado de llevar a la cárcel al mismísimo Pinochet.
La vuelta del PSOE al Gobierno le hizo abrigar esperanzas de una nueva luna de miel con el socialismo patrio, y sus acercamientos fueron apadrinados por el Grupo Prisa, que le cedió espacios gratuitos en las páginas de El País. Pero vio que nada llegaba en forma de ofrecimiento y la adulación se volvió crítica, hasta el punto de que, desde hace unas semanas, ha dejado de tener tribuna en el diario independiente de la mañana.
Es más, el portaviones del grupo de don Jesús del Gran Poder no ha dudado en glorificar las excelencias de las memorias de José Amedo, escritas a mayor denigración de Pedro J. Ramírez y, sobre todo, del Juez Campeador. Así que, pensar que Garzón pueda estar intentando un triple salto mortal que le lleve, por poner un ejemplo, a encabezar alguna lista electoral del PP no parece descabellado... ¿O sí?

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